domingo. 14.04.2024

Cómo deben resultar las materias de Lengua, siguiendo el conocimiento científico (y II)

El número de vocablos nuevos y su aprendizaje no prosigue de forma igual a las etapas anteriores. En general, no nos exponemos a las palabras nuevas. No así un niño con cinco o seis años

Una pregunta de cabecera debe ser, por lo que nos atañe, si el análisis y el aprendizaje morfológico, léxico y sintáctico en Primaria sirve para colaborar ayudando justamente al proceso y evolución de la responsabilidad, de la respuesta y comunicación, del alumno. Desde el conocimiento del aprendizaje lingüístico, los resultados son claros y perentorios.

Escribíamos en la primera parte de este artículo, Acerca de la Didáctica (I) el fenómeno lector de los niños, cómo superaba vertiginosamente el número de libros leídos, no en un simple pasar de hojas, sino que, bien observados, no mentían. Y eran conscientes de la explicación en clase de los libros leídos. Además, lo cierto es que en 1º de Primaria pueden manejar un léxico de aproximadamente 14.000 palabras. En la ESO, 46.000. Al finalizar la educación obligatoria, han aprendido 46.000 palabras.

La media sería, 11 palabras al día. Es un avance progresivo, que se ralentiza a medida que los estudiantes se van especializando en los estudios y 'no hay tiempo' para la lectura.

Podemos conseguir las nuevas palabras, bien estudiando su morfología, su forma, bien mediante la reflexión

Cuanta más edad, menos palabras desconocidas o inéditas

Según sucede la vida, el número de vocablos nuevos y su aprendizaje no prosigue de forma igual a las etapas anteriores. En general, no nos exponemos a las palabras nuevas. No así un niño con cinco o seis años: aprende rápido porque se aventura continuamente a un elevado número de palabras nuevas que aprende y reutiliza, porque está orgulloso de haberlas aprendido.

Recuerdo la lectura de las mujeres en sus casas en los ochenta. Hacían sus faenas y leían, leían mucho. No me refiero a revistas, sino a libros. Me dio qué pensar. Lo cual contradice que el trabajo y la edad, el aumento de las percepciones, intereses, pueda ser causante del no hábito de la  lectura. Sí está en relación este decrecimiento, esta frenada, con planteamientos de otra índole, no querer aprender nuevas palabras para una expresión mejor o para abrir otras puertas y senderos, hasta ahora cerrados, porque como cantaba Pablo Guerrero: "Estamos amasados con libertad (...), pero ¿quién nos ata? Estamos hechos de nubes, Pero ¿quién nos ata?" No puede haber limitación alguna ante el hábito de la lectura cuando los mayores de 60 años se reúnen en grupos de lectura unos días a la semana. ¿Por qué esa intermitencia en la lectura, si cuando niños leíamos tanto?

No solo en los niveles de la Primaria es lícito leer. No solo esos niveles son los más superiores para desarrollar el precioso aprendizaje de palabras nuevas. Este aprendizaje impulsa increíble y considerablemente un adecuado dominio del vocabulario, directamente en cualquier confección lingüística y literaria, oral o escrita, regenerando y embelleciendo mediante el descubrimiento de la comprensión escrita como de la competencia lectora.

Podemos conseguir las nuevas palabras, bien estudiando su morfología, su forma, bien mediante la reflexión de que nuestra información respecto a las palabras queda guardada y atesorada en diferentes subcomponentes de vocabulario totalmente comunicados entre sí, e incluyen las fichas o las partes -los botones- de ese vocabulario, con una información única cada uno de ellos: sintáctica -gramática-, fonológica, semántica y ortográfica.

Cómo almacenamos el vocabulario en nuestro entendimiento

La información que tiene cada palabra, su código, es emblemática para la consecución de vocabulario nuevo. Las almacenamos de una manera íntegra o con su forma vicaria, de representación.

El niño tiene suficiente aptitud, talento e inteligencia para hablar, siempre que le dejen, sin coerciones, porque goza en su mente de un laboratorio efectivamente experimental

La segunda explicación es más asequible y, a la vez, es generativa, puesto que cuando obtenemos palabras complejas desencadenamos técnicas de descomposición de palabras compuestas por separado, en partes significativas. Y lo contrario, mecanismos de reincorporación de esos mismos morfemas antes separados, viéndolas ya representadas ahora las palabras íntegras, semántica y sintácticamente. Es decir, trabajando más las palabras, se fijan más.

Es un ejercicio, un juego, valedero para aquellas palabras acostumbradas y corrientes, para las menos comunes y para los neologismos que, con estas estrategias, el estudiante tendrá un menor recorrido de tiempo para ser depositados en su vocabulario.

Este ejercicio morfológico también se defiende y practica en el aprendizaje del español para alumnos no hispanohablantes, precisamente, al ayudar de una manera importante al progreso e incremento de la llegada y entrada a las palabras reunidas en el acervo léxico que todos poseemos en mayor o menor grado, de la creación de distemas semánticos y morfológicos entre esas palabras, y también un avance del ingenio para deducir, con mayor o menor destreza, el vocabulario necesario en momentos determinados, accediendo al entendimiento del concepto de unidad lingüística, a veces desconocido. Finalmente, agranda también el rendimiento de un vocabulario aceptable, mejorando la lectoescritura.

También en el campo de la enseñanza del español como lengua extranjera se ha defendido la idea de que “entrenamiento morfológico” contribuye a la mejora del acceso a los términos almacenados en el lexicón mental, del establecimiento de redes formales y semánticas entre esos términos y de las habilidades de inferencia léxica, que permiten comprender el significado de términos desconocidos; aumenta además la productividad léxica y, como muestran distintos trabajos experimentales, mejora la competencia lectoescritora.

¿Y cómo podemos aprender morfología?

Estas consideraciones sobre el hondo significado de los signos lingüísticos han querido aportar lo necesario al incremento de la habilidad que tienen para comunicarse los alumnos, y la indiscutible  necesidad de que la morfología sea parte no solo de Lengua Castellana y Literatura, sino también de las demás áreas.

De la misma manera que en las demás ciencias los alumnos llevan su cuaderno de campo en donde van reflexionando sobre sus hallazgos o sus dudas, es el ejemplo de cuando van a una excursión didáctica,  ¿por qué no sucede lo mismo con Lengua? Comprendida esta como algo interno a nosotros mismos, no es un montón de reglas y órdenes para escribir y hablar más o menos bien.

El niño tiene suficiente aptitud, talento e inteligencia para hablar, siempre que le dejen, sin coerciones, porque goza en su mente de un laboratorio efectivamente experimental, sin voluminosos recintos -solo su cuaderno y su lápiz-, y porque anda sobrado de ilusión y magia para poder universalizar lo que aprende.

Por ahí va la cohesión y fusión de la obligatoria evolución del dominio comunicador y lingüístico con la razón experimental, con la mayor defensa beneficiando la curiosidad que tiene el niño, que ha de destapar -aprendizaje por descubrimiento-, idear, imaginar, explorar, averiguar..., y no sola y únicamente repetir y reiterar, "volver al mismo camino", sin buscar más salidas.

Cómo deben resultar las materias de Lengua, siguiendo el conocimiento científico (y II)
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