jueves 21/10/21

La radio

Frente a los miedos de comunicación, los radiopredicadores y los voceros que crecen como hongos y mueren al anochecer, sobrevive con su eterna mala salud de hierro nuestra admirable radio.

La radio ha contado que esta misma semana aún se han identificado los 2 últimos muertos de entre los 2.736 sepultados bajo las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001. Y queda por poner nombre y apellidos a más de 800 cadáveres de aquel monstruoso atentado que abrió definitivamente el melón internacional de la sospecha y cerró para siempre las cabinas de la tripulación de los aviones comerciales. Torres más altas todavía no han caído.

Esa radio ha perdido en unos pocos días a tres de sus voces más ilustres: Matilde Vilariño (100 años), Juana Ginzo (99) y Manuel Lorenzo (90). Voces que hicieron las veces de los memorables personajes de la radionovela de la España tardofranquista y predemocrática. Mujeres y hombres genuinamente machadianos que se paraban, como el poeta, a distinguir las voces de los ecos. Resultaba que ambas coincidían plenamente por ser las suyas propias.

En la Era del podcast, la radio se reivindica como el medio de comunicación más creíble.

En la Era del podcast, la programación a la carta y otras zarandajas periodísticas, la radio se reivindica como el medio de comunicación más creíble. Frente a los miedos de comunicación, los radiopredicadores y los voceros que crecen como hongos y mueren al anochecer, sobrevive con su eterna mala salud de hierro nuestra admirable radio.

Ese actor inmortal apellidado Sacristán se elevó hasta el sacerdocio con su prodigioso papel en “Solos en la madrugada”. Monólogos narcotizantes, mucha nicotina, voz de terciopelo y retrato insuperable de las noches radiofónicas. La radio española se apropió de las 24 horas al día mucho antes que las farmacias de guardia y las gasolineras de autopista. Y ahí sigue, zangolotina y  perfumada, poniendo un espejo al borde del camino que delate nuestros pasos.

Y nuestros traspiés, faltaba más.

Comentarios