domingo. 14.04.2024

30 años, mileurista, viviendo con los padres, y sin perspectivas

Cuando hay verdadero interés por solucionar algo, se logra aquí y en la Conchinchina. Nuestros jóvenes no pueden emanciparse. No ganan lo suficiente ni para alquilarse un piso compartido. Ya de gastos generales de la casa, ni hablemos. Papá y mamá son el asa a la que sujetarse. Y no está mal, salvo porque los Gobiernos gastan el dinero en proyectos estrafalarios, sin centrarse en lo auténticamente social, como que las nuevas generaciones vean mejoras con respecto a las anteriores. En el caso español, emanciparse está en manos de echar la Bonoloto o Primitiva. Es lo que tan solo pueden permitirse muchos jóvenes: soñar.

Al hacer conversación de calle, hoy quizás sean momentos en los que nos centramos más en la decepción que supone en España el discurrir político, pero, defraudar, lo que se dice a la hora de defraudar, nada es comparable al sin futuro que ronda a nuestros jóvenes, tanto por las condiciones de sus contratos como por los salarios que les proponen y aceptan a regañadientes.

Todo va fenomenal en este país. Así se cuenta mayormente, pero hay hechos y datos que no encajan dentro de este falso relato. Para mí, el principal, es que los jóvenes españoles se emancipan a los 30,3 años de media, mientras que en el resto de Europa la cifra baja hasta los 26,4 años. Y son datos del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España. Si a los treinta años afrontas tan lamentable coyuntura, no queramos pensar en la fijeza de un trabajo, y formar parte de la base de datos de la Seguridad Social, hasta llegar un día en que percibir una pensión.

En nuestro caso, jóvenes preparados chocan frontalmente con contratos muy precarios, tanto por su duración, como por el sueldo neto a percibir mensualmente. Están metidos de lleno en un mileurismo que no les da ni para alquilar un piso, mucho menos meterse en la compra de vivienda, ¡imposible para ellos!, pero es que, con el coste de los alimentos y las energías, tampoco les da para sufragar con mil euros todo lo que necesitan para mantenerse un mes, hasta el próximo sueldo. La confianza del Gobierno en los jóvenes es cero. La decisión de actuar en contra de sueldos y contratos tan parcos es nula. Y la creación de ayudas por parte de las diferentes Administraciones para sufragar alquileres es tan solo un mal parche, para no dar a la juventud española la misma oportunidad que antes tuvieron sus padres y abuelos.

Ayudas por parte de las Administraciones para sufragar alquileres es un parche, para no dar a la juventud la oportunidad que tuvieron sus padres

Es ya hora de decirles la verdad sobre los planes ocultos, ya que no están reconocidos, de no asegurarles las debidas oportunidades en sueldos y estabilidad laboral, para que puedan primeramente emanciparse de sus padres, y algún día acceder a la compra de una vivienda con la debida confianza de Gobiernos y bancos en ofrecer hipotecas asequibles. Les hemos hecho también mucho daño por lo conformistas que se han vuelto. No luchan por casi nada, de ahí la mala sensación que pueden llegar a dar en determinados momentos de cara a las malas opiniones que muchos mayores tienen sobre su manera de actuar. Creo que se equivocan. Todos no somos iguales, ni falta que hace, y hay muchos jóvenes que trabajan formidablemente, pero se están sintiendo, mes tras mes, infravalorados por sus empresas (asegurar los puestos de trabajo, ascensos) y, especialmente, pagar mejor.

En la actualidad no deja de ser chocante, al menos en Cantabria, la amplia oferta de empleos existentes, y además en todos los campos. Pedir requisitos, se piden muchos. No digamos experiencia, con un mínimo de dos años. Pero cuando llegas a las condiciones que han de hablar del tipo de contrato y del salario, aquí la cosa ya no se redacta con transparencia. Por eso hay que tener mucho cuidado cuando se critica que hay trabajo, pero no se cubre. Habrá más causas, no lo dudo. Aunque lo de los malos salarios y contratos precarios deben ser razones también a engrosar en el poco o nulo interés que los jóvenes tienen por cubrir determinados trabajos.

Por supuesto que los jóvenes quieren trabajar, porque saben que es la primera condición a cumplimentar de cara a su emancipación de vivir con sus padres. También pueden irse a un piso compartido por otros que están en la misma situación, pero dado lo caro que está todo en España no parece que vaya a romperse nunca la dependencia hacia la casa familiar, donde llevar y recoger la ropa lavada o planchada o, lo más habitual, comer en casa de mamá, y de paso llevarte unos cuantos tapers con lentejas, macarrones o albóndigas.

En los últimos 20 años estamos inmersos en España en la desunión total. Jóvenes, vivienda, alquiler, sueldos, proyección, no están en las agendas

Las noticias diarias que acontecen en España son muchas y variadas, pero casi ninguna va al meollo de sacar a la luz, y denunciar cuantas veces sea necesarias, las auténticas demandas ciudadanas. Esto de superar con creces los 30 años y, pese a trabajar, incluso tu pareja, no poder emanciparse, es de traca. En los últimos 20 años estamos inmersos en España en la desunión total. Son los enfrentamientos políticos los que se llevan los grandes titulares. Ahondar en problemas sociales, que van a ir a peor, no interesa. Jóvenes, vivienda, alquiler, sueldos, proyección, no están verdaderamente en las agendas. Y si se llevan a cabo iniciativas, desde luego no están a la altura de las verdaderas condiciones favorables que nuestros jóvenes necesitan a la hora de irse de casa de sus padres y emprender su propia vida. Nada más y nada menos que lo que hemos hecho antes otros. ¿Por qué a ellos se les niega el mismo derecho? Porque de la gigantesca deuda que tiene España y de los gastos desproporcionados que conlleva una política sin el debido control presupuestario central (“el dinero público no es de nadie”) los paganos son los jóvenes trabajadores y las condiciones en las que llevan a cabo su trabajo, que nada tienen que ver con las mejoras salariales y laborales de anteriores generaciones. Esto es lo realmente trágico. Alardear de un país rico, cuya economía va como una moto de carreras, mientras alguien que trabaja y tiene 30 años, no sabe si tendrá que vivir de por vida con sus padres, hasta que se jubile, algo esto último que también, para ellos, está en el aire.

 

 

 

30 años, mileurista, viviendo con los padres, y sin perspectivas
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