domingo. 03.03.2024

El legado que nos ha dejado Jean-Luc Godard

Godard fue el último sobreviviente de aquella nueva ola, de aquel movimiento que cambió a mi generación y a las siguientes. Si por algo merece nuestra atención es sin duda por haber tenido un temperamento y una vocación irrebatibles en el cine, que ha hecho historia.

"La alegría no produce buenas historias".
"El que salta al vacío no le debe ninguna explicación a los que se paran a ver".

Inmensamente trabajador imparable y peculiar, el director de cine Jean-Luc Godard (1930, Paris - 2022, Rolle -Suiza-) también tenía ese sentido en la andadura de no estar o ir a favor del juicio o la valoración de los demás. Incluso en la propia Nouvelle Vague, la Nueva Ola, aquel movimiento de finales de los 50 que subvirtió el llamado Séptimo Arte y cuyo supremo ideal fue el derecho a significar y comunicar iniciativas, ideas o divulgaciones. Nuestro cineasta -acerbo e inefable- no reparó en sostener una confrontación con François Truffaut, su amigo, el otro lado del trabajo en equipo.

Dos enfants terribles, los egos, los divismo hacían que, por la más mínima cosa, saltasen más que chispas en el escenario de ambos. En el contexto de la deferencia o del autoagrado, Truffaut parecía no haber percibido nada; o todo lo contrario, haberse dado cuenta perfectamente de todo, y se propone realizar la cinta más sublime para los aficionados al cine, La noche americana. Truffaut se caracteriza en la película y como declaró aviesamente Godard, dejando aparte algún detalle o particularidad. La reacción de François Truffaut ante la censura de su amigo puso punto final a una buena relación entre dos cineastas, dos amigos y dos colaboradores. Si hubiera algo de bueno y enriquecedor en todo aquel lío, baste decir que aprendimos a saber más de uno y del otro, a través de sus contradicciones mutuas que ambos se echaban a la cara dado que, tratándose de dos monstruos en la crítica certera del trabajo cinematográfico ajeno, esencialmente tenían razón en sus críticas de manera que de la explosión y de las grandes fisuras, se originaron dos concepciones contrapuestas del cine que mantenían antiguas aprensiones, preocupaciones y monomanías, arruinando la visión en detalle de las películas de ambos. Los egos y la mala educación.        

Decir Godard es decir cine. Lo mismo que decir autoridad en este arte

Godard fue el último sobreviviente de aquella nueva ola, de aquel movimiento que cambió a mi generación y a las siguientes. Si por algo merece nuestra atención es sin duda por haber tenido un temperamento y una vocación irrebatibles en el cine, que ha hecho historia. Porque de personalidades como la suya sí puede esperarse también el ejercicio de la humildad cuando, después de haberlo ejercido y estudiado sobremanera, únicamente podía detallarlo como una ciencia oculta. Decir Godard es decir cine. Lo mismo que decir autoridad en este arte.

"El cine es lo único que nos ha dado un signo. Los demás nos han dado órdenes. El cine es un signo para interpretar, para jugar con él, y hay que vivir con él"
Jean-Luc Godard

Con Histoire(s) du cinéma o Al final de la escapada comienza el cine. También con unos cuantos más creadores. Respecto a Godard, se puede esperar cualquier cosa quizá, pero lo que le caracteriza más es cuando fija sus fotogramas con poesía, y cuando trabaja con empeño, persistencia y también paciencia. A lo largo de 64 años, el número de sus películas se había elevado a 96. No hay por qué contar las creaciones artísticas, pero la friolera de las suyas asciende a película y media al año. Trabajador.     

El legado que nos ha dejado Jean-Luc Godard
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