sábado 22/1/22

Bedoya y Pindado: ¡Cómo escriben los de pueblo!

Son un lujo. No asiático, sino cantábrico. Bedoya es un loco quinceañero de la prosa y un clarividente septuagenario de la vida. Pindado es un intelectual formado en Santander y reformado en Estados Unidos.

El sismógrafo de la creatividad se despertó sobresaltado  hace un par de meses: Bedoya, Juan G., y Pindado, Jesús. En la 4 y en la 6 del diario ALERTA, mano a mano, demostrando todos los días cuyo nombre acaba en s, más los fines de semana, lo bien que escriben los periodistas de pueblo.

Bedoya nació antes que Jesús. Juan en Tollo en 1945, Pindado en Beranga en 1948. Ambos tienen suscrito un sólido pacto de gobierno progresista de la república de las letras sostenido por una sola columna. Prodigio de la arquitectura periodística. Lo sabemos todos. Sin fecha de caducidad. Fiel mientras la sintaxis no se divorcie del talento.

Juan G. Bedoya estuvo tantos años tras los fogones del periodismo que sabe cómo ha de servir cada plato, hasta los indigestos

Son un lujo. No asiático, sino cantábrico.  Juan G. Bedoya escribe exactamente como nos gustaría escribir a la tropa en que nos convierte a todos los demás. Pero solo él lo consigue. Tiene amaestradas las oraciones. Ha dado con el punto de sal exacto de cada frase. Cocina párrafos exquisitos. Estuvo tantos años tras los fogones del periodismo que sabe cómo ha de servir cada plato, hasta los indigestos.

Bedoya es un loco quinceañero de la prosa y un clarividente septuagenario de la vida. Acaricia o abofetea, según convenga, con un estilo inconfundible que habremos de estudiar en la Universidad para no confundirlo con ningún otro. No es Paco Umbral ni lo pretende.

La elocuencia verbal de Pindado debería haber obtenido ya una pensión vitalicia

Pindado es un intelectual formado en Santander y reformado en Estados Unidos. Luce un formidable pertrecho y se le nota: el de la cultura libresca. Siempre le he afeado que sea el señor Settembrini de “La montaña mágica” vacacionando sin motivo aparente en esta provincia verde. Su elocuencia verbal debería haber obtenido ya una pensión vitalicia.

Aunque ni Bedoya ni Pindado son los padres del columnismo. Ese título subtitula cada una de las columnas en El Diario de mi amigo Manolo Alcántara, maestro sin recambio a sus venerables 88 años, abuelo socarrón y bisabuelo entusiasmado desde  el pasado 30 de enero.

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