domingo. 14.04.2024

Los necios en la política acrecientan su absurdo

Solo nos queda una: pretender que los políticos se miren al espejo…, que sí lo hacen, pero con ninguna gana de ser serios y no defraudar al sentido común

El absurdo es la razón lúcida que constata sus límites

Albert Camus

Los muertos, los zombies y lo supermurientes autómatas que andan sin saber conducirse, y por otro lado la intransitividad ingenua de la inmensa mayoría de los que contemplamos el panorama -que no la panorámica, término más bello-. Esta intransitividad posiblemente sea lo que más duela. Nos informamos y nos afligimos con agravante, toda vez que nos deja como antes de habernos informado, o en otros casos con más endorfinas, después de los chascarrillos al uso y de las risas tontas que no vienen al caso. Esa es otra realidad. La de quienes nunca han salido de su terruño.

O sea que no solo a los poderes -Gobierno, políticos, grandes fortunas (perdón por el despiste), por ejemplo-, las infamias humanas, las degradantes calamidades del ser humano (degradantes para el que las padece y para los que las permiten) se las traen al pairo. Para cierta ciudadanía no dejan de ser mamandurrias; tienen caducado, sin saberlo, el caleidoscopio de su neocorteza cerebral.

Quienes vienen asaltándonos y saltando por cualquier barrera o sistema de barrotes no son peligro alguno

En proporción al tamaño de esta ignominia innombrable, pocos artículos de pensamiento leo. Algo alivian los reportajes de los periodistas que, digámoslo sottovoce -no vayan a enterarse los que manejan la libertad de expresión y también nos la censuren, pues andan perdiendo, al galope, la manija- magníficamente nos los dejan sus artículos, digo, para que podamos buenamente digerirlos.

Estas sangrientas concertinas que tanto dolor han llevado consigo durante 15 años, una libertad de sangre inaceptable para cualquier humano de cualquier signo y pensamiento, han sido retiradas y cambiadas por el ministro Fernando Grande-Marlaska.

En su día, el jefe de los obispos, Jesús Ruiz, obispo auxiliar de Bangassou, el 1 de julio de 2019 dio un paso al frente declarando que "Hay quienes se dicen cristianos y defienden las concertinas". No deja de sorprendente que esto saliese en los medios. Concertinas que no están ahí porque sí, sino que el problema es que bajo el manto de la utilización de símbolos religiosos, exista una tendencia de desleír y emulsionar opiniones y actitudes xenófobas, según el obispo de Mangassou, en la República Centroafricana.

Bastante y suficiente que un cabeza episcopal criticase en su día aquellas cuchillas, aquellas concertinas del horror de Melilla, devolviéndonos cierta esperanza perdida. Y su mensaje fue el mismo que el de ahora: Quienes vienen asaltándonos y saltando por cualquier barrera o sistema de barrotes no son peligro alguno.

Un poquito más podría ser que los poderes de la Iglesia se situasen, para no ser un mero tañido de campana y comprender la realidad transvasando sus razones y sus rasgos que la identifican -y los nuestros particulares-, en la cultura del profeta bíblico que hablaba y denunciaba la realidad en la que vivía, por inspiración divina, en nombre de Dios -ellos sabrán qué les inspira Dios-. Por ejemplo, el profeta Jeremías, uno de ellos, levantó al pueblo para romper las cadenas a los sometidos, a los subyugados, a los tiranizados, como constancia de su conversión. Porque 'profeta' oficialmente dice ser quien tiene videncia y vaticinio, pero si leemos los libros clásicos de Isaías o Jeremías, esos significados no tienen sentido, sino el de ser enviado, prediciendo y avisando de lo que puede pasar si seguimos por caminos torcidos.

Si existe alguna faceta de la vida diaria en la que no es posible el olvido, estaremos hablando de la política

¡¡VAYA VALLAS!!

Y aún así, también es cierto, y lo hemos visto, vemos y veremos, que a estas personas no les va a frenar nada. No tienen nada que perder. ¿La vida? Vienen aquí porque vivir es su país es miserable... Saben perfectamente que otros lo lograron a la cuarta, quinta o sexta vez y que para ello sufrieron muchas adversidades y desgracias. Llegan famélicos, pero tienen mucha fe en ellos, en una idea fija, en sus compañeros, en su familia que dejaron, en su corazón.

Una renuncia a seguir para adelante, aun con cuchillas, con golpes, cono miedo, sería para ellos un fracaso. E imagino que sienten además nuestra debilidad, nuestras contradicciones, a pesar de tener todo aquello de lo que ellos carecen. Y con eso, ninguna malandrinada, ninguna perversión, por mortífera que sea, tiene el suficiente poder para arredrarlos.

Lanza primero tu corazón y tu caballo saltará el obstáculo.

Muchos desfallecen ante el obstáculo. Son los que

no han lanzado primero el corazón.

Noel Clarasó

¡Qué complacencia!, qué falta de compasión la de los políticos -de cualquier Gobierno, algunos tan conservadores, religiosos y piadosos. Quién se atrevería a apostar en contra de cómo estarían las caras de ciertos chotacabras cuando decidieron poner las cuchillas mortíferas, dándose palmadas unos a otros en la espalda.

LA VALLA DE MELILLA

Si existe alguna faceta de la vida diaria en la que no es posible el olvido, en la que recapitular sea necesario para la no repetición de lo mismo, y recordar signifique traer de nuevo al corazón ya que las emociones son las que mueven a la humanidad, estaremos hablando de la política. Hace diez años aún recuerdo a Ruiz-Gallardón con gran satisfacción, riendo como ríe solo él, agitando los hombros y los labios fruncidos, con risa floja, pero desconociendo si la instalación de las concertinas barbadas de la valla suponen un posible fraude de ley.

Al taciturno y opusdeísta Fernández Díaz, satisfecho también del deber cumplido, con otra noche más de tranquilidad, y llegando al espasmo y al clímax político. Hace diez años, la valla de Melilla dio mucho de qué hablar. Y, sin embargo, da igual. Este poema de Patxi Andión, a pesar de la ausencia de su autor, parecería que nos animara a, en silencio, saber verdaderamente en dónde estamos.

«A quien corresponda…» (1968)

Madrid a 3 de septiembre de 1968

Ocho y cuarto de la tarde.

A quien corresponda:

Tened a bien recibir,

los que os llamáis hombres de bien,

estas palabras que escribí,

una mañana de mi ayer.

Ya que habláis tanto de Dios

y de justicia y de piedad,

al dar la luz en vuestro hogar,

quitáis a la sombra el derecho a hablar.

Os inclináis ante lo que brilla

y os negáis a dar lo suyo,

a los que sudan su vida en silencio,

bajo la sombra de una estatua.

 

A cada viejo dadle un recuerdo,

a cada niño una ilusión,

dadle al camino una pisada,

para que sepa a dónde va.

 

A cada boca dadle su hablar,

a cada herida su muerto,

forjad agosto si hay invierno,

cread un héroe si es que hay miedo.

 

A cada día dadle un porqué,

a cada grito su garganta.

No le quitéis frutos al sudor,

quitadle a la sombra su color.

 

¡Me da vergüenza vuestra luz,

que tanto alumbra y no limpia nada!

 

Y para que conste, así lo escribo,

en fecha y hora, arriba señaladas.

Patxi Andión

TRIQUIÑUELAS

El único del Gobierno sin responsabilidad alguna en el tema no podía ser otro que el presidente. Él no sabía ni que existían… Pero pide un informe -¿es que nunca se hizo un informe sobre esa arma mortífera?- a Interior acerca de los doce kilómetros de alambrada, cuando semanas antes ordenó su instalación.

Este no es el único ejemplo de desconcierto -más allá de las concertinas-, de mala praxis, de estar, si se está, a otras cosas. Entonces, lo más fructífero era la campaña de los dos años de gobierno, las europeas y por fin, las próximas generales. ¡Ay, si estos inmigrados hubiesen podido votar!

Solo nos queda una: pretender que los políticos se miren al espejo…, que sí lo hacen, pero con ninguna gana de ser serios y no defraudar al sentido común. Todos tienen una carrera, una competición, para ver quién es el más majo en los papeles de prensa, se pisan unos a otros y se dicen Y tú más, sin faltarles razón en este caso; y en esa cabalgadura alocada, los más empobrecidos, los sin techo y los sin nada ven cómo tiemblan sus pequeñas esperanzas…

Los necios en la política acrecientan su absurdo
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