domingo. 14.04.2024

Sin título

El que tiene hambre ve más que quien no la tiene, piensa más que quien piensa solo en su dieta para bajar la tripa, tiene más rabia que quien tiene aseguradas sus dietas

Hay veces que uno debe traer a la memoria aquellos recuerdos tan notables que, llevados al papel hace una década, hoy desgraciada y posiblemente pueden seguir teniendo vigencia, aunque con más rubor, por eso de que el sabio rectifica los errores en un buen rincón de pensar que puede hacer maravillas.

Aquel director de la Guardia Civil, entonces afiliado a Provida -aunque posiblemente sin demasiada convicción- guardaba 'civilmente' a los nascituri pero, contradictoriamente, no a los morituri, a los inmigrados negros de las pateras y los cayucos. No sabía de ciencia, ¿para qué podría servir eso? Como siempre decía una de su grupo, ¡mamandurrias!, que mira que suena mal, pero ella -la totalindependiente- acuñó el palabro que, para eso, fue ministra de Educación y Cultura, aunque con algunos gazapos que más bien han sido olvidos, ignorancias y equívocos, condonables para una aristócrata, autodeclarada 'liberal', porque los aristócratas no son más que eso, los que ostentan el poder por ser los 'mejores'. Y esta política jocosa, alegre y divertida tenía sus propios resbalones, como el del colegio Dulce Chacón, en presencia de los Príncipes, preguntándole a la madre de la poetisa pacense ”¿Qué tal Dulce? Está en Cuba, ¿no?”, cuando esta había fallecido tres años antes.

Tiene más valor, más precio, más aval, más certificado de fe, la célula masculina que un expatriado

Seguramente, esta soberana que se creyó este título, cuyo nombre era Esperanza, murió de éxito popular, saliendo indemne  de su convicta sede de feudatarios.

Lo que pasa con los africanos es simplemente cuestión de racismo; impensable que en Europa hubiesen tratado así a nuestros emigrados. En el interior, reprimidos por el franquismo, más de dos millones de hombres, mujeres y niños reconocieron en la ciudad una solución a la pobreza y desgracia de la España de postguerra. En los ’40 y ’50, la inmigración interior convirtió las ciudades en poblados de chamizos y barracas, particular acogida a los recién bienvenidos. La cortedad de miras de los economicistas parece desconocer que el inmigrado coopera en el país de acogida más que su ‘costo’. Darle trabajo, lejos de ser ‘una buena obra de caridad’, es un deber de justicia; incluso, un ‘valor económico’. Lo contrario es simplista.

Y, ¿por qué no van a tener equivocaciones los súbditos, como aquel director, si los ha tenido y repite con su gracia repetidas veces la ex presidenta de Madrid, ¿porque es más aguerrida que el primero? No. Porque es cuestión de clase. Porque, ¿qué piensa este director acerca de la dignidad de la persona?, que ¿solo tienen derechos los nasciturus?, ¿y los ya nacidos no, sobre todo si son africanos? Todos estábamos preocupados de que hubiese salido entonces el ministro de Defensa, mandatado para bombardear cualquier patera o neumático que se pusiese delante o se menease.

Como se ha visto. Porque el que tiene hambre ve más que quien no la tiene, piensa más que quien piensa solo en su dieta para bajar la tripa, tiene más rabia que quien tiene aseguradas sus dietas. Imagino que en el diccionario suajili, las chakulas o dietas no sean muy utilizadas. Les pusimos concertinas -qué tristeza para este instrumento musical tan precioso: si es que esta peña todo se lo apropia degenerándolo, despreciándolo, contaminándolo- y no hubo manera de parar a estos seres humanos, siguieron saltándolas a pesar de sus cortes en su cuerpo y en nuestro corazón.

La única diferencia entre la época de RAÍCES y la actual es que, a pesar de ser tratados estas personas como cosas, a aquellos se les perseguía si huían; a estos, se les balea para que no se acerquen.

Las hemerotecas sirven para ir entendiendo el presente y, quizás, el futuro

Pero eran disuasorias -otra vez ha de salir el ministro del Opus Dei-. Y llegaron por mar, y les pegaron tiros a sus neumáticos, les arrastraron agarrados a popa como si participasen con ellos el esquí acuático sin esquís, y, a medio metro de la línea de playa, se desparrancaron demasiadas patas guardiaciviles para que no osasen pisar suelo español, como si estuviesen jugando a los que juegan los inocentes niños en los patios de los colegios. ¡Deleznable! Volverán, muchos más, algunos por aire; de fabricación casera, volarán catapultados, en masa, una lluvia de africanos, y ¡ojalá vengan armados con herramientas de matar envenenadas y alguna caiga en el Parlamento no más que para curiosidad de sus señorías!

Spain’s different, ya lo dijo el difunto. Tiene más valor, más precio, más aval, más certificado de fe, la célula masculina que un expatriado. De nuevo, ¿es que solo nos va a quedar cantar los versos de Violeta Parra Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma, que le están degollando a su paloma? Estos cabezarrotas y descerebrados, siempre amenazantes con quienes les critiquen, intentando amedrentar a quienes estamos ya hasta la coronilla. Después de la comparecencia en donde ha contradicho al director de la Guardia Civil, una de tres: dimite el ministro, dimite el director o, por el precio de ambos, no dimitió ninguno de los dos.

Las hemerotecas sirven para ir entendiendo el presente y, quizás, el futuro. Reconozco que me han noqueado: ¡Vaya panda de mentirosos y bellacos!, ¡qué ensalada de bandidos!

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