domingo. 14.04.2024

La risa hace que nos sintamos mejor

Cómo será su potencia explosiva que nos enrojece la cara, por la afluencia de la sangre. Y es necesaria porque es una reacción fisiológica, un apoyo para descargar nuestra energía emocional

Lo de la risa no acabo de entenderlo. Una sonrisa, sí. Si buscamos, procede de 'son' y 'risa'. Válganme los dioses por haber llegado a esta aparente conclusión. Y algo habrá en ello porque aún no se me ha caído el pelo por haber sido tan sagaz. Porque, vamos a ver, si la palabra 'sonrisa' significa una sonrisa de baja intensidad, ´por debajo de la risa', por así decirlo, 'risa' proviene de 'risus', participio de 'ridere'. Y este curiosamente nos da la palabra 'reír' y, también más curioso, nos da el vocablo 'ridículo'.

Quién, no ha visto alguna vez -solo hay que fijarse- en un microgrupo informal que se encuentra en el preámbulo de una reunión, convención, etc., y alguien -quizás el más cómico al que todos los demás escuchan-, preparados ya para su reacción, el protagonista rompe la pana -y los demás también, por saberlo antemano-sabe de antemano, y ser él extremadamente hábil o bueno en ese oficio. Miren ustedes, la sonrisa no es contagiosa. Pudiera serlo, pero es más tardona en el tiempo, porque tiene otros prismas y características. ¿Y la risa? No hace falta experimentar mucho para ver esta diferencia, entre otras muchas.

La risa activa múltiples microcircuitos neuronales, según el ejemplar de risa que emitamos

El más serio o taciturno de ese microgrupo no es impasible al orador. Los demás, sí reaccionan como se ha hecho así desde el Pleistoceno. Quién puede decir que aquellos hombres no lloraban y reían. ¿Carecían de emociones y de sentimientos? Estoy seguro de que no. Su actividad, sus contactos, sus comportamientos en el trabajo, el quehacer diario, en fin, su vida sociopolítica eran fundamentales en estos cazadores-recolectores. Porque, una vez más, conseguir útiles para sus cabañas y herramientas, para su comida, la leña y su ropa era muy necesario, dado el clima que soportaban, dada la dura subsistencia con la que tenían que lidiar. También reían, igual o parecidamente a nosotros.

Mucho más que en la sonrisa, la risa es pegadiza. La primera, a veces es tímida y siempre recatada, lo cual parece algo contradictorio. Para sonreír, nadie se aparta, a nadie hemos visto que se retraiga para sonreír. ¡Ah, la risa!, esa risa estentórea, de un placer infinito y por eso imparable, en donde los pulmones y toda la cara contribuyen a ese sagrado momento cuando el encéfalo produce la inmovilidad del dolor y paradisíacamente surgen de manera explosiva las emociones y las respuestas idílicas y plácidas; tan epidémicos pueden ser esos segundos que realmente duran exponencialmente. Torcemos el cuello a un lado, como señal de sumisión y educación para nuestros contertulios y, quizás para que la risa no dañe nuestros esternocleidomastoideos, con una mano abierta tratamos de ocultar nuestro rostro, en definitiva nuestra risa que nos ha aparecido sin llamarla. Es un momento en el que seguimos riendo por mucho que tratemos de ocultarlo. Algo muy placentero.

La risa altera nuestro organismo. Cómo será su potencia explosiva que nos enrojece la cara, por la afluencia de la sangre. Y es necesaria porque es una reacción fisiológica, un apoyo para descargar nuestra energía emocional. Arriba mencionábamos a la risa en los primates. Se debe decir que más allá también. No nos apropiemos los humanos hasta de la risa. O sea que lo que aparentemente era propio de los humanos y primates, también las ratas o los perros gozan de ese atributo, como consecuencia de sentir bienestar o de disfrutar de una situación placentera en un momento determinado, las cosas risibles en las interacciones o estados y formas concebidos por los modos y comportamientos ajenos y propios.

La risa activa múltiples microcircuitos neuronales, según el ejemplar de risa que emitamos, las respuestas que desvelen y la sinceridad que manifiesten en su emisión. Así, podemos inferir que la

La risa social, que guarda la compostura, no es fría ni caliente, sino todo lo contrario. Es una risa quedabién, de pose y fingimiento al interés propio del que la practica, más que a su función natural. Se la admite porque es comedida. 

La carcajada. Si no lleva mala intención, al parecer sí llama la atención. Y no del mensaje sino del que se ríe de manera tan estentórea y escandalizante:

El tonto se ríe a carcajadas; el sabio, cuando mucho, sonríe suavemente.

Eclesiastés, 21:20

La risa tonta. Tiene que ver mucho con la anterior. Parecen primas o algo así. En ambas, a falta de personalidad o de contención del riente, este trata de compensarla con algo que los presentes no aguantan nunca: la falta de motivo, sin explicación e indetenible. Sin embargo, es auténtica. Quizás por eso, es contagiosa. Aquí, las neuronas espejo nos amparan para sentir la empatía con los demás. ¿Que puede ser aburrida o molesta? Puede, pero también muy divertida.

La risa falsa. Risa que se hace disfrazando el agrado. Es una risa simulada, voluntaria, pero intencional. No aparece de una manera auténtica, sino con un objetivo siempre. No irrumpe naturalmente, por un estimulación emocional, sino que somos nosotros mismos la inferimos. Cualquiera puede ser consciente de que este tipo de risa nunca podrá provocar los bienes y la utilidad que se logra con la risa verdadera.

La Risotada. Estamos ante una risa bulliciosa y estridente, la más elocuente y afectiva de todas. Nunca será antinatural o ficticia Con ella debemos agarrarnos el vientre o llorar de risa.

En general podemos formular que la bioquímica es fundamental para la risa y, más concretamente, el sistema límbico

La Risa franca. Es genuina e inconsciente, porque es natural. Se mueve por una motivación emocional y sensitiva. En consecuencia, esta risa no tiene objetivo, surge porque sí, y los beneficios son muchos. Esta risa es sinónimo de felicidad.

La risa inoportuna. Es genuina y, sin embargo, es temporal, explota en los momentos más contraindicados, porque es involuntaria. Reír cuando no es el momento es de una incomodidad supina. Y, en cambio, es un mecanismo de defensa del cerebro. Por eso, confío en que la risa es eso, risa.

Recuerdo una anécdota que me contaba un amigo. Se le murió la madre. Estaba con su hermano, más o menos relajados ambos. En el momento de la comunión y en una fila considerable aparecieron un padre y un hijo peculiares y, al ver a los hermanos, quisieron darle sus condolencias. La fila estaba apretada, y el padre se trastabilló con el bastón que poco le faltó en echarse en brazos de uno de los hermanos. Ese fue el motivo de empezar a reír en silencio, lo cual es muy perjudicial para el organismo; había que seguir en aquel banco, testigo de sus pesares. Salir de la iglesia no era de recibo. Hubiera sido peor. Les quedaba la posible interpretación de los numerosos asistentes de que aquellos gemidos fuesen oportunos, que no eran de risa. La difunta, incluso, pensaría en su fuero interno que no se debe ser tan fúnebre.

La risita. Es la más silenciosa de las risas.

En fin, hay más tipos de risas, pero lo importante es saber reír. Riamos y sonriamos, que mañana puede que sea tarde.

Sí. Sabemos que nos podemos deprimir con el cambio estacional, por ejemplo. Lo decían nuestros abuelos y ancestros. Arriba hemos señalado que nos reímos porque la risa desempeña una fundamental función de vínculo y, por lo tanto, social, que ya la experimentaron nuestros primeros padres, los primates. ¿Y para qué sirve? Es fundamental tener esto presente: Al igual que escribir un poema o darse un abrazo con la persona amada, también reír es un recurso inmediato, casi fácil, psicológicamente de mejora de nuestra disposición -porque realmente no nos encontramos igual según sea la causa de nuestra alegría, abatimiento o tristeza- y reduce la ansiedad y el estrés. ¿Y físicamente? Incrementa la transmisión de los avances  en las conexiones neuronales, cuyos resultados desarrollan eso que llamamos y de lo que disfrutamos -el sentirse bien-, mediante los neurotransmisores de la serotonina y dopamina, y al tiempo aminora los grados del cortisol, que se enfrenta al estrés.

No deja de ser muy importante la función de la bioquímica en nuestro organismo y, puntualmente de la risa. Se incuban en nosotros endorfinas a tope y la oxitocina, lo que describe esos efectos y esas huellas que nos dejan de distensión y relax, y por lo tanto de plétora y totalidad, genuinas cuando nos reímos francamente.

Así, en general podemos formular que la bioquímica es fundamental para la risa y, más concretamente, el sistema límbico. Su engarce con la corteza prefrontal -ordenadora de las entradas sociales- y también la abstención de la emotividad en general, la ataraxia, ayudando al proceso del conjunto de los datos-.

Por eso la risa hace que nos sintamos mejor, las personas, con ella, se aproximan, alivian el espacio de trabajo y, por lo tanto, socorre a los que padecen depresión, cuyo bajo ánimo se ha enrocado en ellos y les es muy dificultoso manejar su condición.

Uno ríe con los demás, sencillamente porque es un medio de comunicación, una acción conjunta. Y uno se ríe solo, como 'uno habla solo', lo cual -ahora menos- ha sido siempre un escándalo, y risible. Yo veo eso como una limpieza del alma, una sanación. Pero avisados estamos, que no se note, que no se diga, porque vienen los 'malos' y te pueden hacer daño. En la antigüedad, posiblemente se les lapidaba y los tiraban desde el Monte Taigeto -Esparta-.

Muchos experimentos se han llevado a cabo al respecto, reafirmando que la risa impacta positivamente -física y psicológicamente- en uno mismo, y también con los demás, léase.

Lo importante es saber que todo el mundo ríe, y que si no, seguramente que cuando era bebé, lo hizo, hasta Schopenhauer. Lo importante es saber que cuando dos o más ríen, la excitación en el SN acarrea, está comprobado, un incremento de frecuencia cardíaca, como de presión arterial. Son las emociones, la euforia, que, con la risa contagiosa, decimos más que cuando hablamos. Los responsables de ello son memoria, instintos y emociones, es decir, la estructura límbica, sistema límbico.

Hay dos personas fundamentales en este affaire, dos artistas. Uno es escritor; el otro dirección de cine. Umberto Eco escribió una novela de misterio e histórica, ambientada en el siglo XIV y que se publica en 1980. La película con la que se lleva al cine (Jean-Jacques Annaud, 1986) tiene el mismo nombre, y el mismo éxito que la novela, colosal y extraordinario. No era para menos; el tema, el siglo y los personajes a nadie le pillaron desprevenido.

También en la novela y en la cinta se habla de la risa. Jorge de Burgos, el bibliotecario, un anciano monje encorvado que odia la risa. "Es lo que hacen los monos" -dice. Los demás monjes, más que respetarlo, lo temen. Todo, evidentemente, fruto de la época.

—Hay muchos otros libros que hablan de la comedia, y también muchos otros que contienen el elogio de la risa. ¿Por qué éste te infundía tanto miedo? —Porque era del Filósofo. Cada libro escrito por ese hombre ha destruido una parte del saber que la cristiandad había acumulado a lo largo de los siglos. Antes mirábamos el cielo, otorgando sólo una mirada de disgusto al barro de la materia; ahora miramos la tierra, y sólo creemos en el cielo por el testimonio de la tierra. Cada palabra del Filósofo, por la que ya juran hasta los santos y los pontífices, ha trastocado la imagen del mundo. Pero aún no había llegado a trastocar la imagen de Dios. Si este libro llegara... si hubiese llegado a ser objeto de pública interpretación, habríamos dado ese último paso. —Pero, ¿por qué temes tanto a este discurso sobre la risa? No eliminas la risa eliminando este libro. —No, sin duda. La risa es la debilidad, la corrupción, la insipidez de nuestra carne. Es la distracción del campesino, la licencia del borracho. Incluso la Iglesia, en su sabiduría, ha permitido el momento de la fiesta, del carnaval, de la feria, esa polución diurna que permite descargar los humores y evita que se ceda a otros deseos y a otras ambiciones... Pero de esta manera la risa sigue siendo algo inferior, amparo de los simples, misterio vaciado de sacralidad para la plebe. Ya lo decía el apóstol: en vez de arder, casaos. En vez de rebelaros contra el orden querido por Dios, reíd y divertíos con vuestras inmundas parodias del orden... al final de la comida, después de haber vaciado las jarras y botellas. Elegid al rey de los tontos, perdeos en la liturgia del asno y del cerdo, jugad a representar vuestras saturnales cabeza abajo... pero aquí, aquí —y Jorge golpeaba la mesa con el dedo, cerca del libro que Guillermo había estado hojeando—, aquí se invierte la función de la risa, se la eleva a arte, se le abren las puertas del mundo de los doctos, se la convierte en objeto de filosofía, y pérfida teología. La risa libera al aldeano del miedo al diablo, porque en la fiesta de los tontos también el diablo parece pobre y tonto, y, por tanto, controlable. Cuando ríe... el aldeano se siente amo porque ha invertido las relaciones de dominación... la risa sería el nuevo arte capaz de aniquilar el miedo... Y este libro, que presenta como milagrosa medicina a la comedia, a la sátira y al mimo, afirmando que pueden producir la purificación de las pasiones a través de la representación del defecto, del vicio, de la debilidad, induciría a los falsos sabios a tratar de redimir (diabólica inversión) lo alto a través de la aceptación de lo bajo.

Umberto Eco, El nombre de la rosa

La risa hace que nos sintamos mejor
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