domingo. 14.04.2024

¿Se aviva la inteligencia cuanto peores son los tiempos?

Taxativamente, la inteligencia se demuestra en sistemas incluso antagónicos conforme a la cultura y saberes en que aquella despunta y se va educando

Veo amanecer, lluvia de cristal

 
Si la inteligencia, ante todo, no es más ni menos que la capacidad que poseemos de comprometernos y responsabilizarnos con los apuros inaplazables y apremiantes de nuestro entorno, no dependiendo de esas prisas, sino venciéndolas con nuestra inteligencia y sentido de descubrimiento e imaginación, el conocimiento y la sabiduría que nos trueca en propietarios o titulares del universo, del mundo natural, es una contestación del conocimiento a la naturaleza, tal que, en su espíritu, la argumentación del Neandertal en el momento que imaginaba y hacía dispositivos, ingenios o utensilios mortíferos de pedernal. (Doc. Cedri).

Porque, ¿nuestro cerebro cómo se maneja? La neurobiología enuncia que se las arregla disponiéndose a la manera de un sistema precintado, como una práctica de gobernanza que posee diferentes dependencias con directores que desempeñan deberes como procesos variados y múltiples. Aproximadamente, como cuando escuchábamos un antiguo anuncio publicitario "Un año calentando el ambiente... Yo no soy tonto". Así, se nos despierta y activa el 'polímero publicidad', cuyo especial fundamento son identidades multiplicadas y ordenadas, como una oficina que alumbra a las demás agencias. Y cuando gritaba "¡15 años. La vamos a liar parda!", todo el mundo podría percatarse de que así era, que se refería a unas tiendas de electrodomésticos y artículos tecnológicos, nada más, que no se estaría refiriendo a la política, durando tanto en liarla.

Porque no somos robinsones. Más bien, acordonados con los demás, estamos zambullidos en nuestra propia cultura, somos descendientes y sucesores. Y los libros, por ejemplo, son el vehículo de ese patrimonio.

De esta forma, finalmente la imagen de los anuncios es correcta. Y como se están dando ya esas figuras publicitarias, la sección de registro y 'reconocimiento' ha averiguado una prueba que pueda haber intentado inquietar a este paradigma. Sí, pero no todo sistema, dirección o símbolo es registrado ni es aludido o no se singulariza de igual modo a nuestro alrededor y menos en un entorno más lejano. Cuando hemos creído algo diferente a lo que decimos, más pruebas y razonamientos hemos tenido los grupos culturales y sociales para blandir cualquier alegato que pueda servir para agarrotar y sojuzgar a quienes no piensan lo mismo que nosotros.

O cuando alguna vez nos quebramos de repente en una furtiva lágrima fugazmente -baja la cabeza-, con esa reminiscencia que choca con la niñez o, lo que es lo mismo, la infantil adolescencia, confiándonos a nosotros mismos nuestras pesadillas de seres erráticos en la vida, en esos momentos de hambre e inapetencia todavía podemos gozar de los libros. A pesar de la eventualidad de que resulten una cruel pesadumbre cuando se proclaman de poder y control totales, cuando se hace necesario vitalmente desprenderse de ellos. Valen la pena si son dialogadores entre cualquier espacio y tiempo, y aparecen como un estimulante mental, incomparable.

Porque ¿la inteligencia puede medirse como una potencia más o un impulso somático cualquiera? Taxativamente, la inteligencia se demuestra en sistemas incluso antagónicos conforme a la cultura y saberes en que aquella despunta y se va educando. Es indudable que si sostenemos y permitimos sobradamente la categoría síquica del genio y el talento, nos enrocaremos contrariados y malogrados. Los alegatos científicos para un espacio preciso  se transforman ridículos. 

Es indiscutible que si mantenemos y admitimos excesivamente la naturaleza psicológica del talento y de las capacidades, nos enrocaremos desilusionados y frustrados

¿La inteligencia se puede medir como se computa una potencia o un ímpetu somático cualquiera? ¿O taxativamente la mente se evidencia en estructuras incluso contrarias conforme a las culturas y conocimientos en los que aquella brota y se educa? Es indiscutible que si mantenemos y admitimos excesivamente la naturaleza psicológica del talento y de las capacidades, nos enrocaremos desilusionados y frustrados. Las pruebas positivas para un universo concreto se vuelven estrafalarias e insignificantes mientras nos esforcemos en tratarlas en otro cuyas coordenadas de observación y de señales sean diferentes.

Tras los ensayos de varios psicólogos -W. K. Köhler, entre otros-, se reconoce en los animales un género de inteligencia utilitaria y empírica. La humana, ‘en cambio’, se distingue de la primera por la aptitud de asentar vidas, coherencias frescas y jóvenes a través de las reseñas encontradas guardadas en el baúl de los recuerdos y porque el motivo de estas reorganizaciones no radica albergado necesariamente hacia la ejecución de las obligaciones instintivas -involuntarias e inconscientes-.
 
Por ejemplo, las paradojas, absurdos y contradicciones estriban en exámenes tradicionales de lógica o razonamiento dialéctico que motivan una solución manifiestamente falsa, a pesar de situarse ante ella sobre un principio perfectamente preciso y exacto. Un modelo de ello es el dilema del cocodrilo. A orillas del Nilo, un cocodrilo ha capturado a un niño. Noblemente, expresa al afligido padre retornarle al hijo, si puede ser capaz de descifrar lo que iba a hacer con él:

-¡Ay, vas a devorarlo! –solloza el padre.

¿Con la desesperación ha perdido el oremus? Al revés, porque respondiendo así, si el despiadado reptil se come al niño, su padre lo ha vaticinado y precisamente ha de devolverle su botín. Y si lealmente el cocodrilo determina devolverle, el padre no ha atinado, pero el reptil ha desaprovechado también su comida. Asediado con esta vicisitud, el cocodrilo escoge devolver al pequeño.

En tiempos de penuria se aguza la inteligencia. ¿A quién no le gustaría ser delfín? Este pez ficticio es simplemente excepcional y admirable. Se le consigue instruir y dirigir tan correctamente o incluso mejor que al caballo y al perro. Descifra bastante acertadamente, manifiesta que aprecia y estima y que tiene imaginación. También, conversa con sus semejantes valiéndose de una lengua de sonidos. Es un sonar vivo. Los humanos hasta imaginan servirse de él para sus guerras. Si este cetáceo atesora tanto conocimiento y razonamiento como se supone, se opondrá y lo rechazará.

A lo largo de la historia, y en cuanto a la inteligencia y su futuro, si esta se ha originado a partir del ser vivo, obedece al indiscutible requisito biológico de la protección y supervivencia de las especies biológicas, amenazadas por las fieras crisis del medio cultural, económico y social en donde se encuentran. ¿Será el final? Los instrumentos que han provocado su evolución siguen indudablemente trabajando e influyendo.

Si analizamos la evolución del mono y del niño, hay un instante en el primer año donde el animal demuestra estar más provisto que el bebé. Pero el mono termina establecido en una etapa, en cambio el hombre avanza y pronto desarrolla la distancia a través de sus éxitos (Doc. Time Inc., 1976. Ralph Morse).

Este adelanto en la inteligencia es imperativo para la perduración y conservación del género humano

Este adelanto en la inteligencia es imperativo para la perduración y conservación del género humano. Y el progreso de una humanidad evolucionada y la actividad de las transformaciones que le sobrevienen deciden reclamar a los invitados a este mundo que parece girar rápido una ductilidad y tolerancia mental e intelectual siempre importante. Y aún así, considerando este vertiginoso avance, ¿los marcos de esa elasticidad de la inteligencia del hombre, aplicados por la heredabilidad, no se presentan señaladamente cortos en un breve período de tiempo?

La inteligencia está. Hemos observado hasta aulas llenas cargadas de ella en un orden latente: clases sobresalientes colmadas de seres vivos y despejados. ¿Son lugares en los que se polarizan los individuos armados de ella? Preexiste una herencia de la capacidad intelectual, y se dan asimismo las naturalezas indirectas y cercanas de la niñez: nutrición, medio. Un ambiente exquisito y fértil en estímulos sensoriales llega a aumentar lo que ha dotado en un principio la naturaleza. En el cerebro encontramos inmediato o contiguo a lo atávico lo que también se ha descubierto.

La historia del hombre es la del progreso de las virtualidades del cerebro, así nada nos permite hablar que hoy este se haya situado al máximo de sus expectativas. Su evolución adopta el florecimiento del progreso y el conocimiento, lo que revela que los críos de los pueblos más tribuales alcancen a ser semejantes al hombre más evolucionado.
 

¿Se aviva la inteligencia cuanto peores son los tiempos?
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