martes. 23.04.2024

El viaje a ninguna parte

Los pactos tras las elecciones son una probeta satánica. Nadie sabe lo que puede salir de ahí. Lo de un pueblo no vale para una ciudad, y lo de ésta no sirve para una región

El problema no es el número de tontos, es el puesto que ocupan en el ranking de las cosas serias. Cada minuto, quizá cada segundo, comparece un tonto en una entrevista, siempre relacionado con la política o directamente político. No tiene que saber nada en profundidad, basta con que pique un poco de cada plato y sea experto en condimentar patrañas. Ahí hay madera, ¡ay! No tiene que distinguir el adverbio del verbo, ni ambos de la interjección. Basta con que junte muchas palabras y cuadren de modo que suenen bien. Las olvida tras cerrar la puerta y después lo mismo dice cuatro que te atrapo. Éste es el problema de la res pública española (en el sentido más vacuno de la palabra; quizá asnal), que el nivel no da para alisar con llana y paleta la cara de hormigón que presenta la mayoría. No es extraño que el lifting esté a la orden del día en cada escarnio. Escaño, para ser exacto.

Se descojonan a mandíbula batiente para poner sus intereses, a veces abyectos, a resguardo. No importa el color ni la marca, interesa el poder

Los pactos tras las elecciones son una probeta satánica. Nadie sabe lo que puede salir de ahí. Lo de un pueblo no vale para una ciudad, y lo de ésta no sirve para una región. Lo venden como si fueran los acuerdos de las mil maravillas, cuando en realidad son los pactos de las mil cosquillas. Se descojonan a mandíbula batiente (necios pero con mala idea) para poner sus intereses, a veces abyectos, a resguardo. No importa el color ni la marca -es general en los partidos-, interesa el poder (nuevo catecismo: líbrenos Dios de un inepto con poder).

Es el viaje a ninguna parte, en el sentido menos cinematográfico de la cita. Aunque sí recuerdo que para la película del mismo nombre Fernán Gómez mandó buscar a Gabino Diego porque era el mejor para uno de los papeles. "Hay que llamar a Gabino que está en Australia, no se podía haber ido más lejos". En política es justo al revés: el que más cerca esté, sepa lamer los zapatos y sea zote de remate.

El viaje a ninguna parte
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