viernes 20/5/22

Nubes y sombras

Los laboratorios más prestigiosos del CSIC trabajan, sin éxito, en la averiguación de los ignotos conceptos que integran nuestra descomunal factura de la luz.

El precio de la luz sube a la velocidad de la luz. Pero en Cantabria la férrea dictadura del Comandante Nublado nos impide ver la luz del sol. Nubes y sombras. Cada día, desde tiempo inmemorial.

A Messi le acaba de enviar Laporta, a portes pagados, a la Ciudad de la Luz. Su deslumbrante juego eléctrico le permitirá pagar cómodamente la factura doméstica, en Francia sensiblemente más barata que en Barcelona. Como el corazón tiene razones que la razón no entiende, jamás sabremos la verdadera razón de ese cortocircuito presidencial que acabó con el 10 más grande de la historia del fútbol convertido en el 30 más inesperado.

El último, que apague la luz. O mejor, que la pague

Los laboratorios más prestigiosos del CSIC trabajan, sin éxito, en la averiguación de los ignotos conceptos que integran nuestra descomunal factura de la luz. Una tarea imposible si se tiene en cuenta que el tal recibo es el sumatorio de conceptos tan diversos y dispersos como el impuesto del carbono, la producción hidroeléctrica o la utilización del gas. No resultaría extraño que en ese formidable combo muy pronto figurasen variables como la marcha del Ibex 35, las expectativas electorales de Sánchez, el índice de vacunados con la pauta completa, las travesuras multimillonarias de José Luis Moreno, el Año Santo Xacobeo, la cuota de la costera del bonito, la edad de jubilación de Jordi Hurtado o las posibilidades de que Leonor, qué honor, reine-pero-no-gobierne algún día.

Aquel torpísimo presidente apellidado Zapatero dejó dicho, en un rapto de injustificable lirismo, que su mayor ambición siempre fue ser supervisor de nubes. Vil copia y pega del gran Ramón Gómez de la Serna, autor convicto y confeso de la frase. Zapatero fue un negro nubarrón que nos llovió a destiempo. Gómez de la Serna brilla con luz propia. Cuando pasen estos nublados de agosto, lo comprobaremos.

El último, que apague la luz. O mejor, que la pague.

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