domingo 24/10/21

Bares, qué hogares

Se equivocaron los tres de Gabinete Caligari. No hay como el calor del amor en un bar. Sería entonces, autoembriagados en los vapores etílicos de la movida madrileña.

Se equivocaron los tres de Gabinete Caligari. Los bares son hogares, más que lugares. Las barras de los infinitos bares de Cantabria levantan por fin su barrera a las cero horas de este primer jueves de octubre. Barra libre, el pueblo no se para en barras, llega la apoteosis. Vuelta al hogar.

Acertaron los tres de Gabinete Caligari. Bares, qué lugares tan gratos para conversar. No se conversa en verso, sino en prosa, atendiendo a la ingeniosa sentencia de aquel ministro apellidado Wert: “por encima de nuestro instinto de conservación, está nuestro instinto de conversación”. Los bares de Cantabria registran superpoblación de buenos conversadores. Cantarines, malhablados y dueños de una retranca memorable.

Se equivocaron los tres de Gabinete Caligari. No hay como el calor del amor en un bar. Sería entonces, autoembriagados en los vapores etílicos de la movida madrileña. Tierno Galván se nos ha quedado duro. Las calorías del amor se subastan ahora al minuto en el zoco universal de Instagram.

Acertaron los tres de Gabinete Caligari. “Mozo, ponga un trozo de bayonesa y un café, que a la señorita le invita este mesié”. La caballerosidad empieza por la repostería, continúa por el fino halago y acaba de madrugada en un hotel. Antes, ahora y siempre.

Se equivocaron los tres de Gabinete Caligari. El camarero está leyendo el AS con avidez. Los de la bandeja leen hoy en día más el Marca. Y acertaron finalmente los tres de Gabinete Caligari. Amor, aunque a estas horas ya no estoy muy entero, al fin llegó el momento de decirlo: te quiero. Bares como antesala de hogares.

En los infinitos bares de esa misma movida madrileña de Gabinete Caligari se recrió el talento descomunal de Sabina. Al cantautor y cantactor, recordman de España de bebedores de tequila, le asaltaban siempre las mejores letras acodado en la barra del garito de turno. Así pudo pagar este genial letrista todas las letras de su primer piso con garaje y trastero. Por algo no ha vuelto a salir de los bares.
 
 

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