viernes 18/6/21

Raza Nadal

La raza de Rafa no procede de extraños cruces, raros ensayos biogenéticos ni secretas técnicas de laboratorio. Rafael Nadal Parera, 34 años como 34 soles, nació alto, fuerte y rápido. Debió leer por algún lado el lema olímpico: “citius, altius, fortius”. Y se puso manos a la obra.

Rafa es raza aparte. La raza de Rafa es pura, caracterizada por su descomunal bíceps izquierdo, sus prodigiosos deltoides y su fabulosa voluntad. Si el tenista argentino de impronunciable apellido Schwartzman no le detiene en las próximas horas, la raza pura de Nadal podría exhibir en un París confinado su decimotercer Roland Garros.

Mientras España baja locamente su PIB, Rafa sube cuerdamente a la red para ganar su vigésimo Grand Slam. La raza de Rafa no procede de extraños cruces, raros ensayos biogenéticos ni secretas técnicas de laboratorio. Rafael Nadal Parera, 34 años como 34 soles, nació alto, fuerte y rápido. Debió leer por algún lado el lema olímpico: “citius, altius, fortius”. Y se puso manos a la obra.

El cambio de muñeca no era ninguna mutación genética, sino un inteligente cálculo de probabilidades del hermano de su padre

Su tío Toni le convirtió en un tenista zurdo, contra su voluntad de niño diestro. Aquella transformación fue el primer gran acierto de la vida deportiva de Rafa. Pero el cambio de muñeca no era ninguna mutación genética, sino un inteligente cálculo de probabilidades del hermano de su padre. Los zurdos son impredecibles en la pista. Tan impredecibles como el éxito mundial del manacorí.

La raza de Rafa no atañe a la veterinaria, ni siquiera a la medicina. Se trata de una implosión, hasta ahora desconocida, de un animal de 1,85 aplicando en cada golpe la técnica de la gota malaya. Rafa ha ido recortando simultáneamente su cabellera y sus pantalones y alargando la historia de una carrera quizás interminable. Su discurso no es su mejor recurso. Juega como los dioses, pero habla como los bachilleres. Es modoso, risueño y predecible.

Apuesten dólares Trump contra galletas Fontaneda a que, si alza de nuevo la Copa de los Mosqueteros, dedicará al mundo mundial ese manoseado “ni en el mejor de mis sueños lo hubiese imaginado”. Su ingenio siempre ha sido infinitamente menor que su revés a dos manos. El rey de la tierra batida puede batir todos sus récords. O bien ser abatido por Djokovic, el humorista que mejor juega al tenis en el mundo.

La raza de Rafa acabará extinguiéndose, lo mismo que el urogallo. Pero nadie sabe qué ocurrirá antes.

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