lunes 17/1/22

Cantabriuca

La Cantabriuca compungida de los telediarios es la heredera forzosa de la provincia de Santander (La Montaña). La que parió tanto al desafiante Corocotta como a los hombrucos embozados que dejan en barbecho la tierra que les acabará enterrando.

Pobre Cantabriuca, abrasada por cientos de incendios provocados por los cantabrones de mirada oblícua. Ahora que volvían los osos a transitar el paisaje. Ahora que verdeaba de nuevo el Saja. Ahora que hasta cuatro campañas electorales llenarán el cestuco de las promesas. Cantabria es de nuevo Cantabriuca y vuelve a necesitar mimos. Los que le suele procurar Revilluca.

Tanta belleza nos perturba. Tanto sur nos confunde. Tanto monte colosal nos provoca. La Cantabriuca que echa humo en los telediarios no es la real. La real echa humo cuando piensa en los suelducos de sus jóvenes o en que seamos solo medio millonuco de almas. Antes de la quema, almas de cántabro. Ahora, pobres almas de cántaro.

Cuidar este pseudoparaíso aún sin perimetrar exige mentes preclaras, tipos corajudos y una sociedad permeable

Juan Rulfo dejó escrita una prodigiosa colección de cuentos llamada “El llano en llamas”. Esta semana pudo prender la inspiración de otra serie literaria: “La Montaña en llamas”, protagonizado por montañeses taimados, telúricos y torpucos. La Cantabriuca compungida de los telediarios es la heredera forzosa de la provincia de Santander (La Montaña). La que parió tanto al desafiante Corocotta como a los hombrucos embozados que dejan en barbecho la tierra que les acabará enterrando.

Cantabria vuelve a ser Cantabriuca. No es victimismo, sino autodefensa. Cuidar este pseudoparaíso aún sin perimetrar exige mentes preclaras, tipos corajudos y una sociedad permeable. Las castas descastan y nos desgastan. Los mismos perros con los mismos collares. Una tierra de camareros que brama por ser autonomía distinta y muy consciente de que sigue siendo distante. Un sur ciclónico que nos vuelve locos de atar.

El fuego purificador ha revelado una por una todas nuestras impurezas. El Roto, incombustible humorista apellidado Rábago y con casa en Cabuérniga, lo dibujó en “El País” con una retranca digna de mejores causas: “Con el viento sur, los ganaderos sacaban a las llamas a pastar el monte”. Definitivo. 

Ganaderos que lo ganan muy mal, sinvergüenzas de baja estofa y pirómanos hiperactivos han dado la vuelta al calcetín de la nomenclatura: Cantabria ha sido Cantabriuca de nuevo. El sufijo que nos degrada. Y el viento que tan poco nos agrada. Ahora que se anuncia su vuelta. Cantabriuca es un sinvivir.
 

Comentarios