martes 18/1/22

¡Silencio!

Ha tenido que venir una pandemia para que veamos el enorme trabajo que realiza una limpiadora, una enfermera o una cajera. Pero el fervor se pasa y la lucha sigue.

Quienes esperen un alarde de optimismo pueden parar aquí. Quienes busquen frases bonitas colmadas de amor también pueden dejar de leer. No sé si quedará alguien. En caso de que así sea supongo que llevará una mochila de rabia tan cargada como la mía. En el último año han pasado algunas cosas interesantes, se ha puesto sobre la mesa lo indispensable que es el trabajo que realizamos las mujeres. Trabajos esenciales los llaman, pero ya lo dijo el Principito: “lo esencial es invisible a los ojos”. Ha tenido que venir una pandemia para que veamos el enorme trabajo que realiza una limpiadora, una enfermera o una cajera. Pero el fervor se pasa y la lucha sigue.

Me encantaría que todos los días fueran 8 de marzo. Pero me encantaría mucho más que no tuviese que existir este día

Si nuestro trabajo es esencial, imaginaos nuestra presencia. Nuestra presencia física, nuestra voz, nuestras ideas, todo lo que construye lo que somos, con nuestras inquietudes, necesidades y sueños. Me encantaría que todo eso estuviera ahí, a golpe de vista, y no tener que esperar a marzo para ver un ciclo de cortometrajes o de cine hecho por mujeres, para escuchar una charla histórica sobre la figura de la mujer, para ver exposiciones de artistas o de escritoras, para escuchar a mujeres en tertulias o leerlas en prensa. Porque después de marzo, ¡silencio!, que diría Bernarda Alba.

Y ojo, esto no es una crítica a las mujeres organizadas que brindan una oferta cultural, me refiero al cinismo aliado, no al bueno. Me refiero al postureo, al patchwork políticamente correcto, al pegote, a las mierdas neoliberales que venderían a su mismísima madre, que la están vendiendo, vamos. Y con súper buenas intenciones, eh. Pues menos buenas intenciones y más transversalidad.

No me escondo, me encantaría que todos los días fueran 8 de marzo. Pero me encantaría mucho más que no tuviese que existir este día. Pero ¿qué harían los fascistas sin poder echar la culpa de una pandemia mundial al 8 de marzo? Supongo que echársela a los judíos, si son nazis de Madrid, o al colectivo gitano y saharaui si son fascistas de Santander. Y es que así estamos en el siglo XXI. Y lo que nos queda, morena. El fascismo campa a sus anchas y las mujeres tenemos que pedir permiso para ocupar un espacio que nos corresponde por justicia. Democracia plena lo llaman. Democracia plena patriarcal un poquito de derechas y heteronormativa Severiano Ballesteros Parayas.

Me vais a permitir este alarde de mala leche, pero es que, como a la Nati, a la de Lectura Fácil de la Morales, se me abren las compuertas y me da por la violencia verbal suicida. Pero no todo va a ser violencia, este año no podremos abrazarnos ni besarnos, lo que sí podemos es gritar al mundo que estamos aquí, que vamos a seguir luchando y sosteniendo la vida. Que nos queremos vivas y libres.

¡Filiz y combativu día de la mujer trebajaora!

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