lunes 10/5/21

Cuando una cáfila de corruptos condenan la dignidad e inocencia

La mayoría social no puede tomarse a engaño la patética frustración causada en la población y ciudadanía, explícitamente en los más empobrecidos.

"Había una vez una nación grande por su extensión y por su pueblo alegre y, sin embargo, injustamente tratado. Mayoritariamente sufría la miseria en las grandes periferias de las ciudades y en el interior profundo. Durante siglos había sido gobernado por la pequeña élite del dinero que nunca se interesó por el destino del pueblo pobre. Al decir de un historiador mulato, el pueblo fue socialmente «capado y recapado, sangrado y resangrado»".

Leonardo Boff (28-VIII-2016), escritor, ecologista y teólogo franciscano brasilero.

No fue un buen pronóstico el que presidiese por primera vez, en 1889, un general, tras el correspondiente golpe militar. De los treinta y ocho presidentes habidos desde el 15 de noviembre de 1889 hasta la fecha de hoy, Brasil estuvo presidido por nueve militares, sin contar dos juntas de gobierno en 1930 y en 1969, y tres presidentes sin tomar posesión. Fallecieron dos y el otro por un consabido golpe militar.  Antes de la primera cita, hace cinco años, Leonardo Boff estaba esperanzado:

No toda crisis, ni todo caos son necesariamente malos. La crisis acrisola, funciona como un crisol que purifica el oro de las gangas y lo libera para un nuevo uso. El caos no es solo caótico; también puede ser generativo. Es caótico porque destruye cierto orden que no atiende las demandas de un pueblo; es generativo porque a partir de un nuevo reajuste de los factores, inaugura un nuevo orden que hace mejor la vida del pueblo (Leonardo Boff, Koinonía, 2-VI-2015).

Dilma Rousseff, la presidenta de Brasil, fue derribada o derrocada por contrasentidos administrativos menores

Porque el paso del invierno al inicio de la primavera, aun costoso, cierra un "orden" privado y artificial que siempre ha empeorado la situación de los pueblos. Así, la táctica colonial fabricó una suerte de invierno coagulador de muchas iniciativas, trayendo sus últimas manifestaciones, del mismo modo, esperanza, alegría por vivir, alivio y un único pensamiento: la restauración de la liberación e independencia. Lo que siempre había sido, una tierra y un país independiente; era el 7 de septiembre de 1822, cuando se independiza de Portugal, y en 1888 la esclavitud se abole.  Valga decir también que, por causas que ahora pueden no venir al caso, Brasil es el único país del continente americano que no sufrió una guerra de independencia.

UN NUEVO AIRE FRESCO SOPLÓ HACE DIECIOCHO AÑOS

Recapitulando, entre presidencias democráticas, mediante las urnas, además de los golpes militares, diversas esperanzas se han ido sucediendo para los brasileros. Una de las más recientes ha sido la del presidente Luis Inácio Lula da Silva (2002-2010), del Partido de los Trabajadores, y la de su sucesora Dilma Rousseff (2011-2016), con un gobierno complicado, por una fuerte degeneración ministerial.

Sin embargo, la ira no es lo bastante, ni la angustia ante las ilegalidades y avasallamientos de todo tipo. La mayoría social no puede tomarse a engaño la patética frustración causada en la población y ciudadanía, explícitamente en los más empobrecidos. Esta expectación viene dada por el hecho de que si los brasileros fueron capaces de afrontar quinientos cuarenta y cinco años bajo el colonialismo y trescientos de imperialismo, ahora han gozado de la suficiente fe de vivir, como hace tantos años, en una soberanía fundamentalmente libre e independiente.

LA CORRUPCIÓN SE NATURALIZA Y SE DESENMASCARA EN BRASIL

La de estos últimos años se llama Petrobrás. La corrupción del petróleo, articulada alarmantemente a esta petrolera, de las más importantes del mundo. Los norteamericanos espiaron a Dilma y a Petrobrás, toda vez que poseía uno de los más grandes depósitos de petróleo y gas del mundo. Cuando la policía de Brasil comenzó a investigar, halló un formidable entramado de sobornados y corruptores, en donde estaban envueltos agentes de bolsa y cambio, sobresalientes organizaciones industriales y mercantiles, altos empleados jerárquicos de Petrobrás, políticos del mismo gobierno, y sectores del poder judicial. Todo este conglomerado corrupto favoreció expresamente a políticos -salvo plausibles excepciones- de prácticamente la totalidad de los partidos, que veían costeadas y apoyadas sus disparatadas campañas electorales con opulentas dádivas y gratificaciones, con dinero negro.

Se han acabado, solo por el momento, los movimientos sociales y la aspiración y el anhelo de que otro Brasil es posible

Dilma Rousseff, la presidenta de Brasil, fue derribada o derrocada por contrasentidos administrativos menores, sin haber habido el necesario equilibrio entre el esporádico desacierto o desatino y esa suprema sentencia. Sin embargo, la realidad esconde que esa confabulación es y ha sido una disculpa y una escapatoria para otros intereses personales. Últimamente se desenmascaró el verdadero pretexto del derrocamiento de Dilma por las conversaciones registradas entre líderes del Partido de Movimiento Democrático Brasileño -de centro- junto con otros del Partido de la Social Democracia Brasileña -en principio de centroizquierda, e inmediatamente apartado en la derecha- y un directivo de Petrobrás. Y no fue otro, más allá de lo que dieron en llamar 'irresponsabilidad fiscal' -debido a una desviación presupuestaria-, que el imperativo de alejar a la presidenta para atarugar la investigación de la que hablábamos arriba. La mejor manera, al parecer, de burlar los enjuiciamientos y los presidios era esa, atascar y atrancar lo que ellos veían como una "sangría desatada", según el senador corrupto Romero Jucá, de muchos millones de dólares conminando a la 'clase' política.

EPÍLOGO

Se han acabado, solo por el momento, los movimientos sociales y la aspiración y el anhelo de que otro Brasil es posible. Quieren volver -lejos de la demagogia- al hambre y a la miseria. Desean acabar con el acceso a la enseñanza técnica y superior de pobres y negros. Siempre les ha molestado la decencia y el bienestar social recobrados y restablecidos, que ahora se les veda.

Sus intereses canallas y roñosos contra la sociedad lograron algo inimaginable en un estado de derecho: dar un golpe al Parlamento de Brasil. Tomaron así el poder, siendo conscientes de que nunca lo habrían de lograr mediante las urnas. Porque, como arriba decíamos, contra Dilma Rousseff no se registró delito alguno y, en cambio, más de la mitad de los senadores que la juzgaron sí estában investigados, incriminados o inculpados por otros crímenes o delitos graves; sin embargo, Dilma fue compelida y castigada en el banquillo de los acusados por quienes habrían debido sentarse en él, entre ellos cinco ex ministros. En definitiva, una acción traicionera y malintencionada a la mecánica y a la actividad de las instituciones de Brasil, que a lo largo de decenios y no sin laboriosidad y denuedo había trocado en modelo de tolerancia y libertad estabilizadas en el conjunto del subcontinente americano. Utilizaron torticeramente una trampa de las normas que impulsó una pesada incógnita y negrura sobre un país sobrado de brechas sociales cainitas.

Sí, fue un día triste para Brasil. Un día que puede durar lo que dure. Lo que dure el pensamiento de mercado en donde se paga la salud, la educación universal. Todo. Durará hasta que se afiance la conciencia de que la honestidad no se compra, tampoco la unión de los desfavorecidos y empobrecidos. Tampoco, la dignidad. ¿Qué más da? Como canta el extremeño Pablo Guerrero:

(...) Ellos seguirán dormidos

en sus cuentas corrientes

de seguridad.

Planearán vender la vida

y la muerte y la paz,

¿le pongo diez metros, en

cómodos plazos, de felicidad? (...)

Pablo Guerrero, 'A cántaros', 1972

Porque lo demás -la decencia y la dignidad-, que no entienden, no se cuela ni por asomo en su administración, en su tesorería, en su caja, en su cuenta de resultados. El 31 de agosto de 2016 pasará a la historia de Brasil, y a la memoria de todos los que nos quisimos enterar de todo este proceso, como un día triste.

Nada va a mejorar el silencio dirigido a este 'dictador' insensible a las necesidades de los más pobres

Lo que nadie sabía en esa fecha es lo que vendría un poco más tarde, casi cuatro años y medio después. En una jugarreta del destino, nace dos días antes de llegar la primavera Jair Messias Bolsonaro, presidente actual de Brasil desde el 1 de enero de 2019. Al ser tristemente archiconocido, nada va a mejorar el silencio dirigido a este dictador insensible a las necesidades de los más pobres, a la necesaria transformación económica y social del país.  

A Lula lo metieron en la cárcel no por cohecho que, junto a otros varios cargos, le fue sobreseído. Alguno había, entre los jueces que sucesivamente le iban imputando hechos reprobables- que aún llevaba bien puestos los pantalones. A Lula da Silva lo encarcelaron sencillamente para cercenarle su derecho a volver a presentarse a la presidencia de la nación. A todas luces, su encarcelamiento había sido inconstitucional. Así lo pensaron incluso ellos, y se habían callado, cualquiera estaba convencido y sabía que iba a arrollar en las elecciones brasileras, por su carisma y su gran popularidad por los adelantos que había traído a la población más humilde de Brasil. Por eso lo encarcelaron.

Ahora solo queda atender a los movimientos que ya están sucediendo en el país, incluido el de los indígenas amazónicos, sin haber uno solo que no haya sido violentado y expoliado para que se marche, con amenazas y con la propia muerte. Una presión mediante el miedo y el desafío. Así, preparado el camino con el despojo de todas las plantas forestales y la selva limpia de gente y de todo tipo de vida habida y por haber, una vez que hayan sido aniquilados los cien grupos indígenas de la Amazonia, que aún viven en las tierras de sus antepasados, pasar a fuego la selva.

Cuando una cáfila de corruptos condenan la dignidad e inocencia
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