domingo 20/6/21

Pablo Iglesias Turrión

Se va del Gobierno con los Presupuestos Generales del Estado aprobados, recodemos que llevábamos años con unos presupuestos austericidas creados por Montoro; la legislatura encarrilada y con grandes leyes aprobadas.

Hay políticos carismáticos, que su sola presencia llena estadios y su nombre en la papeleta llena las urnas, pero que cuando desaparecen del foco mediático nadie se acuerda de ellos. Y también hay políticos que, como el buen arte, tenemos que esperar un tiempo para ser conscientes de todo lo que significaron. Es el caso de gente como José Antonio Labordeta, quien nunca cosechó grandes porcentajes de voto, pero que cuando se fue todo el mundo entendió lo que habíamos perdido; o de Julio Anguita, más referente para la izquierda de este país cuando se apartó de la política que cuando lideraba a la izquierda en el Congreso. Esta claro que en el caso de Pablo Iglesias, de quien voy a escribir hoy, tendrá que pasar tiempo para ver todo lo que ha conseguido y que el tiempo se encargue de limpiar toda la basura que las cloacas del establishment han echado sobre su persona.

No estamos acostumbrados a ver la generosidad en la política, que prime lo común a lo personal

El anuncio de su intención de dejar la vicepresidencia del Gobierno para impedir que la ultraderecha entre, por primera vez desde 1978, en un gobierno autonómico de este país ha descolocado a mucha gente. No estamos acostumbrados a ver la generosidad en la política, que prime lo común a lo personal. Y es que este anuncio viene después de mucho tiempo de hacer realidad cosas que parecían imposibles. Porque hace tan solo siete años hablar de cualquier cosa que no fuera el PP o el PSOE sonaba a utopía y un Gobierno de coalición en España con ministros a la izquierda del PSOE era algo que no se veía ni en la ciencia ficción.

Se va del Gobierno con los Presupuestos Generales del Estado aprobados, recodemos que llevábamos años con unos presupuestos austericidas creados por Montoro; la legislatura encarrilada y con grandes leyes aprobadas. Ha estado sólo unos meses, pero en ese tiempo hemos podido ver todos que otra forma de gobernar es posible. Que el Salario Mínimo Interprofesional se debe subir hasta que, de verdad, una persona pueda vivir con ese dinero. Que cuando estamos en crisis, el Gobierno debe defender a quienes menos tienen con un Escudo Social. Que debemos rescatar a PYMES y autónomos antes de a grandes bancos. Que los hijos e hijas también son responsabilidad del padre y ha de tener un permiso de paternidad como el de la madre. Que cualquier persona pensionista tiene que poder recibir el suficiente dinero como para poder tener sus necesidades cubiertas, y por ello subimos las pensiones después de años de congelaciones.

Iglesias, como madrileño y como antifascista, está dispuesto a hacer todo lo que esté en su mano para impedir que la ultraderecha se apodere de Madrid

En política, un militante debe saber dónde es más útil en cada momento. E Iglesias ha sido consciente, como lo éramos muchos, que había llegado el momento de dejar paso a nuevos liderazgos en Unidas Podemos y en el Gobierno de coalición. Muchas veces se ve a personas que saben el momento exacto en el que entrar, pero muy pocas las que son capaces de ver el momento perfecto para retrasar su puesto en las trincheras y dejar un Gobierno al que tanto costó entrar, para impedir un daño irreparable a nuestra propia democracia.

En realidad hay muchas formas de hacer las cosas si quieres impedir un gobierno que no te gusta. Por ejemplo, puedes comprar con dinero público a diputados de otros partidos, como ha hecho el Partido Popular en Murcia, o remangarte la camisa e ir a luchar para defender tu tierra. Iglesias, como madrileño y como antifascista, está dispuesto a hacer todo lo que esté en su mano para impedir que la ultraderecha se apodere de Madrid y para conseguir por fin, después de más de 25 años de gobiernos del PP, un gobierno decente y de izquierdas en la Comunidad Autónoma de Madrid.

Además, este cambio está suponiendo recuperar la ilusión del electorado progresista. Algo que parecía algo imposible hace unas semanas, una persona capaz de hacerlo, esa es Yolanda Díaz. Una de las ministras mejor valoradas del país dará un paso adelante para convertirse en vicepresidenta segunda y, quien sabe, si de la próxima presidenta del Gobierno, la primera mujer en conseguirlo. 

No os engañaré, somos muchos los que estamos hartos de que en nuestras comunidades autónomas no se hable de otra cosa que de lo que ocurre en la capital del reino. Sin embargo, somos conscientes de que acabar con el experimento de gobierno trumpista de la señora Ayuso es una obligación si queremos impedir que el cáncer que es la ultraderecha se extienda por el resto de la Península. Que nos repatea tener que hablar unos meses más de los problemas de una comunidad a medio millar de kilómetros de la nuestra, pero que entendemos que la realidad política tan centralizada mediáticamente en España hace que el futuro de nuestros valles vaya a pasar por unas elecciones en las que no pintamos nada.

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