martes. 29.11.2022

Yo soy Pedro Sánchez y usted no lo es

El núcleo del regionalismo tiene un serio problema si piensa que a estas alturas del partido va a cambiar el resultado en los últimos minutos.

Sánchez es un mago de la política, pero tiene un hándicap: el truco, grueso y burdo, queda al descubierto en cinco minutos. Quizá menos. Unas veces habla Sánchez y otras el presidente –lo dijo Carmen Calvo– y en ese escenario permutado de la política se encuentra como Haaland en el área, es su hábitat, aunque diste mucho de ser el del PSOE de toda la vida, al que, como dijo Guerra a propósito de otro argumento, a este paso no lo va a reconocer ni la madre que lo parió. Problemas de Sánchez y sus satélites chupópteros; travestismo a la carta que, para más inri, lleva una alta dosis de soberbia: yo soy Sánchez y usted no lo es (interpretación del que escribe, él jamás lo ha dicho, pero puede deducirse libremente de algunas de sus representaciones estelares).

Con este Sánchez baila Revilla la yenka. Con el que se somete a un encuentro con medio centenar de ciudadanos anónimos en Moncloa que en realidad es un enjuague donde había cargos del PSOE, candidatos y simpatizantes. El purriego conocía (y conoce) la amplitud y profundidad del baúl de los disfraces del líder socialista, así que no parece efectivo, ni siquiera reivindicativo, que venga ahora a exigirle, por enésima vez, el tren, las infraestructuras y las cercanías ferroviarias; precisamente cuando todo está tan lejos del sentido común, incluido el del PRC, que endilga a su diputado nacional, y a otro del Parlamento cántabro, la función de presionar al ventrílocuo a cambio de los presupuestos nacionales de 2023. Tiene más fuerza Rufián parado en un paso de cebra.

El núcleo del regionalismo tiene un serio problema si piensa que a estas alturas del partido va a cambiar el resultado en los últimos minutos. Para empezar carece –el PRC– del activo del miedo escénico –ahora monopolio en exclusiva de ERC y Bildu–; para seguir está en fuera de juego –posición más influencia– y, para terminar, ha perdido los decisivos partidos de ida, en los que pudo votar no y se plegó. Veremos para qué.

 

Yo soy Pedro Sánchez y usted no lo es
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