lunes. 05.12.2022

Qué me vas a contar

El 25N incomoda y los días que ubican a las mujeres como sujetos también. Cuando la mujer es protagonista nos encontramos con respuestas reaccionarias. ¿Para cuándo el Día de los hombres en la ciencia, de los hombres escritores o de la violencia contra los hombres? Lo cierto es que a nadie se le ocurriría pedir un Día Mundial de la guerra, o de la contaminación. Creo que no hace falta explicar esto. El motivo que hace que una parte de la sociedad se inquiete es solo un reflejo de su machismo. Somos una sociedad tan profundamente machista que nos incomoda hablar de ello, sentimos que se nos señala y lo percibimos como una agresión, porque, en realidad, participamos de esas violencias. Somos parte del problema.

Que para acabar con la violencia machista y todas las opresiones que padecemos las mujeres hay que acabar con el patriarcado ni cotiza

Es evidente que la violencia nos atraviesa desde todos los ángulos. Los estereotipos, la brecha salarial de género, el techo de cristal, la usencia de la experiencia de las mujeres en los relatos, la feminización de la pobreza, una justicia que ni nos escucha ni nos mira, una ausencia de perspectiva de género en los diagnósticos médicos que nos mata, la violencia física y psicológica… Podría pasarme horas enlazando una opresión con otra hasta morir de aburrimiento. Porque os juro que tengo tan interiorizado este discurso que me aburro. Me aburro soberanamente. Pero ¿Sabéis qué? Que de la teoría a la realidad no hay ni un paso, y eso no me aburre, eso me enfada y me rompe. Solo hay que mirar estos titulares de 2022:  

El Supremo rebaja la pena a un hombre condenado por matar a su pareja al “no acreditarse” que sus hijas sufrieron. Este hombre asestó 83 puñaladas y degolló a su pareja en presencia de sus dos hijas.

Dos policías de Estepona acusados de violar a una chica de 18 años evitan prisión a cambio de un curso de educación sexual. Sí, dos policías.

Intenta violar a su ex en Cartagena y se libra de la cárcel por 5.000€ y un curso de educación sexual. El agresor tenía condena firme por violencia de género.

Que para acabar con la violencia machista y todas las opresiones que padecemos las mujeres hay que acabar con el patriarcado ni cotiza. Pero cada vez que se toman medidas o se plantea atajar alguna problemática, salen los machistas como setas a llamarnos odiadoras de hombres y a llorar. Y es que tiene que ser muy duro que el mundo sea tuyo y te exijan que lo compartas. Porque cuando compartes te quedas con menos. Y ya lo decía Rajoy, solidaridad a cambio de nada, no.

Quien tiene miedo a una denuncia solo tiene dos opciones: o es un violador o es un violador en potencia

Como ejemplo tenemos las reacciones a las bajas por menstruación dolorosa. Absolutamente demenciales. De repente millones de mujeres íbamos a coger la baja fingiendo dolores menstruales. Porque los dolores menstruales se pueden fingir, el resto no. Imposible fingir un dolor de cabeza. Imposible. Imposible fingir un dolor de espalda. No se me ocurre cómo. ¿Una gastroenteritis? Imposible de fingir. ¿Sabéis por qué les jode la baja por reglas dolorosas? Porque ellos no pueden fingir ese dolor. No soportan que haya leyes que no les beneficien. Y sí, hay mujeres ofendidas, pero es que el machismo no se sostiene solo, cariño.

Qué decir sobre los hombres que dicen tener miedo a la Ley de libertad sexual. Les surgen tremendas dudas sobre el consentimiento. ¿Cómo distingo si una mujer quiere acostarse conmigo o no? Te lo resuelvo rápido. Si no sabes distinguirlo no estás preparado para mantener relaciones sexuales. Mastúrbate, es sano.

¿Y qué me decís de esos hombres llorando porque tienen miedo de acabar en la cárcel? Quien tiene miedo a una denuncia solo tiene dos opciones: o es un violador o es un violador en potencia. Cada cual que elija. Y sí, es duro. La vida es dura. Qué me vas a contar.

Qué me vas a contar
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