sábado 21/5/22

El doctor Madrazo, condenado a muerte (y III)

Este cirujano pasó por lo mismo que todos aquellos que se definieron partidarios y leales al Estado español. Sí, el anciano médico y cirujano, el sabio, el bienhechor de los suyos, de sus prójimos, el escritor, el autor de obras dramáticas, educativas, pedagógicas, sociales y eugenésicas.

¿Es por esto por lo que se le condena a muerte? Fué aliadófilo, pero no fué germanófobo, es decir, un enemigo de Germania, sino de su kaiser, de su ejército y de las provocaciones belicosas de aquel Imperio. Hoy ama al pueblo infeliz que padece a Hitler y a su nacionalismo socialista, un tumor mucho más maligno que los que con mano firme, vista aguda, nervios serenos y mente sabia extirpó muchísimas veces.

Roberto Castrovido, El doctor Madrazo condenado a muerte, 3-

IX-1938. El Diluvio. Barcelona.

La sentencia no se ejecutó, pero el hecho simple de haberla impuesto a tontas y a locas, desbaratadamente, sin atención a la ancianidad, a la eficacia de aquella vida del cirujano como a la bienaventuranza bien ganada de Enrique Diego-Madrazo bastaron para reprobar y deplorar el fascismo, poniendo en situación desairada la bestialidad, necedad y deshonor de la tropa nacional, así como de los foráneos que la aguijoneaban con su asistencia y lo facilitaban con material de conflagración.

También tuvieron respeto, simpatía y admiración para otro esplendor de Cantabria, Menéndez Pelayo

Tanto los liberales como los republicanos o los que tenían ideas avanzadas -los de la cáscara amarga, como se les llamaba en aquel tiempo, es decir, los anarquistas, pues los rojos aún no habían aparecido en la nomenclatura política con ese nombre- siempre respetaron a Pereda y sus novelas, a pesar de ser un diputado representante del carlismo. Y también tuvieron respeto, simpatía y admiración para otro esplendor de Cantabria, Menéndez Pelayo, al que, no obstante sus entorpecedores discursos y escritos acres y violentos contra los herejes españoles, se le votó como miembro de la RAE, y hasta los que no eran académicos lo aclamaron como su director, frente a Alejandro Pidal y Mon, su adversario en aquella disputa en la que este triunfó en 1906.

Sin embargo, el periodista Roberto Castrovido ha utilizado en el párrafo anterior las características que diferencian a la sociedad en progreso -como Diego Madrazo- de los que retardan el mundo, la evolución y las maneras y la alegría de vivir, esa sociedad solidaria del conocimiento. Ese párrafo nos ha hablado de los apoyos a causas nobles sin pedir nada a cambio, del altruísmo. Ahora sigue su relato con muchas preguntas indirectas sobre la injusticia del arrasamiento del golpe de Estado y que los republicanos nunca hubiesen permitido, precisamente por su ideología.

 (...) Jamás los llamados rojos hubieran encarcelado y condenado a muerte, a un anciano de 90 años y jamás hubieran atropellado groseramente a una gloria montañera bien conocida y estimada en Alicante, en Madrid y también Barcelona, de cuya Universidad formó parte [como catedrático de Patología Quirúrgica, en 1881]. Y es que los nacionales tienen una ignorancia cerril que les hace desconocer al joven y ya gran poeta García Lorca: al civilista [especialista en derecho civil], joven también, Leopoldo García-Alas García-Argüelles, -hijo del escritor Leopoldo Alas Clarín-, jurista y miembro del Partido Republicano Radical Socialista, fue fusilado por el bando sublevado en febrero de 1937.

Roberto Castrovido, El doctor Madrazo condenado a muerte,

Ibidem. 

Estos tres artículos sobre los últimos días y momentos de nuestro Enrique Diego Madrazo vienen a señalar que este cirujano pasó por lo mismo que todos aquellos que se definieron partidarios y leales al Estado español. Sí, el anciano médico y cirujano, el sabio, el bienhechor de los suyos, de sus prójimos, el escritor, el autor de obras dramáticas, educativas, pedagógicas, sociales y eugenésicas.

¿Quiénes fueron los ejecutores? Quienes ignoraban la ciencia y la poesía, quizás sabían posiblemente de los ancianos o peor de los jóvenes, pero su conocimiento fue empañado, en 1938, por su deterioro cognitivo. Sus groseros comportamiento y conducta con todos los que pudieron imaginarse o topaban en el camino y, sobre todo con personas de mérito, pero a quienes no estorbaba nada emplear su bestialidad innata y propia, algo patológica y mucho mantenida y fomentada por la tirria. Eran ignorantes, y repugnaban; fueron crueles, y detestables y malditos. Eran sobremanera, bajunos, bicharracos.

Bajeza, vileza, bestialidad, ignorancia... Son los atributos que se pusieron en ridículo, y en grado sumo, los nacionalismos, lo mismo que los católicos de nuestra provincia -hoy llamada Cantabria-, por su vocación de cooperadores espontáneos con los torturadores.     
 

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