martes 26/10/21

Miedo

 Ahora que tanto se habla de los ERTEs y tan poco con justicia de los inertes, aquellos miles de compatriotas que vieron cambiada su identidad por un número, como si estuvieran a la cola del pan de Dios, es perverso, indecente, y hasta delincuencial, hacer cualquier llamamiento a que la vida sigue.

En ‘Open Range’ Kevin Costner y Robert Duvall hacen un juramento frente a una muerte que consideran segura: confesarse sus nombres. Habían cabalgado la vida, siempre en el borde de los terrenos de la parca, cuando consensuaron que, llegado el final, lo más importante, lo único a lo que aferrarse, es la verdadera identidad de cada cual, para no convertirse, quizá, en el hombre sin nombre que tanto preocupaba a Leone.

El motor de esta España de buenos y malos no arrancará hacia el unísono mientras el reconocimiento de todo lo sucedido continúe fuera del cuadro de la nueva normalidad

Sea en Sad Hill, en Roma, en Sonora, en Almería o en Big Whiskey, nadie debiera partir hacia la negra parcela de la luz blanca sin que quien le estrecha la mano en el último aliento sepa su nombre: quién fue, cuáles fueron sus sueños y dónde entregó su primer beso.  Ahora que tanto se habla de los ERTEs y tan poco con justicia de los inertes, aquellos miles de compatriotas que vieron cambiada su identidad por un número, como si estuvieran a la cola del pan de Dios, es perverso, indecente, y hasta delincuencial, hacer cualquier llamamiento a que la vida sigue. Creo que se detuvo con la primera víctima y que el motor de esta España de buenos y malos, de coloridos fuertes y tenues, de idiotas, pelotas e imbéciles gráciles, no arrancará hacia el unísono mientras el reconocimiento de todo (todo) lo sucedido continúe fuera del cuadro de la nueva normalidad.

Y así, con el vino convertido en vinagre, las uvas en pasas y el amor en dolor, con una balada de M Clan en un auricular y el estribillo más macabro de Black Sabbath en el otro, lo único que la población puede distinguir es el miedo. No tanto a perderse sin reencontrarse, no tanto al sufrimiento propio, no tanto a los periódicos de mañana como a las noticias de las tres. Ahora que el debate más serio sobre la crisis es el que han mantenido Jorge Javier y Belén Esteban, que el temor es insaciable, sigue ganando el miedo de volver a los infiernos, miedo a que me tengas miedo, a tenerte que olvidar; de quererte sin quererlo, de encontrarte de repente, de no verte nunca más.

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