lunes. 04.07.2022

¿El vencedor? La Sexta

Las ideas son tan volubles como la intención de voto. Si las encuestas dicen que hay una tendencia, cambiamos de opinión en función de ésta. No se trata de convertirse en referente sólido de opinión, sino de conectar, de agradar al votante.

Corría el año 2001, tras el éxito de la primera edición de Gran Hermano quedaba claro que el éxito de los Reality Shows había llegado a España. Este fue el año en el que Operación Triunfo empezaba su primera edición. El concurso empezó a cosechar éxito de audiencia a las pocas semanas de empezar, llegando a records de audiencia en cada gala semanal. Los álbumes de las galas fueron publicados y debutaron entre los primeros puestos de lista de ventas obteniendo todos ellos números uno con discos de platino. Sin duda este era un formato ideal en el país de la “cultura del pelotazo”.

No saber música no era lo relevante, lo importante era la telegenia. A ninguno de los candidatos les pidieron años de estudio, sacrificio, dedicación...  “En unas semanas te enseñaremos todo lo necesario para cantar, bailar, ser una estrella… Sobre todo sé natural”.

Era “fast food”, usar y tirar, me compro uno y si no me gusta o se me rompe me compro otro.

El pasado domingo tuve una sensación muy parecida (salvando las distancias, por el tema) viendo el debate entre Iglesias y Rivera en La Sexta. Un formato ausente de crítica, de rigor, preparado para consumir, no para reflexionar, todo basado en la estrategia, es decir, la forma –importante- todopoderosa, por encima del fondo –esencial-. Cuando hubo incongruencias entre lo que promete/prometía su discurso y la falta de propuestas para la acción política, y/o la falta de propuestas desde que han llegado a los parlamentos o ayuntamientos, no hubo réplica por parte del entrevistador ni del contrincante.

Las ideas son tan volubles como la intención de voto. Si las encuestas dicen que hay una tendencia, cambiamos de opinión en función de ésta (o la omitimos, no sea que no guste). No se trata de convertirse en referente sólido de opinión, sino de conectar, de agradar al votante.

Muchos se preguntan quién fue el vencedor. Sin duda fue La Sexta. Batió records de audiencia y demostraron que son capaces de movilizar un país. Si algo quedó claro es que tienen la sartén cogida por el mango, y ésta no es otra que la de sus intereses comerciales y los de poder de influencia. Ese tipo de periodismo político hace más hincapié en las formas y el marketing –la imagen, los titulares estereotípicos,…-, que en el fondo –el qué, el para qué y el cómo- para la práctica política. Con la venta de este tipo de política/políticos de contenido “líquido”, matan dos pájaros de un tiro.

Es necesario que surjan nuevas ideas, nuevos políticos, nuevos partidos si los existentes no saben o no pueden adaptarse a los nuevos tiempos. Sin embargo, esto requiere un proceso de maduración, de aprendizaje, de demostración de que pueden ser una herramienta útil y fiable para la sociedad. Este proceso requiere tiempo, trabajo y mucho esfuerzo. Nos jugamos nuestro futuro y el de los que nos sucedan.

Siempre he sido más de Janis Joplin que de Chenoa. Que sepa apreciar a Camarón no significa que me guste Pitingo.

¿El vencedor? La Sexta
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