domingo 1/8/21

Para la banca, reconstruir son miles de despidos

Hay multitud de ocasiones en que aseveramos que lo que está por venir, económica y socialmente hablando, va a ser muy duro. Pues bien, con la banca y sus despidos ya no cabe duda. La intención de eliminar 20.000 empleos en el sector es una auténtica barrabasada, no solo por la cuantía, sino por el efecto dominó que tan pésimo ejemplo pueda crear en otros tantos sectores productivos, que decidan coger el mismo camino a la hora de aumentar beneficios y recortar costes y servicios.

El antónimo de reconstruir es destruir, que es lo que anuncia la banca española con el despido de miles de sus trabajadores. En las dos últimas grandes crisis económicas, la de 2008 y esta del Covid, no se puede decir precisamente que las entidades financieras nacionales hayan estado a la altura de las circunstancias. El rescate bancario español de la primera gran depresión económica de este siglo costó al Estado, ósea a todos, la mareante cifra de 77.000 millones de euros. Ahora, cuando estamos hablando de ERTE, reconstrucción, llegada de fondos europeos para apoyar a todos los sectores productivos dañados por el coronavirus, asistimos a una hemorragia de despidos entre las principales marcas bancarias. Se quiere justificar con pérdidas, fusiones entre entidades, cambio en el modelo de negocio, digitalización y lo que ellos quieran. Pero el resultado es demoledor, desmoralizador y, sobre todo, muy contagioso, ya que genera esta gran preocupación: ¿si la banca hace esto, que no harán los demás?

El cuadro que anuncia las cartas de despido es aterrador. CaixaBank: 8.291, BBVA: 3.798, el Santander ya lo hizo antes con  3.572, el Sabadell: 1.875 empleos en el aire, Ibercaja con 750 salidas, y Unicaja-Liberbank, que toca directamente a Cantabria pero que aún está por definir, se habla de entre 1.000 y 2.000 trabajadores. 

“Se quiere justificar con pérdidas, fusiones, cambio modelo de negocio, digitalización y lo que quieran, ¿si la banca hace esto, que no harán los demás?"

En España siempre ha dado pavor un despido masivo, fuera lo que fuera. Respirábamos tranquilos porque este tipo de noticias se podían dar en Estados Unidos, Inglaterra o Francia, pero no aquí. De repente, nos encontramos con estas alocadas cifras, que conllevan también la desaparición de miles de oficinas bancarias en todas partes, pero mucho me temo que el mundo rural va a sufrir un mayor abandono al acostumbrado, ahora que se habla tanto, y tan poco se hace, sobre el despoblamiento del campo. Con crisis o sin crisis, con fusiones o sin ellas, la simple digitalización hubiera acarreado mucho daño. Si los clientes nos lo tenemos que hacer todo en los cajeros, sin que nadie nos atienda o nos guie, ¿para qué necesitan empleados las entidades? Por lo tanto, esto se veía venir, pero luego es que se han encontrado con otros aliados imprevistos para explicar las barrabasadas de despidos, como son el Covid-19, las pérdidas económicas y las consiguientes fusiones.  

Esto último, la pandemia, es una excusa baladí, porque el comercio, los negocios, el dinero, los recibos, pagos y gestiones de lo más diverso siempre van a existir para los bancos. La cuestión es otra muy distinta, la de siempre: tener más beneficios al mínimo coste posible. Pero, claro, esto conlleva dejar de prestar muchos servicios y empezar a cobrar por todo, que es lo que ya estamos padeciendo los clientes. Valoro que el Gobierno de España haya reaccionado a estas pretensiones de despidos, porque de lo contrario la gente puede empezar a no creerse ni reconstrucción, ni recuperación, ni vuelta a la normalidad, ni nada de nada. 

Ya les adelanto que esta depreciación del servicio bancario va a alentar un debate que ya se tenía que haber dado sobre lo que aportamos los clientes y, a cambio, recibimos. Los bancos se han instalado en los móviles, con las famosas App de todo. Ya puedes pagar cualquier cosa con el móvil, e igualmente en cualquier punto de la geografía nacional o exterior. Con la tecnología pasa como con todo, hay que saber hasta dónde se puede llegar para no excluir a nadie. Antes hablábamos de analfabetos por falta de educación (e incluso con ella) y hoy lo hacemos en cuanto a la digitalización. Ocurrió igual con Internet, para que todo el mundo pudiera acceder y con unos conocimientos básicos (Ciudades Digitales). Pero es que en España se impone esta digitalización tal cual, sin aviso previo, ni mucho menos instrucciones o una formación mínima al respecto. Es algo que hace mirar a nuestros mayores, a todos aquellos que les gusta más lo de antes que lo de ahora (poner al día la cartilla en la sucursal de tu banco, en tu barrio). Aunque hay muchos más grupos sociales, además de la tercera edad, sensibles de quedarse atrás dentro de tanta modernización de hacerlo todo a través del móvil, la tablet o el ordenador

“Valoro que el Gobierno haya reaccionado, porque la gente puede empezar a no creerse ni recuperación, ni vuelta a la normalidad, ni nada” 

Es evidente que los tiempos cambian, y que debería ser para ir a mejor. No es el caso actual, por muchas razones y daños colaterales. Desde luego, lo que no debería implicar la tecnología es ir para atrás, provocado por perder servicios, atención personalizada y, lo más importante, mantenimiento del empleo, cosa que no sucede en la banca, algo que muchos nunca llegamos siquiera a imaginar, por la seguridad que ofrecía trabajar en un banco o caja de ahorros. La famosa digitalización ha demostrado lo equivocados que estábamos. ¿Qué será lo siguiente? 


 

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