miércoles 26/1/22

Cantabria ocre y azul

Este nuevo clima ya no nos procura el climax. Apuesta descaradamente por una tierra de camareros y hospederías. Menoscaba campesinos y ganaderos.

Santander se parece cada día más a Argel. No solo no llueve como antes, sino que ya no llueve. El agua no bendice campos y ciudades. Sencillamente los ignora. Una sutil forma de maldecirlos. Cantabria Infinita empieza a dejar de ser verde y azul para descender un peldaño en su invencible alianza cromática. Empezamos a ser ocre y azul.

Este nuevo clima ya no nos procura el climax. Apuesta descaradamente por una tierra de camareros y hospederías. Menoscaba campesinos y ganaderos. Sugiere que vayamos planificando asfaltar y edificar ese 52 por ciento sobrante del pantano del Ebro. Dúplex y apartamentos con vistas al mar muerto de Arija. Florecerán cientos de cabañas rurales alrededor de Cabañas de Virtus.

Este maleducado sol proyecta la alargada sombra de las restricciones en verano

Este maleducado sol proyecta la alargada sombra de las restricciones en verano. La población está persuadida de que el agua procede del grifo. La última crisis de abastecimiento se produjo en 1990. Ha llovido mucho desde entonces. Pero hace muchos meses que no llueve. Tenemos una formidable Autovía del Agua que no ha empapado suficientemente las conciencias. Un bien escaso al que le hacemos poco caso.

Al riego por aspersión le está sucediendo en pleno abril el obligado riego por depresión. Si las huertas hablasen, bramarían. Cantabria se desparrama en 5.321 kilómetros cuadrados tan diversos como dispersos, siempre ligados al secano. Porque el regadío nunca ha sido necesario, excepto en el gigantesco Valderredible, bendecido siempre por el Ebro. Valle ebrio de agua todo el año.

Cantabria reivindica borrascas, clama por uno de aquellos olvidados días enteros de “calabobos” y reclama lluvia como si no existiese el mañana. Nada más creativo que ese fino agua norteño, casi embriagador.  Nada más subyugante que una envalentonada lluvia disparando a discreción sobre coches, árboles, carreteras y ventanales.

Y nada más feroz que una sequía como la actual castigando injustamente  a una tierra feraz como Cantabria. Menos mal que Dios agrieta (la tierra), pero no ahoga. Que llueva como Dios manda.

Muchos niños de Cantabria nunca han visto una vaca con cuernos. Ahora empiezan a preguntar a sus padres qué es un paraguas. Palabra.
 

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