viernes 25/6/21

Trump dispara a la gente y no pierde votos

La democracia es un sistema tan imperfecto que le convierte en escenario perfecto para todo tipo de experimentos. Y el presidente número 45 de la Historia de los Estados Unidos es un gran experimentador. Por primera vez en la Historia, un presidente norteamericano prefiere ser esclavo de sus palabras a dueño de sus silencios.

La frase le pertenece a él mismo: “Yo podría disparar a la gente en la Quinta Avenida y no perdería votos”. Presidente Donald Trump. Septuagenario, 1,91 de altura, tres matrimonios, cinco hijos y cientos de empresas. El planeta sigue girando con su parsimonia habitual desde su día 1 en la presidencia: viernes, 20 de enero. Nadie ha pedido que se pare el mundo porque desea bajarse.

Llega el presidente con nombre de ave de dibujos animados, Donald, y pelo casi del color del pato a la naranja. Hasta que Trump llegó al Capitolio, los presidentes norteamericanos se dividían en hombres de acción y hombres de pensamiento. Porque nunca una mujer ha alcanzado el Despacho Oval en el país más democrático del mundo. Curioso.

Llega el presidente con nombre de ave de dibujos animados, Donald, y pelo casi del color del pato a la naranja

Trump es hombre de acción, pero también de curiosos pensamientos. Amigo del enemigo secular de los Estados Unidos: el presidente ruso. Si el clásico dejó dicho que la guerra es muy importante como para dejarla en manos de los soldados, Putin y su amigo americano se comportarán amistosamente en las guerras que tienen a medias: Siria por ejemplo. No se harán daño. Solo harán negocio.

La democracia es un sistema tan imperfecto que le convierte en escenario perfecto para todo tipo de experimentos. Y el presidente número 45 de la Historia de los Estados Unidos es un gran experimentador, sin pasado científico y con un laboratorio cuyas fronteras coinciden exactamente con las de este valle de lágrimas que tan generosamente nos acoge.

Trump es un líder desmemoriado, dolarizado y ambicioso, que perdió las elecciones ante Hillary, pero las ganó ante el sistema electoral norteamericano. Otra de las imperfecciones de la democracia representativa: recibió casi 3 millones de votos menos que la demócrata Clinton. Pero la superó en delegados: 304 a 227. Un republicano que nos recordará acepciones impensables de la “res publica” (cosa pública) a la ya se aplica como su mandatario más importante. 

Por primera vez en la Historia, un presidente norteamericano prefiere ser esclavo de sus palabras a dueño de sus silencios. Él sabrá por qué.

Trump dispara a la gente y no pierde votos
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