sábado 27/11/21

Laredo y Lardero: no le des al niño en la cabeza

Georgie Dann (léase yóryidan) nos hacía bailar el bimbó mientras devorábamos las grasas saturadas de los pastelitos Bimbo. Y se atrevía a espetar un “mecagüen tó” para quejarse de la presencia de suegra, mujer e hijos en el chiringuito veraniego.

El eterno francesito que hizo mover compulsiva y convulsivamente las caderas de toda una generación de españoles, cantaba lo siguiente: “no le des al niño en la cabeza porque está estudiando”. La melódica lengua de trapo de Georgie Dann, fallecido mientras le operaban su cadera, nunca confundió Lardero con Laredo. El presidente Sánchez, dueño de un “tumbao” envidiable, acaba de recibir sendas collejas en cabeza e hígado al desviar doscientos kilómetros al norte las condolencias por la desgraciada muerte del niño Álex.

Georgie Dann (léase yóryidan) nos hacía bailar el bimbó mientras devorábamos las grasas saturadas de los pastelitos Bimbo. Y se atrevía a espetar un “mecagüen tó” para quejarse de la presencia de suegra, mujer e hijos en el chiringuito veraniego. Pedro Sánchez baila cada día con la más fea de la actualidad y no se le perdona ni una sola colleja periodística en su ilustre cabeza. Porque él no estudia, tan solo gobierna.  

Georgie Dann nació en París, murió a los 81 años en una clínica de Madrid

Georgie Dann nació en París, murió a los 81 años en una clínica de Madrid y, por el camino, dinamizó al personal y aprendió a tocar el clarinete, el saxo y el acordeón. Sánchez es madrileño, no toca ningún instrumento y silba magistralmente mirando al tendido.

Georgie Dann sabía muy bien el riesgo que comportaba su cirugía de cadera. Pedro Sánchez conoce perfectamente los acantilados a los que se asoma un día sí y otro también. Georgie Dann tenía legiones de fans. A Pedro Sánchez le combaten centurias de enemigos. Como el palestino Yasir Arafat, el presi no pierde la oportunidad de perder sus mejores oportunidades.

Del gran artista desaparecido ya no podemos esperar su penúltima canción del verano. Del bello presidente sí aguardamos que armonice, por fin, letra y música. Y que no nos saque a bailar, claro.  

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