jueves 17/6/21

El año que nos cambió la vida

La pérdida de vidas y la amenaza para la salud son las caras más amargas de esta pandemia que tanto nos está haciendo sufrir a todos y que nos obliga a mantener todas las precauciones a nuestro alcance para garantizar nuestra seguridad y la de los que nos rodean.

2020 pasará a la historia como el año que nos cambió la vida. Fue el 14 de marzo cuando el Consejo de Ministros declaró el estado de alarma e impuso en todo el territorio nacional un confinamiento sin precedentes, que durante semanas limitó la libertad de movimientos de los españoles, cerró colegios, negocios y establecimientos de todo tipo e inauguró una etapa de incertidumbre y sufrimiento como no habíamos conocido la inmensa mayoría de los ciudadanos. Y todo por culpa de un enemigo invisible, un virus microscópico pero con capacidad letal, que ha puesto en jaque a la humanidad en todos los rincones del planeta.

Hemos dejado atrás aquellos días terribles que nos marcaron para siempre la pasada primavera

En aquellos días de marzo, cuando la pesadilla que ya sufrían otros países comenzaba a materializarse en nuestra realidad cotidiana, era difícil prever la magnitud que iba a llegar a alcanzar y el dolor que era capaz de provocar. 12 meses después son miles las familias de todo el mundo que han sufrido la pérdida de algún ser querido. Solo en Cantabria, la COVID-19 ha costado la vida a más de 530 personas hasta el día de hoy, y por desgracia sabemos de antemano que esa cifra continuará creciendo en las próximas semanas.

La pérdida de vidas y la amenaza para la salud son las caras más amargas de esta pandemia que tanto nos está haciendo sufrir a todos y que nos obliga a mantener todas las precauciones a nuestro alcance para garantizar nuestra seguridad y la de los que nos rodean. Un año después, hemos dejado atrás aquellos días terribles que nos marcaron para siempre la pasada primavera, cuando los hospitales y las estructuras sanitarias estaban al borde de un colapso que en Cantabria logramos por fortuna evitar, pero que fue una dramática realidad en otros muchos lugares. Vislumbramos ya el final de la amenaza, que alcanzaremos a medida que avance la campaña de vacunación en marcha, pero aún nos vemos obligados a hacer sacrificios para no poner en riesgo nuestra salud.

La Semana Santa de 2020 la pasamos confinados. La de este año no estará marcada por un encierro obligado, pero también tiene que ser necesariamente diferente a lo que estábamos acostumbrados, sin movilidad más allá de las fronteras regionales y con un toque de queda necesario para prevenir la proliferación de contagios. Un precio pequeño si con ello logramos salvar una sola vida y evitar el sufrimiento que acompaña a la COVID-19.

Esta pandemia ha atacado de lleno nuestro bienestar social y el desarrollo económico

Junto a la salud, esta pandemia ha atacado de lleno nuestro bienestar social y el desarrollo económico, ha puesto en jaque miles de puestos de trabajo, la viabilidad de muchos negocios y las expectativas de futuro que dábamos por seguras antes de que todo esto comenzara. El dilema al que nos enfrenta este coronavirus es sin duda maquiavélico, al contraponer la salud con la economía. La conciliación no resulta una tarea fácil, pero desde el Gobierno de Cantabria estamos realizando todos los esfuerzos a nuestro alcance para intentar hacer compatibles las dos necesidades.

Esta misma semana hemos aprobado un nuevo paquete de ayudas para los sectores económicos más castigados por la crisis sanitaria. 10 millones de euros más para apoyar a los trabajadores y a las empresas en un momento de tanta dificultad, que se suman a todos los esfuerzos que las distintas administraciones públicas vienen realizando desde hace un año.

Nuestra realidad es complicada. Los últimos 12 meses han sido extraordinariamente difíciles para todos, sin duda los más complicados que a mí me ha tocado vivir y gestionar al frente del Gobierno de Cantabria. Pero lo estamos superando, la solución está en marcha y en unos meses podremos volver poco a poco a la normalidad que tanto ansiamos todos.

De momento podemos mirar al verano con fundadas expectativas de recuperación. El objetivo es alcanzar el mes de julio con más del 50 por ciento de la población vacunada. El riesgo de contagio afectará entonces a menos personas y estaremos en condiciones de empezar a ganar definitivamente la batalla a la COVID-19.

Para llegar a esa situación nos quedan días difíciles por delante. Tenemos que vivirlos con responsabilidad. Lo peor ya ha quedado atrás y tenemos la salida al alcance de la mano, pero no podemos bajar aún la guardia, ni exponernos a riesgos innecesarios.

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