martes 17/5/22

Calabria infinita

El del Alto del Cuco no es un caso aislado. Casos tan graves como el de Piélagos –o más– esperan su turno en otros municipios del litoral como Miengo, Argoños o Arnuero, porque el urbanismo cántabro ha sido un chiste. Creo que fue Patxi Ibarrondo el primero en referirse a todo esto como Calabria.

Lo escribía hace unos días Patxi Ibarrondo en su cuenta de Twitter: “Bien por el derribo del urbanismo ilegal y aberrante, como el Cuco. Creo que ‘La Realidad’ contribuyó a denunciarlo, y eso le costó la vida”. Poco después, las excavadoras comenzaban a demoler las 214 viviendas ilegales que el Ayuntamiento de Piélagos permitió construir en 2004 en el Alto del Cuco, con vistas a Costa Quebrada y al Parque Natural Dunas de Liencres. La broma –el derribo de las viviendas más una regeneración del Cuco que ha sido calificada de fraude por Arca, cuyos activistas pagaron hasta con cárcel su resistencia pasiva a atentados ambientales como éste– costará 3,7 millones de euros que adelantará el Gobierno autonómico, es decir los cántabros, y devolverá en diez años el Ayuntamiento de Piélagos, es decir los pielagueses, y no los responsables políticos que autorizaron la construcción de las viviendas ilegales sabiendo que lo eran.

Pero el del Alto del Cuco no es un caso aislado. Casos tan graves como el de Piélagos –o más– esperan su turno en otros municipios del litoral como Miengo, Argoños o Arnuero, porque el urbanismo cántabro ha sido un chiste. Un chiste como los que cuentan en televisión quienes sólo un año antes de la muerte de Franco sostenían que “en el gran campo de batalla mundial de las ideologías, tenemos que competir abiertamente con la nuestra, que no es otra que el pensamiento joseantoniano” y sólo un año después de la muerte de Franco –cuando las luchas soberanistas de otros pueblos obligaron al Estado recién ‘democratizado’ a abrir el melón autonómico– ya eran más autonomistas que nadie. Una, grande y lib…ertad, amnistía y Estatuto de Autonomía. Otro chiste.

El derribo de las viviendas más una regeneración del Cuco costará 3,7 millones de euros que adelantará el Gobierno autonómico, es decir los cántabros, y devolverá en diez años el Ayuntamiento de Piélagos, es decir los pielagueses, y no los responsables políticos que autorizaron la construcción de las viviendas ilegales sabiendo que lo eran

Autonomía para decir sí, bwana. Autonomía para funcionar como una subcolonia –una colonia de Madrid, que a su vez funciona como una colonia de Bruselas– de segundas residencias y turismo, que sigue siendo un gran invento. Cada vez menos vacas, cada vez menos fábricas y cada vez más carreteras que lo mismo te llevan a una urbanización a punto de ser demolida por orden judicial que a fiestas ‘de interés’ sin interés alguno o a puntos de venta de dulces ‘típicos’ menos típicos que esas gorras de chulapo que en Santander, pero no sólo en Santander, ya han desplazado a las boinas.

Lleva razón Ibarrondo cuando dice que el semanario que dirigía hasta que se lo cerraron contribuyó a denunciar esa realidad de Cantabria de la que nunca se habla en los platós de televisión en los que se ríen gracias, de la que casi nunca se escribe y de la que la construcción de viviendas ilegales no ha sido más que un síntoma y la punta del iceberg. Y cuando dice que eso fue lo que le costó la vida a ‘La Realidad’, que apareció y fue hecho desaparecer en los años más duros de la burbuja inmobiliaria, en medio de una ‘omertá’ mediática que sólo un puñado de valientes como Patxi se atrevieron a romper, con un coste muy alto. Creo que fue precisamente él el primero en referirse a todo esto como Calabria. Sabía muy bien lo que decía.

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