martes. 23.04.2024

Cuarto y mitad de vivienda

El paradigma del progresismo ha mutado: es un juego de palabras, una marca, una cuestión de fe democrática, una milonga de baile suave con la ‘claque’ y esguinces abruptos para el capital.

La vivienda, Doñana y Primo de Rivera han entrado en campaña. El Gobierno va a construir decenas de miles de pisos, promete en un vermú lo que no hizo durante cinco años y decide ocuparse de la problemática sin 'okuparse' de toda la problemática. El paradigma del progresismo ha mutado: es un juego de palabras, una marca, una cuestión de fe democrática, una milonga de baile suave con la ‘claque’ y esguinces abruptos para el capital. La diferencia entre poderosos y ciudadanos de suela gastada marcará los nuevos tiempos, como si los primeros no lo fueran (ciudadanos) y jamás hubiesen hecho nada por mejorar la vida y el verdadero progreso de los segundos. Todo vendrá y devendrá del Gobierno, del Estado, al que también le sobra su primera cabeza, aunque sea la más lúcida, esbelta y dialogante.

Todo para el pueblo, pero sin el pueblo, absorto en la música y preso de la letra

Todo para el pueblo, pero sin el pueblo, absorto en la música y preso de la letra. ¡Viviendas! ¿Por qué no un millón? Puestos a dar... Rifa de leyes en favor del viandante común con el aval de jetas de mármol, normas asentadas en quienes no creen ni en España ni en su Constitución. Cuarto y mitad de ley, y si la cosa se pone chunga, ¡decretos a granel! Un surtido de palmípedas de Doñana y una fosa abierta al sol, un asunto de ley y memoria democrática, de gran enjundia y atractivo para los jóvenes, que ya habrán aprendido en las redes, o quizá en algún libro 'detesto',  que Primo de Rivera, a quien la mayoría desconoce, procede de una parentela de toreros.

Tras los indultos del Procés, leyes (algunas con resultados indecentes, como la del Sí es Sí). Tras la retirada del delito de sedición, leyes. Tras el azucarado de la malversación, leyes. Leyes para mejorar la vida de la plebe, leyes mampara en realidad para tapar lo que está detrás. Pero Sánchez tiene encuestas que relee en su mesita del Falcon y que le dicen que la distancia entre bloques se acorta u otras ciscadas donde ya arrasa directamente. No tiene por qué cambiar ni ir al Cervantes a pelearse con los molinos que se habría encontrado en la puerta.

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