sábado 8/5/21

Mamá, quiero ser youtuber

Un rubius vale por cien mil gabilondos. Un erupto de El Rubius comentando un videojuego vale más que cien sesudos videoblogs de Iñaki. El mundo al revés.

Hubo un tiempo en el que triunfó la inmortal Concha Velasco con su musical “Mamá, quiero ser artista”. Era el lejano 1986 y aquella comedia de la España sin internet revelaba el atrevimiento de una generación que apostaba por la farándula y desechaba los estudios de empresariales. Peor aún lo tenían los periodistas, cuyo desprestigio atornillaba aquella legendaria frase: “No le digáis a mi madre que soy periodista, la pobre cree que soy pianista en un burdel”.

Los jóvenes españoles quieren ser, sí o sí, youtubers. Por eso se acercan en rebaño al Rubius. Mientras él se aleja hasta Andorra

Hoy los jóvenes quieren ser youtubers. Sin dudarlo, sin pensarlo ni sopesarlo. Ya no quieren ser cardiólogos, psicólogos, profesores, centrocampistas del Atleti, analistas de riesgos del Banco Santander, funcionarios de Hacienda, pilotos de Ryanair, visitadores médicos, emprendedores ni chefs. Quieren un canal de youtube (léase iutiub) para abrirse en canal y opinar hasta la náusea.

Ya no quieren ser Sergio Ramos, Valentín Fuster, Alejandro Sanz, Arturo Pérez Reverte, el doctor Pedro Cavadas, Matías Prats, Ágatha Ruiz de la Prada, Javier Bardem, Albert Rivera, Garbiñe Muguruza o Rafa Nadal. Ni siquiera la polivalencia de estudiar Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos, tan predispuesta a resolver encrucijadas de caminos, mostrar canales multimedia y optimizar puertos USB les excita.

Su ídolo se llama Rubén Doblas El Rubius, 30 años y 40 millones de suscriptores para el gran prescriptor de la juventud española. Y el pobre Iñaki Gabilondo yace amortajado en el rincón de pensar. Un rubius vale por cien mil gabilondos. Un erupto de El Rubius comentando un videojuego vale más que cien sesudos videoblogs de Iñaki. El mundo al revés.

Los jóvenes españoles quieren ser, sí o sí, youtubers. Por eso se acercan en rebaño al Rubius. Mientras él se aleja hasta Andorra. No es que quiera tomar distancia, sino tomar aire fiscal. Hacienda le agobia. Una pena.

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