martes 30/11/21

Siniestro total

Los resultados del 25S en la CAV y en Galicia fueron la excusa, sólo la excusa, de los barones del PSOE para precipitar un golpe de mano que habían preparado con tiempo.

Se demostró que la calle del medio por la que el PSOE llevaba tirando desde el 20D no era más que un callejón sin salida y las tensiones, hasta ahora más o menos soterradas, entre Pedro Sánchez y los barones ‘socialistas’ han acabado volando por los aires la ejecutiva federal del partido y quién sabe cuántas cosas más, porque esto no ha hecho más que empezar.

No fue necesario ni consumar el ‘sorpasso’ de Unidos Podemos al PSOE, bastó con tratarlo de igual a igual y con no regalarle los síes ni las abstenciones –algo que ya hizo hace dos décadas la IU de Anguita, aunque a la IU de Anguita nunca le dieron los números– para agudizar sus contradicciones hasta verlo sumido en la crisis más profunda que ha sufrido desde que hace cuatro décadas Felipe González, con la colaboración de oscuras fuerzas de uno y otro lado del Atlántico, arrebatara el poder del partido a los ‘históricos’ de Rodolfo Llopis en uno de los episodios clave de ‘nuestra ejemplar transición’.

El tono desasosegado de González delata que él sólo piensa en que a esos a quienes tanto debe y a quienes rinde cuentas no les bastaría con un simple “yo no tengo nada que ver con eso, eso fue cosa de Pedro Sánchez, que me engañó”

Los resultados del 25S en la Comunidad Autónoma Vasca y en Galicia –Elkarrekin Podemos y En marea, las respectivas marcas electorales de Unidos Podemos, superaron al PSOE en ambas comunidades y un Ciudadanos que amenaza ruina no obtuvo ni un escaño en ninguna de las dos– fueron la excusa, sólo la excusa, de los barones para precipitar un golpe de mano que habían preparado con tiempo y cuyo fracaso absoluto o relativo podría abocar al PSOE a una especie de guerra civil. Diga lo que diga el diario ‘oficial’, Galicia y la CAV no castigaron al PSOE por la “intransigencia” de Pedro Sánchez, como demuestra el que Ciudadanos, que votó sí a la investidura de Rajoy, no obtuviera ni un escaño en ninguna de las dos comunidades y sobre todo el que en la CAV el PSOE fuera superado por tres fuerzas –PNV, EH Bildu y la marca de Unidos Podemos– que votaron no a la investidura de Rajoy con tanta o más determinación que el propio Sánchez.

La tarde del 26 y con las tropas de los barones ya movilizadas, Pedro Sánchez ofrecía una rueda de prensa en la que hablaba claro por primera vez desde el 20D, presentaba los dos caminos –la calle del medio parece definitivamente cegada– que se abren ante el PSOE y daba a la militancia la posibilidad de optar por uno u otro. Pero la mañana del 28, Felipe González –el pilar maestro de la reforma del franquismo– le recordaba desde la radio ‘oficial’ que caminos, lo que se dice caminos, sólo hay uno y que además él –Sánchez– se baja en la próxima. Por la tarde, un recadero de Susana Díaz consumaba el golpe de mano en Ferraz con las 17 dimisiones de la ejecutiva federal que les hacían falta bajo el brazo. Ni una más ni una menos.

Felipe González había dictado sentencia con el estilo que le caracteriza: lanzando una advertencia en forma de supuesto desliz –“nunca hemos tenido peores resultados en el País Vasco, a pesar de las cosas que hicimos”– y quejándose amargamente de lo “engañado” y “defraudado” que se siente porque Pedro Sánchez le había asegurado durante una entrevista privada que permitiría seguir gobernando al PP de Rajoy y no ha cumplido su palabra. González sabe que nadie con un mínimo de dignidad se prestaría a pasar a la historia como el secretario general del PSOE que permitió seguir gobernando al PP de Rajoy, sobre todo cuando es plenamente consciente de que los barones se lo quitarían de encima justo después de haber hecho ese trabajo sucio. Pero a estas alturas todo eso le da igual. Su tono desasosegado delata que él sólo piensa en que a esos a quienes tanto debe y a quienes rinde cuentas no les bastaría con un simple “yo no tengo nada que ver con eso, eso fue cosa de Pedro Sánchez, que me engañó”.

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