domingo. 14.04.2024

Pereda y la mar, Sotileza

El escenario de Sotileza es la mar y sus personajes. Se conocen solo entre ellos, incluido su campo léxico, en el que numerosos términos son indescriptibles, lo que hace que haya que recurrir al diccionario

Veo amanecer, lluvia de cristal


En cuanto se vieron solos los cinco marinos, Bitadura cayó sobre su compañero, el del sofá, que comenzaba a desarrugar la faz y a desentumecerse, diciéndole mientras le [sic] abrumaba a resobones:
-¡Osio, Macario...! ¡Desínflate ya, hijo que tienes las cara como una ufia [vejiga inflada]!
A lo que añadió Ligo:
-¡Si él no se metiera en manipulencias que no entiende...!
-Para manipulencias y pitiflanes, tú -objetó Madruga muy serio-. 

A José María de Pereda (1833, Polanco, Cantabria - 1906, Santander) no se le puede negar el respeto a la presencia constante del narrador, incluso del lector, en la novela Sotileza (1884). El polanquino, mediante su lectura, parece ser directo ante el lector, obligándole a tomar partido también como él -el creador-, y ser mediador de la propia narración, y de una forma impuesta. Su presunción es que los lectores, sus paisanos y contemporáneos, son los únicos que pueden participar de la realidad del escritor, al conocerla perfectamente.

El escenario de Sotileza es la mar y sus personajes. Se conocen solo entre ellos, incluido su campo léxico, en el que numerosos términos son indescriptibles, lo que hace que haya que recurrir al diccionario, y no siempre se consigue la semántica correcta, al referirse a un localismo, cuya área es suficientemente restringida por ser muy especial. Abundando más, Pereda es elemental y directo por antonomasia, reproduce fotográficamente los escenarios materiales de cada acción, y rebosa las páginas de términos marinos y técnicos que dan cuenta realista de lo que está describiendo, de tal manera que reproduce exactamente el habla de sus personajes, sin ahorrar imperfecciones lingüísticas u observaciones repugnantes: todo por la exactitud. No en vano pertenece al realismo y costumbrismo. Por ello, no es baladí tampoco su intención regional: la novela fue escrita mayormente en su casa polanquina, acabándola y fechándola en Santander. Esos lugares, relacionados con el argumento de la narración y la postura del escritor, tienen un provecho figurativo, derivándose una consecuencia lógica con el desarrollo del acto de escribir, con la labor y oficio del autor.

El éxito no se hizo esperar. Sotileza resonó como un suceso extraordinario produciendo una gran impresión en la ciudad de Santander. Obtuvo panegíricos apasionados y también favoreció que se desvelasen el arte literario entre los santanderinos. Pereda había conseguido que sus paisanos observaran con una mirada estética y atrayente a su ciudad, engrandecida y embellecida. No era otra cosa que la impresión de poder llegar a la identificación ideológica entre los propios vecinos, y se había logrado absolutamente.

LA IDEOLOGÍA DE JOSÉ MARÍA DE PEREDA

Sin entrara en las identificaciones al uso, podemos ver su idea, qué pensaba, contra qué o quiénes se encontraba. Porque no era aséptico; era político, y afiliado al carlismo. En 1870 se constituye la Junta Provincial Carlista, saliendo elegido como vocal el escritor y al año siguiente, inicia su política activa y se presenta a diputado carlista por Cabuérniga. Por escaso margen sale elegido, debido no enteramente a la escisión del voto liberal. Va a Madrid, se da a conocer y, fruto del siglo tertuliano, hará amistades con otros escritores no afines ideológicamente, Benito Pérez Galdós, Enrique Diego Madrazo, Leopoldo Alas Clarín... Todos estos gozaban, frente al pesimismo por la pérdida de las colonias, de ilusión, esperanza y entusiasmo por una España mejor, más solidaria, industrial, educada, culta y renovada.

DICCIONARIO DE VOCABLOS QUE APARECEN EN SOTILEZA

Parte del significado de las palabras está recogida en "José María de Pereda, Sotileza. 115-315. Las mejores novelas de la literatura universal, X, Novela española, 1983".

Ab asino, lanam: Del asno, la lana.

Ab ovo: Desde el principio.

Abarrotes: Fardos de poco bulto con que se llenan los huecos que quedan en la bodega de un buque después de cargado.

Aconchar: Acercarse un barco a otro.

Agiotista: Especulador abusivo.

Aguega: Ahoga.

Aligote: Pescado de bahía.

Amayuelas: Almejas.

Arrastraderas: Las alas correspondientes a las velas mayor y de     trinquete.

Arribar: Llegar la nave a puerto.

Atabal: Envase en que vienen de Galicia los arenques.

Barquía: Embarcación capaz, a lo sumo, de cuatro remos por banda, la mitad aproximadamente de una lancha de pescar.

Barguín-barcón: Movimiento brusco y repetido de un lado a otro de cualquier cuerpo flotante.

Barredera: La red barredera.

Batayola: Barandilla que corre sobre las bordas del buque, especialmente a popa y a proa

Bitadura: vuelta con que se amarra el cable alrededor de la cruz de las bitas.

Borona: Pan de maíz.

Briba: Holgazanería.

Bribia: Briba, pan de limosna. Holgazanería, picaresca.

Bureo: Entretenimiento, diversión.

Cabras: O cabrillas, manchas en las piernas causadas por la proximidad al fuego.

Cachón: Quizá un pez muy voraz y de piel áspera.

Cacimba: O cachimba, pipa.

Cámbaro: Crustáceo.

Cambrelos: Crustáceos.

Cancaneada: La persona que tiene la cara marcada de viruelas.

Canoa: Un tipo de sombrero que tiene esa forma.

Cardume: O cardumen, banco de peces.

Carpancho: Especie de banasta. También, capacho.

Carrejo: Pasillo largo dentro de una habitación.

Cascarilla: Blanquete hecho con cáscara de huevo.

Catavientos: Artilugio que indica la dirección del viento.

Cazuela: Parte alta del teatro, destinada en los antiguo a las mujeres.

Cellisca: Temporal de agua y nieve muy menuda, impelidas con fuerza por el viento.

Chafandina: Vanidosa.

Chanfaina: Guisado de bofes o livianos picados.

Chichorreos: Chinchorreos.

Choba: Bola, embuste.

Cinglar: Hacer andar un bote con un solo remo colocado a popa y moviéndolo alternativamente de un lado a otro.

Cocino: Probablemente, la comida compuesta de legumbres.

Cole: Tirarse al agua de cabeza.

Coloño: Haz de cualquier cosa que puede ser llevado por una persona a la cabeza o a las espaldas.

Coquetazo: O cosquetazo, coscorrón.

Choquezuelas: Rótulas.

Desborregarse: Caer deslizando.

Empedernida: Endurecida, hecha como piedra.

En banda: Por la expresión marinera Arriar en banda que es: soltar todos los cabos. Así pues, "deshilachada".

Farfallón: Farfullador, chapucero.

Filástica: El hilo de que están compuestos los cordones de los cables, cabos, etc.

Guarín: Lechoncillo.

Guerrear: Arrastrar una embarcación las anclas, después de fondeada con ellas.

Guindas: Altura de los palos de un buque, hasta los topes o puntos.

Lapo: Cintarazo, bastonazo.

Macizo: Parrocha.

Maganos: Calamares. 

Magaña: Ardid, astucia.

Majal: Banco de peces.

Manjúas: Majal; cardume, la multitud de peces que caminan juntos como en tropa, banco de peces.

Masera: Artesa grande para amasar.

Mechinal: Habitación muy pequeña.

Móstrico: Monstruo.

Motil: Muchacho cocinero. 

Muergo: Molusco, llamado por lo común navaja.

Pallete: Tejido áspero de cordones de cabo.

Papuchada: Caricia debajo de la barbilla.

Pegotón: Impertinente.

Pejina: El hombre o la mujer del pueblo bajo de la ciudad de Santander, y otras poblaciones marítimas de la provincia, y lo perteneciente a ellos.

Parrocha: Sardina en salmuera, conservada en barriles.

Percha: Madero.

Pingona: Pingajo.

Pitarrosa: Legañosa.

Pitorruca: De pitorro.

Porreto: Una variedad en las algas marinas.

Quechemarines: Barcos de dos palos.

Raquero: Muchacho que se dedica al merodeo entre los buques de la dársena.

Raseles: Las partes que a los extremos de popa se estrecha el fondo de la nave.

Rema: Acto de remar todos los remos a la vez.

Rueños: Rodete para llevar pesos sobre la cabeza.

Rumantelas: Francachelas, parrandas.

Runflante: Rico.

Rutar: Murmurar, rezongar.

Sula: Pescado de bahía, pequeñito y plateado de color.

Surbia: Veneno.

Talayero: Atalayero.

Tamporete: O tamborete, trozo de madera que sujeta dos palos sobrepuestos.

Tanza: O tanzas, hilo de capullo o de cerda.

Taringa: Quizá, corrupción de 'taranga', especie de morcilla muy ordinaria.

Tolete: Estaca pequeña y redonda, fijada en el borde de una embarcación, a la cual se ata el remo.

Tuina: Especie de chaquetón largo y holgado.

Ufia: Vejiga inflada.

Ujana: Gusana, lombriz de la basa.

Venturauca: Vagabunda, dispuesta a realizar cualquier trabajo.

Voltejar: Navegar a (de) bolina.

Voquiblis: Palabrería.

Zuna: Resabio, mala maña o falsía de una caballería.

(...)

Son aproximadamente el 43% de los vocablos de Sotileza que convendría completar para su comprensión. Son curiosos porque así hablaban los pejinos y pejinas castizos de Santander y sus hombres de la mar. Muchas veces, se entienden por el contexto que es el que marca el significado. Son los vocablos o locuciones que solo tienen uso en un área restringida. Son los localismos de Cantabria. Pereda llegó al límite del realismo, convirtiendo el lenguaje en real a través del costumbrismo. Sin él, con seguridad desconoceríamos esa manera de comunicarse aquellos hombres y mujeres marinos que bregaron lo indecible en un medio hostil la mayoría de las veces para la subsistencia de los suyos. Los mareantes acuñaron su lenguaje.  
 

Pereda y la mar, Sotileza
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