sábado 4/12/21

El significado de las Obras Públicas y la huella ecológica

Podríamos dar la Vuelta a España para identificar ejemplos históricos en forma de pantanos, mausoleos, plazas y monumentos o los más recientes de aeropuertos sin aviones, autovías sin coches o ferrocarriles supersónicos; pero nos podría bastar recorrer Cantabria en los tiempos más recientes para comprobar la contaminación que hemos sufrido.

Desde los más remotos tiempos –ya fueran dólmenes, pirámides, arcos de triunfo, calzadas, puentes, tumbas, estatuas, edificios oficiales o puramente residenciales....– las obras públicas, en su sentido más amplio y fueran quienes fuesen sus patrocinadores, se hicieron susceptibles, más allá de su funcionalidad o conmemoración precisas, de todo tipo de manipulaciones propagandísticas al servicio de los gobiernos que les autorizaban o financiaban. Un objetivo que no ha dejado de perseguirse por parte de las políticas prioritarias de toda clase de gobiernos locales, autonómicos, nacionales e internacionales con proyectos e inversiones en obras públicas de una gran diversidad que, en sus pretendidas finalidades concretas o respuestas a necesidades sociales, no han podido o querido ocultar sus dimensiones puramente propagandísticas, revestidas de los seductores discursos para los supuestos beneficiarios o futuros electores y reclutas de sus acciones de gobierno. Estrategia de autoafirmación política que se ha acompañado, con mucha frecuencia, del derroche de los dineros públicos y los decorados habituales de inauguraciones, fanfarrias y comitivas oficiales, señalizaciones o expresiones pseudoartísticas para mantener en la memoria de usuarios o simples observadores el buen hacer de sus patrocinadores o artífices. Un proceder reafirmado –antes, durante y después de las realizaciones concretas– con el despliegue habitual de Memorias, Anteproyectos, Concursos, Subastas o Adjudicaciones para dar cobertura a las obras o actuaciones que van a acometerse, independientemente de la oportunidad de la coyuntura o localización.

Paisajes de puentes, riberas, fuentes, molinos..., siguen siendo ignorados o degradados por muchas Leyes del Suelo, de Carreteras, Planes de Ordenación Territorial o de Ordenación del Litoral

Podríamos dar la Vuelta a España para identificar ejemplos históricos en forma de pantanos, mausoleos, plazas y monumentos o los más recientes de aeropuertos sin aviones, autovías sin coches o ferrocarriles supersónicos; pero nos podría bastar recorrer Cantabria en los tiempos más recientes para comprobar la contaminación que hemos sufrido –y, sobre todo, el despilfarro de dinero– con el empeño en favorecer la circulación motorizada mediante "mejoras y atractivos" de carreteras con puentes nuevos, paredes potemkin, biondas y señales, áreas recreativas o de descanso para hambrientos y fatigados turistas; o con infraestructuras deportivas y de entretenimiento de campos de hierba artificial, acogedores pabellones, puertos de recreo, pérgolas, mobiliario urbano o itinerarios didácticos para valorar a calidad y los trastornos de las cuencas visuales que se han ido creando. Todo ello, al margen de la restauración o protección de los testimonios relevantes de las culturas viarias tradicionales o el Patrimonio que ha resistido estas modernizaciones de última hora y donde paisajes y micropaisajes de puentes, riberas, arboledas, fuentes, molinos, canales, setos, cierres, pretiles..., siguen siendo ignorados o degradados por muchas Leyes del Suelo, de Carreteras –con sus tramos de especial protección– o del Paisaje, Planes de Ordenación Territorial o de Ordenación del Litoral, que se hayan promulgado con el agravante de haberse ignorado la aplicación ambiciosa y exigente de las evaluaciones de impacto ambiental en la búsqueda de la síntesis más eficaz entre la obra pública y el patrimonio histórico y cultural en donde se inserta.

Solo hay que ir, por ejemplo, a los nuevos escenarios de los puentes sobre el Saja a Monte Aa en Ruente con su estridente diseño o el ya irreversible y contrario, entre otras cosas, al proyecto, plazos y presupuesto inicial, entre Virgen y Villanueva de la Peña con la blasfemia añadida sobre el Santuario y la demolición del viejo en perfecto estado y renunciando a  vuelos laterales, demás de rematar valiosos y diáfanos horizontes de márgenes y bosques de galería, machacados con los encauzamientos salvajes y pendientes de ser rematados con las proyectadas "motas" y hasta con uno nuevo en Sta Lucía sin una rehabilitación integral de toda la cuenca fluvial que incluyese las cabeceras y cursos de arroyos y afluentes en laderas y pendientes con una reforestación generalizada de especies autóctonas; y sin considerar, por otro lado, los graves problemas para la seguridad vial que van a agravarse en las travesías urbanas de Villanueva, Mazcuerras y Cos o en las numerosas intersecciones de caminos rurales y mieses, expuestas, por otro lado, a los fenómenos de especulación urbanística con las recalificaciones de suelo rústico que se avecinan para culminar la nefasta huella ecológica que, finalmente, quedará como herencia. Y no olvidemos, también, la urgente necesidad de dosificar los presupuestos autonómicos de las Consejerías de Obras Públicas o de Industria y Turismo, y el mayor control de los repartos de la Consejería de Desarrollo Rural, focos persistentes de los clientelismos más detestables y de continuos impactos ambientales –y que deberían vigilarse estrechamente en su protagonismo sobre el destino de los Fondos Eurpeos–, para mejorar las dotaciones de las Consejerías de Sanidad –sobre todo en geriatría y Atención Primaria–, Servicios Sociales y Educación o la reconversión ecológica de procesos productivos en actividades agroganaderas, industriales o de los propios diseños de infraestructuras y servicios impulsados por Administraciones públicas y empresas privadas o iniciativas particulares en los núcleos urbanos o en las áreas rurales y naturales.

El significado de las Obras Públicas y la huella ecológica
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