viernes 20/5/22

Raíz cuadrada de 4.761

Ya sólo falta que la factura sobre la mentira retorcida del IVA en las mascarillas se la endilguen a cualquier transeúnte que pase por allí.

Ya sólo falta que el Gobierno de la nación comience a mirar las bocas de los ciudadanos, una por una, como si fuéramos jamelgos. Es de vital importancia que los Picapiedra comprueben, siempre por Ley, las muelas dañadas del populacho, no vaya a ser que se resienta la salud odontológica de la plebe y la muy tonta no pueda ni sepa comer.

Ya sólo falta que el Gobierno de la nación (pero qué nación, me dirían jocosos algunos de los miembros de ese Ejecutivo, tan divertidos) comience a poner termómetros bajo el sobaco de los ciudadanos para ver si tienen fiebre azul, naranja o verde. Como si fuéramos monos de Gibraltar, todos a saltar; eso sí, siempre por Ley. No importa si usted, entretenido viandante, tiene unas décimas de fiebre encarnada o malva, ese leve recalentamiento es cojonudo y podrá seguir caminando por la Rue Morgue con presunta salud de hierro.

Es de vital importancia que los Picapiedra comprueben, siempre por Ley, las muelas dañadas del populacho

Ya sólo falta que el Gobierno de la nación instale unos chivatos debajo de su cama para saber si hace el amor, o lo que sea, con garantías de protección e higiene. Si opta por el misionero o el camionero (tú encima mientras yo conduzco el colchón), si prefiere el examen oral o el escrito, si le gusta el cuero o la nata montada. Si conoce la raíz cuadrada de 4.761 y además sabe resolverla en el tiempo que le manden, no vaya a ser que disfrute demasiado mientras hace la cuenta.

Ya sólo falta que me lleven preso, por orden del Comité de la Verdad, porque los tres párrafos anteriores son ‘fakes’ (falsedades). Por haberme convertido en un columnista intrépido, irreverente, por no comulgar con la Única Mente, la que nos dirá, a partir de ahora, lo que está bien y lo que no. Lo que se puede hacer y lo que hay que deshacer. ¡Ay mísero de mí, ay infelice! Condenado a resolver aquella raíz cuadrada bajo la fría presión de una pared tatuada.

Ya sólo falta que la factura sobre la mentira retorcida del IVA en las mascarillas se la endilguen a cualquier transeúnte que pase por allí (no espero menos).

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