domingo. 14.04.2024

Nelis

Entre las causas que nos degradan, ninguna tan avasalladora como el alcohol. ¡Ah, el alcohol! ¡La maldición más grande! Aunque con él se fabrican explosivos que en pedazos hace saltar a los hombres, nada como la malicia, que en silencio roba el alma y multiplica la carne podrida. Si queréis saber la salud física y moral de un pueblo, ved el alcohol que ingiere.

Enrique Diego-Madrazo (s. f. ¿1913?). Nelis. Obras de teatro sobre el cultivo de la Especie HUmana. Vol II (págs. V-95). Madrid: Biblioteca Ariel.

El drama Nelis es el título de una de las trece obras de teatro sobre el 'cultivo de la especie humana' del cirujano anatomopatólogo don Enrique Diego-Madrazo (Vega de Pas, 1850 - Santander, 1942) , y lo que reza la entrada de este artículo es la referencia textual del tercer párrafo de la Introducción que el pedagogo y eugenista mismo hace a su obra. El ilustre pasiego era un entusiasta, cada día en progreso, de la Eugenesia. Su lema era hacer hombres y mujeres mejores. Y sería la propaganda del teatro, según él, la que establecería y determinaría una nueva conciencia y un nuevo sentido común en la raza humana.

No conocemos todos los secretos de la impregnación sexual, pero la observación comprueba que el alcoholismo inveterado debilita y mata a todas las células de la economía.Lo cual no obsta para que una sencilla y accidental borrachera tenga eficiencia en el engendro. La inconsciencia inhibe a la imaginación, que debe estar sugestionada por la belleza para transmitirla mejor. Todas las fortalezas y debilidades de los sexos se concentran en el coito; y en la nueva vida nada surgirá que no esté allí presente. Si en el zoospermo y en el óvulo, va la síntesis de las energías orgánicas, es natural que la intoxicación perturbe el proceso evolutivo subsiguiente. El alcohol da origen a todas las decadencias. La tuberculosis no sería azote sin el alcohol. El bacilo de Koch se regocija y multiplica en la carne alcohólica. El alcohol nada respeta, y aún parece que se complace en humillar las más nobles funciones. Los retardos y desequilibrios del sistema nervioso de abolengo alcohólico se arrastran hasta dar en el manicomio, la cárcel y el sepulcro.

(Ibidem, VI)

Son palabras duras, y también sentidas. Conocía de sobra este problema en sus pacientes. Yo quisiera relacionarlo con el magnífico artículo publicado el día 30 de diciembre de 2013, un siglo más tarde, -"El alcohol deja huella en el ADN de los jóvenes"- según una investigación llevada a cabo por investigadores de la Universidad del País Vasco y de la Universidad Autónoma de Nayarit, de México.

Durante el siglo XIX, se mantuvo que consumir alcohol atendía a una circunstancia acertada -una juerga popular- sin más misterio. Por ejemplo, en el siglo XVII, el óleo sobre lienzo de Velázquez, Baco o Los Borrachos (1628/29), resultaba un uso lícito, de ninguna manera un abuso.

 

El arte de complicarse la vida

El avance en los sistemas empíricos del ADN ha cotejado la presencia en exclusiva de series definidas o transformaciones de un principio nitrogenado actual en una cantidad reducida y, no obstante, representante de la sociedad, lo que puede acreditar una lectura hereditaria que incrementa el alcoholismo definido o provocado por el mismo genoma. Así, es esta enfermedad la que más somete a la persona en Occidente. Es el arte de complicarse la vida. El ser humano se propone el sistema más sólido  de garantizar su propia muerte. El instinto de muerte que decía Nietzsche. El alcohol ciertamente es el mecanismo más completo para este destino y esta decisión de muerte. Sin embargo, nadie se considera alcohólico, lo cual nos permite alcoholizarnos sin alarmas ni censuras.

En 1884, el Dr. Jimeno de Erguvide -en el Centro Escolar Dominical de Pamplona- descifró a los trabajadores oyentes un poema, cuyo título significativo era Quien mal anda, mal acaba. [Diálogo poético. Quien mal anda, mal acaba. En La embriaguez y sus consecuencias morales y físicas (págs. 17-24). Pamplona].

Con un acento pedagógico, exponía con enorme dramatismo la vida de dos trabajadores amigos, Antonio y Juan. El primero, de carácter inseguro, dilapidaba sus pobres haberes en el bar. Soltero, residía con su madre a quien maltrataba y tenía en la necesidad. La pobreza de su autodominio le llevó a la muerte.

Al revés, Juan resultaba ser un obrero sacrificado que, siendo limitado su sueldo,  intentaba guardar a la semana unos céntimos, siendo su sueldo limitado.  Y, en vez de ir a la bodega, asistía a la clase de los domingos. Su moderación, su autocontrol y serenidad le posibilitaron asentar una familia, facilitándole también su mejora social y convirtiéndose en un pequeño empresario. Llegó así a relacionarse con los adinerados y elegantes poderes sociales.

Los higienistas, en el mismo comienzo del siglo XX, intentaban advertir al enfermo alcohólico del peligro en el que habían caído, pero caminaban con una intención caritativa. Iban a los presidios con sus disertaciones sobre lo pernicioso del alcoholismo, pero semejantes prédicas aportaban un retruécano doble, suponiendo que la delincuencia se deriva siempre de esa enfermedad y creyendo que esas naturalezas abocadas al fracaso pueden ser cambiadas  mediante la educación. Y, si así fuese, qué tipo de educación. Controlar para castigar no es. La palabra del poder no es sin actitud.

Los eugenistas

Así percibía el alcoholismo la jet culta de aquel entonces. Y Enrique Diego-Madrazo, nada paternalista e interesado  como el conferenciante anterior, nos cuenta que nunca tomó una evaluación quirúrgica sin relacionarla con el alcohol. Nos relata una experiencia, entonces conocida, que ponía al corriente de la trascendencia de esta lacra. En Nueva York hubo una mujer -Ana Juke-, origen de toda la violencia de los abismos. Del fondo de aquella dipsómana apareció un espectáculo de fecundidad patético, en donde rebosaban las abominaciones y las naturalezas penosas:

Esta monstruo dio una descendencia -durante cuatro generaciones que duró la casta- de mil doscientos individuos. Faltan en esta verídica historia los registros de la infancia, cuya mortalidad no bajaría del cincuenta por ciento. Los registros de la Policía nos indican que, de los mil doscientos, mil fueron malhechores, borrachos, pordioseros, vagabundos, criminales y locos. A Ana Juke la apellidaron madre de los criminales; y los yankis, que lo puntualizan todo, dicen que los gastos de justicia y cárceles ascendieron a un millón de dólares. En esta cuenta no entran hospitales, manicomios y Guardia civil (Enrique Diego-Madrazo: Nelis, 1913, VII).

Nelis

Como vemos, son dos concepciones diferentes. Don Enrique utiliza el recurso del teatro para educar, y piensa eugenésicamente. Incluso como un problema de Estado. Nelis, curiosamente un joven médico respetado es alcohólico. Inteligente, infatigable trabajador y admirado por sus compañeros, acabará con su existencia en

un ataque de alucinación con delirio de persecuciones (…), precursor del  delirium tremens con choque apoplético y muerte (Ibídem, XI).

Para terminar, otra lectura muy interesante es la novela naturalista La Taberna, de Émile Zola. Una lectura que a nadie puede dejar impávido, sin reflexionar ante este vicio y daño que aniquila.

Nelis
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