miércoles. 29.05.2024

En plena cuenta atrás

Mirar al pasado para saber por qué hemos llegado a donde hemos llegado, es imprescindible. Pero hacerlo teniendo en cuenta los datos objetivos, unos generales y otros concretos, pero datos. Y sin condenas ni reproches, sin ánimos revanchistas ni rencores

“Perdonar pero no olvidar”: este aforismo popular tiene dos momentos, uno para el presente y otro para el futuro. Perdonar para el presente, no olvidar para el futuro o, dicho de otra forma, aprender de lo vivido para no volver a equivocarnos.

El pasado nos debe servir para aprender, de cara al futuro, para no cometer los mismos errores

La izquierda a la izquierda del PSOE, tiene que mirar al presente, sin olvidar el pasado. Pero no es éste el momento de tener en cuenta el pasado (salvo que el pasado sea imperdonable): estamos en la cuenta atrás. El pasado nos debe servir para aprender, de cara al futuro, para no cometer los mismos errores. El futuro está por estrenar.

Vivimos momentos trágicos que nos obligan a estar, hora a hora, minuto a minuto, pidiendo información de cómo van las negociaciones para alcanzar la unión de todas las fuerzas implicadas. Comprendemos que, para que las negociaciones puedan llegar a buen término, se deben hacer con discreción. Solo cuando haya un resultado definitivo, bueno o malo, pero definitivo, será el momento de los anuncios, de los abrazos o de las denuncias. Las filtraciones las airearán quienes quieren que las conversaciones fracasen, lo tenemos claro. No les hagamos el juego. Paciencia, que queda poco.

No obstante, mirar al pasado para saber por qué hemos llegado a donde hemos llegado, es imprescindible. Pero hacerlo teniendo en cuenta los datos objetivos, unos generales y otros concretos, pero datos. Y sin condenas ni reproches, sin ánimos revanchistas ni rencores, dejando de lado, por el momento, la parte de responsabilidad que a cada parte corresponda.

Lo ocurrido el 28M es el resultado de un proceso. El proceso es claro y, hasta natural. Y, aunque ciertos errores vengan de muy atrás, podemos centrar el análisis, tomando como punto de partida el 15M.

Hay quien defiende que el 15M sigue vigente, como hay quien dice que estamos en otro ciclo

El 15M supuso un aldabonazo en la práctica política desarrollada hasta entonces, caracterizada, fundamentalmente, por el bipartidismo, un aldabonazo dado por el “estallido de los indignados” que exigían otra forma de hacer política. Ese aldabonazo dado incluía hasta Izquierda Unida. Ese aldabonazo marcó un antes y un después en la política española.

Hay quien defiende que el 15M sigue vigente, como hay quien dice que estamos en otro ciclo.

Lo cierto es que el 15M fue el inicio de un nuevo ciclo pero que inmediatamente terminó: la aparición de Podemos marcó el final del ciclo. Es mi opinión.

Lo que hasta entonces era un movimiento ciudadano, con las plazas y sus asambleas como forma de expresión, entregó gustoso el testigo a “la participación en las instituciones”, dejando las plazas y lo que simbolizaban o, lo que es lo mismo, provocando una “vuelta a casa” de la gente.

Lo que yo llamo proceso “natural”, para algunas personas fue una entrega lamentable. Pero la realidad es esa: la calle desgasta mucho y no se puede vivir permanentemente en ella.

Recuerdo las primeras elecciones sindicales en que participé y en las que arrasamos. Todavía vivía Franco. La gente apoyó con entusiasmo la savia nueva que ofrecíamos, nos votó, hizo un esfuerzo, porque no estaba acostumbrada, y nos votó. Al salir del escrutinio, compañeros eufóricos nos daban palmadas en la espalda diciendo: “ya os hemos votado, ahora os toca a vosotros”. Era como dejarnos solos porque éramos elegidos para delegados del agonizante sindicato vertical, con las limitaciones que para hacer algo eso suponía. Pero ellos no eran conscientes.

La conversión del 15M en Podemos, en mi opinión, supuso el final del nuevo ciclo que acababa de empezar

La conversión del 15M en Podemos, en mi opinión, supuso el final del nuevo ciclo que acababa de empezar. Después de gritar a brazo partido “lo llaman democracia y no lo es”, entramos en esa democracia que no lo era, porque tampoco el movimiento era tan grande y fuerte como para cambiarla. Esa democracia compuesta por sistema electoral, parlamentos, gobiernos, poder judicial y medios de comunicación, sobre todo éstos últimos, no se dejó cambiar, y menos, de la noche a la mañana. Y Podemos se convirtió en el muñeco del pin-pan-pún. Todos contra Podemos. Y ya lo decía Iñaki Gabilondo: “¿Qué os creíais?” Lo cierto es que Podemos ha sido y es el blanco de todas la miradas.

E independientemente de sus aciertos y errores, de lo que ha hecho o dejado de hacer, externa o internamente, Podemos ha pasado, de ser el gran revulsivo que entusiasmaba a muchos de los indignados del 15M, a ser el símbolo de la decadencia, de la impotencia y la frustración. En Podemos hemos puesto muchos nuestra esperanza e ilusión. Pero Podemos se desangra: desde 2016 ha perdido votos en todas las generales y autonómicas, salvo en las anteriores autonómicas de Madrid. La formación ha empeorado sus resultados en 21 elecciones de las 22 que se han celebrado entre generales y autonómicas desde los comicios nacionales de 2016.

Pero, con ser Podemos el ejemplo más llamativo de lo que ha podido pasar en el panorama político, los malos resultados han afectado a todos en la izquierda, incluyendo al centro izquierda del PSOE. Y ello tiene que tener explicación, más allá de lo que cada fuerza política haya podido hacer mal.

Los partidos políticos, todos, salvo alguna excepción, y los votantes en general, somos presos de una degeneración de la política que viene produciéndose en los últimos años, y no solo en España, y que consiste en: no hace falta hablar con lógica, con razonamientos, basta despertar emociones, incluso odio, para ganar votos, aprovechando el malestar de la gente, especialmente de los que lo están pasando muy mal; valen los bulos y las mentiras; nos muestran la política como un duelo de titanes, al que asistimos como espectadores pasivos, como si la magia de un líder, él solo, pudiera ser el héroe o villano de todo, al que se le puede perdonar todo, con tal que tenga el desparpajo suficiente para salir airoso de cualquier atolladero que le pueda plantear el entrevistador de turno. Recordemos lo que la gente decía del difunto Hormaechea, corrupto condenado, que se dedicó al despreciar a todo el mundo: “…pero es cojonudo”.

La política es el “pan y toros” de nuestra época, que sustituye a la preocupación por el paro, la pobreza y la desigualdad

La política ya no es el lugar donde se busca solucionar los problemas de la gente, valorando razonablemente todas las posibilidades. La política es el “pan y toros” de nuestra época, que sustituye a la preocupación por el paro, la pobreza y la desigualdad. Con el espectáculo todos contentos. Reconozcámoslo.

En unas elecciones autonómicas y municipales, en que deberíamos elegir lo que más nos conviene de entre todos los programas que se nos presentaban, se nos ha escamoteado el debate concreto sobre lo que teníamos que elegir, y nos hemos pasado la mitad de la campaña hablando de si ETA existe o no; de si todos corremos el peligro de que algunos desalmados nos ocupen la vivienda si salimos a hacer la compra; o de si iba a haber un pucherazo generalizado en todos los sitios, a la vista de algunos puñados de votos que pudieran haber sido comprados. Pero nadie ha levantado la voz diciendo: “Y de lo mío qué”. ¿Qué va a hacer mi futuro Presidente o Alcalde con los impuestos que pago?

Y nosotros y nosotras hemos “comprado” ese mensaje: hemos preferido inocentemente los pájaros volando antes que los que teníamos en la mano: del Gobierno actual sabemos lo que ha hecho. Del que pueda venir solo sabemos que quiere deshacer lo que el actual ha hecho, sin decirnos lo que piensa hacer después. Ni siquiera se ha arriesgado a mentirnos, no lo necesitaba. Nos ha escamoteado el voto… y nosotros sin enterarnos.

La izquierda a la izquierda del PSOE estamos en plena cuenta atrás. Nos quedan días. Primero para decidir ir juntos. Después para acordar las listas y candidatos. Pero sabiendo que la unión no va a ser suficiente: queremos saber para qué vamos unidos. Necesitamos tener claro qué le vamos a ofrecer a los votantes. Y tenemos que consensuar hasta el tono con que nos vamos a dirigir a ellos y ellas. No vale ir de víctimas, ni de justicieros, ni siquiera Podemos tiene que empeñarse en recordarnos todo lo que ha padecido en estos años. Y tampoco meter miedo, eso no mueve a la gente. Tenemos que transmitir optimismo, diciendo lo que vamos a hacer, unas cuantas cosas y bien claras, y que se puede, sobre todo que se puede, que podemos, en minúscula, con humildad, pero con entusiasmo.

Ni siquiera vamos a perder el tiempo en advertir, a quien no quiera salir en la foto, que lo va a perder todo. Todos lo saben. Y esperamos que sean consecuentes.

En plena cuenta atrás
Comentarios