lunes 23/5/22

La bellota de Schuman, 70 años después

Los gérmenes de la bellota de Schuman fueron diálogo, entendimiento y paz. Por este orden. Las primeras plántulas a cultivar fueron cooperación y sistemas democráticos que reemplazaran las dictaduras criminales. La atmósfera a respirar era el respeto a los derechos humanos. La hoja de ruta era la colaboración progresiva a partir de pequeños acuerdos, el ir poco a poco encajando bolillos, la solidaridad y un concepto novedoso, la subsidiariedad

Una bellota contiene el roble completo. En esencia, comprimido, potencial. Lo dijo Aristóteles. Vista con perspectiva de siglos, una bellota contiene además dentro de sí el bosque completo. Los siglos, los soles, las lluvias, los minerales del suelo y hasta las influencias lunares harán que la bellota inicial germinada se replique en cientos de robles y reproduzca su esquema hasta los extremos que alcance su capacidad. Vemos el bosque, pero todo salió de una bellota.

Hoy hace 70 años Robert Schuman, ministro francés de Asuntos Exteriores, pronunció un discurso que contenía ya toda esta fronda que es la Unión Europea, aunque comprimida y en potencia. En la época de la bellota de Schuman, Europa era una desolación. La locura criminal de la guerra había causado sesenta millones largos de muertos, además del hambre y la ruina más desastrosas. Hoy Europa vuelve a pasar por unas circunstancias terribles que no necesitamos describir a causa de la pandemia del COVID-19. 

Predominaron los cristiano-demócratas porque el coronavirus Hitler-Mussolini-Franco se había cebado con especial crueldad contra los socialistas

Los gérmenes de la bellota de Schuman fueron diálogo, entendimiento y paz. Por este orden. Las primeras plántulas a cultivar fueron cooperación y sistemas democráticos que reemplazaran las dictaduras criminales. La atmósfera a respirar era el respeto a los derechos humanos. La hoja de ruta era la colaboración progresiva a partir de pequeños acuerdos, el ir poco a poco encajando bolillos, la solidaridad y un concepto novedoso, la subsidiariedad. Schuman era demócrata-cristiano y sus interlocutores principales (De Gasperi y Konrad Adenauer) también. Henry Spaak, socialista belga, fue el otro gran artífice de la hoja de ruta. Predominaron los cristiano-demócratas porque el coronavirus Hitler-Mussolini-Franco se había cebado con especial crueldad contra los socialistas. 

Ahora, 70 años después de Schuman, Europa no precisa arrancar de una semilla, ni de una idea, ni del discurso de un ministro de Exteriores. Después de siete décadas Europa es una formidable construcción de valores, ideas, proyectos, instituciones, legislaciones, experiencias y buenas prácticas. Es una colosal floresta que sirve de ecosistema a más de 600 millones de personas. Si se lo propone, Europa tiene una potencia descomunal para salir de esta crisis reforzando sus vínculos y no abandonando a ninguno de los ciudadanos y las ciudadanas de cualquier condición. 

Ahora bien, los seres humanos no somos ninguna especie recién aparecida sobre la superficie terrestre y sabemos cómo nos las gastamos. Somos capaces de optar entre una cosa y su contraria. Tomaremos por tanto el camino que nos propongamos tomar, siempre es así. Los europeos de hoy podemos optar por dialogar, unirnos ante la adversidad, ayudarnos unos a otros, invertir nuestros esfuerzos en responder a los desafíos que nos afectan a todos, fortalecer nuestras prácticas de colaboración común, hacer frente a los retos del clima y de la salud del planeta, luchar por la biodiversidad.

Pero también podemos optar por lo contrario, en uso de nuestra soberana libertad. Podemos añorar las fronteras alambradas hasta los dientes, encender lumbres de nacionalismo, sembrar odios. Podemos incluso regresar a nuestra atávica costumbre de la guerra. Podemos volver a odiarnos hasta las últimas consecuencias. No somos, como digo, una especie bisoña en el planeta, sino una variedad de mamíferos bien experimentada. Sólo las cinco generaciones más recientes han desarrollado modelos elocuentes.

Ahora es evidente la necesidad de una política sanitaria común y de una ambiciosa política común de recuperación del actual nuevo desastre

A los setenta años de Schuman, pienso que el bosque político e institucional de Europa debe avanzar y no retroceder. Reactivar la idea de una unidad política, una Constitución continental, sin ceder ni un paso en las conquistas de valores humanos y derechos, el medio ambiente, la justicia social, la transformación de las tensiones en motivos para otra convivencia creativa, la igualdad irreversible de hombres y mujeres. Ahora es evidente la necesidad de una política sanitaria común y de una ambiciosa política común de recuperación del actual nuevo desastre.  

Cuando hace unos años se detectaron rebrotes de recelo y división en Europa, que ponían a prueba una amistad entre Francia y Alemania construida con tanto esfuerzo, surgió como respuesta publicar un manual franco-alemán de Historia para los estudiantes de los institutos de ambos países. Frente a la Historia, focalizada en la nación como arma de división y rivalidad, el manual franco-alemán pone el acento en la compleja amistad de los dos países que alumbró la integración de Europa. Capítulo fundamental de esa historia, el discurso de Schuman hace hoy 70 años. 
 

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