viernes. 24.05.2024

La vista gorda

A poco más de medio año para la cita electoral, el purriego aún no ha soltado amarras con su socio, que es lo que suele hacer cuando huele a comicios y necesita afianzar las siglas regionalistas por encima de las socialistas.

Revilla lleva semanas mostrando la patita en apoyo de Sánchez, con cuyos subalternos gobierna Cantabria en un vals de conveniencia. El mismo Sánchez que incumplió todas las promesas de campaña, el que no podría dormir con Podemos y fue Iglesias el que abandonó el catre, el mismo que veía rebelión sin ambages en la declarada república de juguete y después indultó a los ensoñadores, idéntico al que ha acercado los presos al País Vasco sin necesidad de que, por lo menos, se arrepientan.

Revilla ha ligado su futuro al PSOE, con cuyo líder regional compite en los concursos de jota y también en duelos fotográficos: a ver quién sale más, y también más guapo, en las múltiples jaranas y chuflas regionales. Debe ser que las encuestas internas todavía dan 18, la suma que renovaría otros cuatro años el Gobierno regional-socialista, pintado de claroscuros y con mucho gris tirando a azabache. 

El caso es que, a poco más de medio año para la cita electoral, el purriego aún no ha soltado amarras con su socio, que es lo que suele hacer cuando huele a comicios y necesita afianzar las siglas regionalistas por encima de las socialistas. No digo que vaya a ser así todo el tiempo, pero tal parece que el papeluco fuera de liar y ambos partidos se hayan cogido un globo de maridaje táctico, técnico y tácito, con las obras por hacer y cuatro perras consignadas en los presupuestos del Estado para obras que cuestan miles de millones (en la pasiega pace un burro y el tren, al tran tran).

Revilla, onírico, sueña una suma y con eso le vale. Ha adoptado la terminología progresista (véase el último Hormiguero) y no distingue ninguna viga en el ojo de Sánchez, tan avizor como incumplidor de sí mismo. Pero habla en inglés, que es, según parece, el idioma natural de la Cruz de Cabezuela. Es de esperar que allí, al menos, se cumpla el 25% de castellano si lo permite Aragonés, que dice tener un pacto sonrojante (otro más) con el presidente del Gobierno. El PRC se ha acostumbrado a la vista gorda porque cree que engorda.

La vista gorda
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