jueves. 30.05.2024

Émile Zola y La Taberna

La filosofía y escritura de Zola bebe del naturalismo del siglo XVIII, del utopismo rusoniano, defensor de que el trabajo y el comercio son los pecados que han causado la degradación del orden y de la misma naturaleza

La Taberna pone en valor la principal y crucial finalidad e intención de Zola de "dar al lector un fragmento de la vida humana", una parte en la que la vergüenza, el alcoholismo, la ociosidad, la indolencia, la apatía, la muerte y el fracaso sirven para mostrar a la protagonista principal -Gervaise- como la persona que va a realizar una acción lo suficientemente altruista en contra de la lacra del alcohol, y a favor siempre de la "moral en acción".

Émile Zola (París, 1840-1902) alcanza en 1877 renombre y reputación con esta novela naturalista, y es la vez primera en medio siglo que aparentemente queda relegado a un plano secundario Víctor Hugo -Los miserables-. Es el primer momento, además, en que un autor se inspira para fijar la experiencia obrera.

Sus detractores de entonces nunca entendieron que la primera causa o motivo del naturalismo era la observación y vivir lo observado

Conoce desde los diecinueve a los veinticuatro años la atmósfera miserable de los bas quartiers, trabajadores de la banlieue parisienne. Son años difíciles, de despreocupación y desventura, carentes de la capacidad de decisión, y con nulos horizontes. Un estancamiento inevitable... Aquí se ve obligado a instalarse como un vecino más en el cuarto estado. Francisco Caudet ve agudamente en esta expresión un paralelismo con la misma expresión en Fortunata y Jacinta (1887), de B. Pérez Galdós.  

Va a notar sin distancia alguna techos lóbregos e inhabitables, de la misma manera que miraba Gervaise, la protagonista: 

Y ahí, en el umbral, miró otra vez hacia arriba. Las fachadas del interior, cuatro fachadas regulares que cerraban el amplio patio, tenían seis alturas. Eran paredes grises, roídas por una lepra amarilla, con manchas estriadas por el goteo de los techos que se elevaban lisas desde el suelo hasta el tejado de pizarra, sin cornisas; sólo los canalones de bajada se acodillaban en los pisos, donde las cajas abiertas de los vertederos formaban manchas con su hierro herrumbroso. Las ventanas sin persianas, dejaban al descubierto sus cristales un verde grisáceo como agua turbia (...).

EL NATURALISMO DE ZOLA

Todo movimiento cultural o artístico que se precie ha tenido sus desencuentros desde su origen. Muchos estudiosos hay que han fundamentado al naturalismo desde el principio en sus raíces en la filosofía naturista. Sencillamente, por etimología. Se le debe hacer justicia a esos tres decenios que duró, que se autoexaminó y que fue fiel a sus principios. Evolucionó porque constantemente se autoevaluó. Sus detractores de entonces nunca entendieron que la primera causa o motivo del naturalismo era la observación y vivir lo observado. Sin embargo, a Zola se le calificó de cerdo, incluso ¿para disculparle? la propia Pardo Bazán, desconociendo que es una contradicción tomar como principio lo que solo es una consecuencia.

La filosofía y escritura de Zola bebe del naturalismo del siglo XVIII, del utopismo rusoniano, defensor de que el trabajo y el comercio son los pecados que han causado la degradación del orden y de la misma naturaleza, su naturalismo es una argumentación lógica entre el nervio natural positivo, aunque degenerado, y los aluviones sociales, aberrantes y vejatorios. Sus continuos altibajos producen fragmentos en la historia contradictorios entre la naturaleza y la sociedad, al menos aparentemente.

La novela, para él, debía exponer, revelar, la atmósfera del pueblo para saber expresar así los hábitos y las tradiciones y anomalías de esa sociedad. En la misma línea son las palabras del ilustre cirujano y pedagogo el pasiego Enrique Diego-Madrazo en su comedia Nelis, en donde denunciaba el alcoholismo:

Entre las causas que nos degradan, ninguna tan avasalladora como el alcohol. ¡Ah, el alcohol! ¡La maldición más grande! Aunque con él se fabrican explosivos que en pedazos hace saltar a los hombres, nada como la malicia, que en silencio roba el alma y multiplica la carne podrida. Si queréis saber la salud física y moral de un pueblo, ved el alcohol que ingiere.

Enrique Diego-Madrazo (s. f. ¿1913?). Nelis. Obras de teatro sobre el cultivo de la Especie Humana. Vol II (págs. V-95). Madrid: Biblioteca Ariel.

Sin embargo, en Zola el determinismo del ambiente tampoco es de tal manera categórico. La persona y su efecto sobre los recursos con los que cuenta. ¿Pesimismo realista? Todo está precisado y explicado por la esperanza del socialismo utópico o la del científico. La obra, como en toda su producción, tiene un objetivo y una mirada de reproche y acusación, cuyo blanco es la propia sociedad francesa de entonces, pero contemplada desde la correspondencia biunívoca:

El hombre no está solo; vive en una sociedad, en un medio social, y por consiguiente, para nosotros, novelistas, ese medio social modifica continuamente los fenómenos. Nuestro gran estudio reside, incluso ahí, en el trabajo recíproco de la sociedad sobre el individuo y del individuo sobre la sociedad.

Le roman experimental, Zola

En general, su obra naturalista puede ser valorada y examinada como el cuerpo exánime en la mesa de operación, científica y quirúrgicamente, extirpando todo aquello nocivo para la salud orgánica del enfermo, y la posible contaminación de su círculo.

Émile Zola y La Taberna
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