jueves. 18.04.2024

Decretos por el careto

El presidente de España está preso del chiste del dentista. Se lo cuentan todos los días y no acierta más que a reír con las carcajadillas flojas de quien desconoce qué es lo que sucederá a continuación

El circo de los decretos aprobados la semana pasada en el Congreso (uno decayó) fue grotesco. ¡Qué circo! Con perdón a los profesionales del Price que se ganan la vida honradamente, y no esta purrela de farsantes que lucen acta de diputado y desconocen cuál es la raíz perimetral de su testa. Si Sánchez fuera vasco, que le gustaría, llevaría la txapela por dentro, alrededor del cerebro como boina interior protectora. Por donde le diga Bildu, como si debe bailar al son del txistu, y por donde mande y ordene Junts, como si tiene que colgarse de las orejas un par de butifarras, bailar una sardana y cantarle a Nogueras una nana. Sin embargo, la culpa de todo la tiene el PP, contra el que levantan un muro antifascista, pero al que piden sopitas para aprobar ciertas normas y para ello no les da empacho hacer un agujero en ese muro. Lo cierto es que Sánchez se encumbró a la presidencia mediante un acuerdo de investidura con infinidad de grupúsculos, nunca de gobierno o legislatura. Así que cada vez que quiere aprobar algo ha de consensuarlo con el camarote de los Hermanos Marx y ceder lo que no debe y tampoco puede. Veremos, a ese respecto, cómo falla la justicia si es que la hay.

Han hecho una ingeniería de la patraña tan buena que daría para otro libro de Sánchez. Y una tesis, ahora sí, en condiciones: rococó

El presidente de España está preso del chiste del dentista. Se lo cuentan todos los días y no acierta más que a reír con las carcajadillas flojas de quien desconoce qué es lo que sucederá a continuación. Se lo acaba de decir Turull: si no hay referéndum de autodeterminación de Cataluña, “colorín colorado”, este cuento se ha acabado. Y nunca mejor dicho, porque la legislatura recién comenzada es un cuento negro, insolidario, demencial, indecente e inconsecuente con cualquier gestión para la mayoría. Amnistía a la carta, por lo tanto desigualdad, desarrollo autonómico asimétrico, progreso de varias velocidades, consultas secesionistas en el horizonte y mentiras, una detrás de otra, de tal manera que se vayan sedimentando para que prevalezca la última y se olviden las demás. Han hecho una ingeniería de la patraña tan buena que daría para otro libro de Sánchez. Y una tesis, ahora sí, en condiciones: rococó.

Decretos por el careto
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