lunes 21/6/21

Avicena, filósofo del siglo X, ideó la cuarentena

Tuvo la genialidad de intuir, hace más de mil años, que algunas enfermedades se propagan a través de microorganismos y recetó en consecuencia que el método más eficaz para prevenir que un humano contagiara a otro humano, era establecer distancias entre uno y otro, aislarlos.

Al parecer, fueron mercaderes venecianos los primeros que se toparon con la palabra “arbi’iniya” en sus viajes por el interior de Asia y la trajeron importada Mediterráneo acá. Al parecer, también es posible que fueran los mozárabes de Córdoba los primeros que aprendieron la palabra “arbi’iniya”. En cualquier caso, unos y otros entendían el árabe, lo hablaban incluso; sabían que "arba" significa “cuatro”, que “cuarenta” se dice "arbain" y que un conjunto de cuarenta, se denomina una “arbi’iniya”. Una temporada de cuarenta días de aislamiento, una arbainiya, el primero que la puso en vigor fue el sabio persa-uzbeko Abu Ali Ibn Sina, que vivió entre los años 980-1037. En Occidente a este personaje le conocemos como Avicena.

Hoy todos decimos “cuarentena” para designar estos períodos de aislamiento que establecen las autoridades sanitarias de todo el mundo, aunque esta medida a veces dura más de quince días y a veces no llega a esa cifra.

La “arba’iniya”, “la cuarentena”, es una práctica con carta de origen oriental., una aportación al mundo de la cultura oriental, musulmana

Esta tarde, antes de salir a aplaudir a nuestros médicos y a todos los equipos sanitarios que colaboran con ellos, he estado pensando en la figura lejana de Ibn Sina. De Avicena. Un pionero de la medicina, una mente casi científica, casi moderna, en la cultura del siglo X y la primera parte del siglo XI.

Avicena fue el primero que estableció la idea de la “cuarentena” para prevenir la propagación de una enfermedad. Tuvo la genialidad de intuir, hace más de mil años, que algunas enfermedades se propagan a través de microorganismos y recetó en consecuencia que el método más eficaz para prevenir que un humano contagiara a otro humano, era establecer distancias entre uno y otro, aislarlos. Y que la duración de este aislamiento, debería ser de cuarenta días, seguramente recordando reminiscencias culturales y religiosas del Próximo Oriente. Así resulta que la “arba’iniya”, “la cuarentena”, es una práctica con carta de origen oriental., una aportación al mundo de la cultura oriental, musulmana.

De etnia uzbeka, este genio persa escribió en árabe. Era un musulmán. Me gusta escribir esta frase hoy aquí, en un momento en el que la comunidad educativa -todos formamos parte de ella, no solo los educadores, los padres y los abuelos, que eso va de suyo- estamos llamados a aprovechar la cuarentena para educar para hoy y para el futuro. Para extender los valores de la evidencia, para espantar, como si fueran pájaros de mal agüero, los prejuicios y la ceguera. Es bueno que reflexionemos sobre la horizontalidad cultural, la transversalidad de creencias, de los lenguajes. La convivencia de pieles de fieles diferentes, la estupidez de la red de fronteras. Tengo un amigo pakistaní, Abdul, que me ha avivado estos días la curiosidad intelectual sobre Avicena y ha ampliado mi educación informándome. La educación debe ser durante toda la vida, debe crecer cada día y debe ser cada día más colaborativa. El principio de que entre todos lo sabemos todo, cada día es más significativo.

Escribió que en el agua y en la atmósfera pululan organismos minúsculos, que son vectores de algunas enfermedades infecciosas

Físico eminente, pensador, astrónomo y escritor de la Edad de Oro islámica, Avicena se muestra a nuestros ojos como uno de los hitos descollantes en la historia del conocimiento. Se le ha llamado “padre de la medicina moderna”. Escribió que en el agua y en la atmósfera pululan organismos minúsculos, que son vectores de algunas enfermedades infecciosas. Defiende la prevención para conservar la salud: “La medicina es el arte de conservar la salud y a veces de curar las enfermedades que le sobrevengan al cuerpo”, definió.

Recomendó la práctica regular de un ejercicio físico suficiente para mantener el cuerpo en forma, también de la hidroterapia y señaló además que, para mantener la salud mental y somática, las dos armónicamente en una sola y al mismo tiempo, las relaciones sociales tienen una importancia suma.

De Avicena dicen las enciclopedias que fue un polímata, es decir, una persona con conocimientos científicos y humanísticos descomunales. Todos hablan de su enciclopedia “al-Qanun fi al-Tibb” (El Canon de Medicina) en catorce tomos, utilizada como manual médico hasta casi mil años después de su vida. Todavía hoy se considera una fuente valiosa para el estudio de la medicina.

En la Wikipedia leemos que describió con detalle un absceso denominado subfrénico, identifica la pleuresía, la mediastinitis, los dos tipos de parálisis facial, la sintomatología de la diabetes, la estenosis del píloro, la úlcera de estómago, la ictericia y sus variantes, las cataratas, la meningitis.

Explicó, en un tiempo tan temprano, el papel que tienen las ratas en la propagación de las pestes, indicó que ciertas infecciones se transmiten al feto a través de la placenta, puso en práctica, al parecer por primera vez, los tratamientos rectales con lavativas; descubrió que la sangre parte del corazón, va a los pulmones y regresa al corazón; expuso con precisión el sistema de ventrículos y la válvula del corazón; fue el primero que describió con precisión la anatomía del ojo humano e inventó la traqueotomía.

Aplaudimos a los médicos que estos días nos salvan la vida. Cumplimos a la vez con nuestra obligación cultural, que es también nuestra vocación, y nos complace poner el acento en los gigantes de la historia, a hombros de los cuales, se suben nuestros héroes de hoy y el sistema de conocimientos y pensamiento que disfrutamos y que viene de muy lejos. Ibn Sena, Avicena, es como decía, un hito gigantesco en este camino.

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