viernes. 24.05.2024

El tren chafa la fiesta política

Los políticos son clase. Porque hay algunos con ella –cada vez menos- y luego clase de políticos.

Volvían alegres los próceres cántabros; volvían casi zangolotinos, como niños con barbas y coletas, en la creencia de que Cantabria había estado en la cima de Fitur, esa feria turística donde políticos, adláteres y personal de distinto pelaje se embuten (dentro o fuera) viandas de la mejor calidad y privan del caldo bueno mientras circulan las cámaras y los selfies como ciudadanos de Tokio en el famoso paso de cebra.

Regresaban de viernes noche, como ‘travoltas’ sin la fiebre pero un día antes; todavía haciendo la digestión quien usara o usase el viaje para la farra, a lo cual no ayudaba ciertamente el traqueteo del tren resoplando por la vasta Tierra de Campos. Iban políticos, sí; pero también gente y pobre gente que de ninguna manera tiene merecido que el convoy se averiara en mitad de la llanura palentina. Los primeros, sí: porque están ahí para cambiar las cosas, bramar, patalear, manifestarse o salir en cueros a la calle en señal de protesta y parecen haberse acostumbrado a que el Gobierno central se cisque en Cantabria y además tengamos que pedir perdón.

Los políticos son clase. Porque hay algunos con ella –cada vez menos- y luego clase de políticos. En el segundo apartado están la mayoría, los que votan a pies juntillas las barrabasadas que la coalición mandante  lleva al Congreso y que, por acción u omisión, nunca son buenas para Cantabria. Porque las hay que benefician y mucho a las regiones de siempre, en tanto los próceres de aquí siguen ahí, como las vacas mirando al tren.

Probaron de su ricino al tiempo que Sánchez  se hacía una pasarela en Davos. En Cantabria preferimos otra forma del verbo dar: danos. Pero no hay manera de que Moncloa suelte el bolsillo para lo importante. Impertérritos siguen el tren y el Desfiladero, éste con las obras empantanadas y un escenario de la máxima peligrosidad: por esa garganta circula gente de bien, trabajadores y la ambulancia todos los días. Por el cielo va el Falcon y un helicóptero regional que tira anchoas y quesadas a la plebe: súbditos embaucados, también pisados, por la mentira.

El tren chafa la fiesta política
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