lunes 14/6/21

La zona Wi-Fi salvó mi cita

Siempre he oído decir entre mis amigos que la nueva forma de desconectar es conectándonos. Pensándolo en frío, cuánta razón tiene la frase

Por fin había llegado ese día. Estaba ansioso, incluso algo nervioso. Era la primera vez que iba a conocer en persona a esa chica con la que llevaba un mes hablando por WhatsApp. Yo siempre había creído que las relaciones a distancia nunca funcionaban, por eso me aventuré a iniciarme en el mundo de las redes sociales, así que me creé una cuenta en una red social de citas.

Me había tomado la libertad de elegir un restaurante en el que poder cenar tranquilamente, con música de fondo, un ambiente cómodo, y sobre todo romántico. Lo tenía todo medido, hasta el último detalle. Se trataba de un restaurante situado en el centro de Santander, con zona wifi, lo cual era importante.

Eran las nueve de la noche, apenas quedaban cinco minutos para que mi cita diese comienzo, y ya me sudaban las manos. Estiraba el nudo de la corbata, pues de los nervios sentía un nudo en la garganta que me ahogaba. Antes de que llegase mi acompañante, me hice mil preguntas: ¿Le gustaré? ¿Seré lo que busca? ¿Saldrá bien la cita?

Una vez sentados apenas nos mirábamos a la cara. Estábamos nerviosos y lo único que hacíamos era mirar la pantalla del móvil. No había conversación tampoco, pues todo lo que  habíamos hablado y todo lo que nos habíamos contado había sido detrás de una pantalla

Justo antes de que viniese decidí sacarle una fotografía a la entrada del restaurante, pues me resultó bonita, y por qué no, así podría compartirla con mis amigos a través de Facebook, y dar un poco de envidia. Gracias a la zona wifi del restaurante pude enviar mi imagen a mis colegas. Justo cuando estaba de espaldas sacando la fotografía, alguien me interrumpió colocando su mano en mi hombro. En ese momento, me giré para ver la cara de aquella desconocida. Cuando la miré a los ojos supe que era ella, era tal cual se había descrito.

Después de las presentaciones, tomamos rumbo a la mesa que había reservado. Una vez sentados apenas nos mirábamos a la cara. Estábamos nerviosos y lo único que hacíamos era mirar la pantalla del móvil. No había conversación tampoco, pues todo lo que  habíamos hablado y todo lo que nos habíamos contado había sido detrás de una pantalla.

Para romper el hielo nos hicimos un par selfies, para demostrar que estábamos pasado una bonita velada. Publicamos fotografías del restaurante al que habíamos ido, de lo bien colocada que estaba la mesa, el centro de flores, las copas llenas de vino; entre muchas otras cosas.

En un momento de lucidez se me ocurrió escribirla un WhatsApp, para animarla a hablar. Su móvil vibró sobresaltándola, y al mirar la pantalla una muesca en su comisura desvelaba una bonita sonrisa. A partir de este momento, todo fue viento en popa. La zona wifi salvó mi cita.

Siempre he oído decir entre mis amigos que la nueva forma de desconectar es conectándonos. Pensándolo en frío, cuánta razón tiene la frase. Gracias a las zonas wifi de los restaurantes pude conocer a mucha gente interesante, de todos lados, con diferentes gustos, lo que me enriquecía como persona.

Comentarios