domingo. 14.04.2024

Él es vuestro pastor, nada os falta

Para mantener una entrevista con el lobo lo primero que hay que hacer es aprender a aullar, lo mismo que para entrevistarse con el vampiro hay que hacer un curso acelerado de chupar sangre

El pastor subió a una cotera cercana y se dirigió a sus ovejas. Ellas, deslanadas, cariacontecidas y con las orejas en horizontal, como manetas de una moto, escucharon al líder cambiante en su penúltima ciaboga: en adelante, lo dicho hasta ahora no sirve; lo que vale, y se impondrá por ley, es justamente lo contrario. La oveja negra arrugó el hocico y levantó las patas delanteras para protestar, pero fue afeada y reprimida por el balido general, que resultó tan fuerte, tan estruendoso que pareció un inmenso rebuzno.

Dicen que el pastor (para unos farsante, para otros indecente, para muchos felón, y traidor siempre a la colectividad ajena a la masa lanar) atravesó montañas y ríos, valles y vaguadas para reunirse con el lobo. Para mantener una entrevista con el lobo lo primero que hay que hacer es aprender a aullar, lo mismo que para entrevistarse con el vampiro hay que hacer un curso acelerado de chupar sangre. Así que el pastor aulló, rindió y humilló la cerviz, y aceptó zamparse a Caperucita Constitución.

El cánido ultrapirenaico ejerció como lupus dominante en la reunión. Y lo primero que hizo fue mostrar el tamaño y el filo de sus colmillos, a lo que el pastor respondió hincando la rodilla para que aquél entendiera que la pleitesía lo es por derecho y rima con cobardía. Para entonces, la pituitaria de la bestia ya había identificado que su interlocutor, al ver aquellos ojos hueros, se había ido de vareta.

En posición de supremacista, el lobo  hizo ver al líder del establo que el nuevo escenario le pertenece porque sólo él puede crearlo y destrozarlo como si fuera un dios del páramo, porque únicamente el canis lupus, como el diablo, puede perder el rabo pero jamás las costumbres. Si fuera contrariado, lo volvería a hacer; y el pastor, a tragar para seguir un tiempo más con el palo de mando y el zurrón. Las ovejas asintieron, con Caperucita ya inerte, ante el nuevo orden de pastos y cuadras. La negra tomó camino de Lusitania: menos mal que nos queda Portugal, donde los pastores incluso dimiten.

Él es vuestro pastor, nada os falta
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