domingo. 14.04.2024

Casandra, la mujer que entendía el lenguaje animal

Casandra encarna el sexto sentido y el lenguaje y comunicación de los animales sobre todo salvajes. Por ejemplo en los tsunamis. Suben monte arriba y se salvan

Casandra vio en sueños el futuro

En la sombra de una pesadilla Casandra leyó

los versos de ese poema que aún no han escrito

los dioses que, riendo, la hirieron con su maldición

Supo del hambre y de las guerras de siempre

de bufones celebrando el odio, bailando entre hogueras

de despedidas y de monstruos minerales

bebiendo insaciables la savia dulce del planeta.

'Casandra', Ismael Serrano

Casandra, Fedra, Hécuba, Ágave, Antígona, Electra, Yocasta, Clitemnestra, Medea, Andrómaca, Alcestis. Atrae considerablemente indicar el catálogo de las famosas mujeres mitológicas y muy valiosas, a pesar del pequeño número de tragedias griegas que nos acompañan a lo largo de la historia. Y sin embargo, no agobia ni tiene comparación en letra alguna, cuando el personaje y la vida de las mujeres en la comunidad ateniense eran insignificantes, dependientes y simplemente inferiores a los del hombre, aunque un común denominador caracterizaba las diferencias entre ellas.

Eran mujeres que ya endebles ya enérgicas gozaban de una increíble fuerza mental en su enorme actividad, contra la impasibilidad presunta y distinguida condición de su sexo. Un estereotipo, porque eran líderes, adalides en su sociedad, dentro del mito. Como hemos indicado, todas eran mujeres valientes e impactantes con una gran personalidad, con eso que llamamos ángel, un don especial y específico, y desenvueltas para emprender con brío cualquier propio proyecto, cualquier adelanto de su comunidad y de la humanidad en general, siempre en progreso.

La polis y la política confunden su eficacia y su eficiencia. Ya nadie deambula por sus paseos y arterias. Solo son un recuerdo, el desarrollo y la prosperidad volaron por la ventana

¿Cuál es el mito de Casandra? El don de Casandra, ¿qué interpreta su mito?

El mito no es solo parábola, alegoría, una quimera, un fruto de la imaginación, sino también algo a lo que se obligaron y consintieron aquellas antiguas sociedades para poder seguir viviendo y explicarse los actos humanos, es decir, una narración verídica y positiva, un conjunto de memorias de valor nada despreciable, porque provienen de la divinidad, y son paradigmáticas y emblemáticas.

El mito de Casandra, con ser una consideración fantástica y fabulosa como todos los mitos, es utilizado para retratar a quien supone que puede vislumbrar lo próximo más o menos inmediato, el porvenir, y no puede pararlo haga lo que haga. Ese era el don de Casandra, el de predecir el futuro. Pronosticó -también Laocoonte- la farsa, burla e insidia del artilugio del caballo de Troya, enorme y de madera, que guardaba en su vientre a unos cuantos soldados griegos que abrirían la puerta de las fortificaciones troyanas al ejército griego y sería el inicio de la derrota de Troya. Nadie le hizo caso.   

Casandra encarna el sexto sentido y el lenguaje y comunicación de los animales sobre todo salvajes. Por ejemplo en los tsunamis. Suben monte arriba y se salvan. En la última devastación de este tipo no aparecieron cadáveres de estos animales, excepto los domésticos.

El sentido de los mitos hoy  

Las singularidades y los pueblos en que el mito ha significado hasta hace poco algo con vida y hoy lo puede seguir significando, pueden ajustar arquetipos para sus hábitos y comportamientos y por ello conceder una interpretación relevante, una actualidad interesante, a nuestros días. Porque abrazar y abarcar el sistema y la capacidad que subsisten en los mitos respecto a las sociedades proverbiales no se basa únicamente en esclarecer una fase o un ciclo de la reflexión y razonamiento humanos a lo largo de la historia, sino que también se trata de englobar e integrar de una manera preferible ese nivel en el razonamiento actual, en la realidad de hoy en día.

Hécuba, reina troyana y madre de Casandra: El polvo, semejante al humo, en alas de los vientos, me roba la vista de mi palacio.

Coro: Se olvidará el nombre de esta región como todo se olvida, ya no existe la desdichada Troya.

Hécuba: ¿Lo habéis visto?, ¿lo habéis escuchado?

Coro: ¿El fragor de Pérgamo al derrumbarse?

Hécuba: Tiembla la tierra, tiembla la tierra al desplomarse toda la ciudad...

Eurípides, Tragedias.

Este paisaje nos es vecino. Entonces, por la Literatura, cine, etc. Hoy, por las actuales Gaza y Cisjordania. Cuántos historiadores e historiadoras no habrán vaticinado ya esta situación real y actual. Como la situación de Ucrania y su capital Kiev. Dos dramas trágicos que el futurólogo con más visión no hubiese podido imaginar. Las ciudades que ya no pueden ser. Escalofriantes realidades que no pertenecen a una transformación ideal, a un cambio natural, a algo que evoluciona, sino a una invasión, a un asalto de miseria y decadencia, de lo yermo y desmantelado y viejo.

La polis y la política confunden su eficacia y su eficiencia. Ya nadie deambula por sus paseos y arterias. Solo son un recuerdo, el desarrollo y la prosperidad volaron por la ventana y anidaron en su lugar las corrientes más frías y pesadas de la asfixia y la náusea en nuestros días y horas, porque lo que venga más tarde difícilmente puede ser mejor. Nos queda la muerte horrorosa, o la esclavitud.

Casandra, la mujer que entendía el lenguaje animal
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