jueves 21/10/21

Cantabria en Expaña

En este nuevo orden cuya probeta está en Cataluña hay regiones que no solo quedarían al pairo, sino que ya lo están. Es el caso de Cantabria, que, como dije hace poco, va por ahí con la boca pequeñita y las obras sin hacer por mor de un acuerdo con los subalternos de Sánchez en la comunidad autónoma.

Nadie nos ha explicado aún qué papel jugará Cantabria en la nueva España (en adelante Expaña). Si el sentido común y la política de altura no lo remedian, Expaña será lo que ahora conocemos como España más la nueva Cataluña (república o lo que sea), más el nuevo País Vasco (Ortúzar, patrón peneuvista que manda más que Urkullu, ya ha dicho que Euskadi también aspira a ser nación –independentismo power-), más aquellas comunidades que se añadan a esa partida (¿Baleares, Valencia, Galicia?).

Han hecho de la política su profesión y pretenden que la gente de bien, el currela de las seis de la mañana, se asome al barranco y se lance

En algunas todavía regiones no se lleva ser español (se ha puesto de moda el expañol) porque un grupúsculo de políticos que llevan viviendo toda la puñetera vida de la cosa pública, y del sistema nacional, han decidido dejar el convento y ciscarse dentro. Jamás tuvieron una empresa, jamás pagaron la seguridad social por su cuenta, jamás fueron autónomos, jamás cogieron una azada, jamás empataron con nadie: han hecho de la política su profesión y pretenden que la gente de bien, el currela de las seis de la mañana, se asome al barranco y se lance. Luego ya van ellos. O no. Porque cualquiera sabe.

En este nuevo orden cuya probeta está en Cataluña hay regiones que no solo quedarían al pairo, sino que ya lo están. Es el caso de Cantabria, que, como dije hace poco, va por ahí con la boca pequeñita y las obras sin hacer por mor de un acuerdo con los subalternos de Sánchez en la comunidad autónoma. No tenemos nada de lo prometido –solo buenas palabras que se las lleva el viento–, los grandes proyectos de progreso y futuro están estancados o por hacer y ahí sigue la parte del Gobierno que podría rescatarnos jugando la partida con los tahúres de Moncloa. Revilla, listo y sagaz tantas veces, no se ha dado cuenta de que quien tiene enfrente, quien le lanza las fichas como quien tira alpiste a los pájaros, es en realidad un robot, un farsante. El auténtico Sánchez desliza sus naipes en la juerga catalana. Y ahí, para Cantabria, sólo se reparte hez, sal y vinagre. Urge una patada al tablero con una albarca de las de antes.

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