domingo. 14.04.2024

El decrecimiento y el despilfarro del dinero público

Existen, también, nuevos retos que apenas son objeto de la atención que merece su incidencia en la calidad del consumo y la salud humana como son los relativos al apoyo a los transportes públicos

Hay una nefasta costumbre en la utilización del lenguaje que consiste en pervertir el significado original de los términos utilizados o confundir deliberadamente su trascendencia, algo que ocurre, por ejemplo, en la identificación de cantidad con calidad o el crecimiento, así sin más, con el desarrollo sostenible. Perversiones semánticas  en las declaraciones institucionales y presupuestarias de variado signo estatal, autonómico o municipal, y, en particular, en la cuantificación habitual de las consignaciones y licitaciones de obras públicas por muy innecesarias o despilfarradoras que puedan ser.

Por todo ello, resulta escandaloso gastarse 500 millones de euros en la carretera Reinosa-Potes, 50 en el viaducto entre Suances y Requejada, o 10 en el nuevo puente de Santa Lucía sobre el Saja, dentro de la fiebre de red viaria –y de una Ley de Carreteras que deja al margen el tratamiento específico del Patrimonio menor y sus valores etnográficos– o de los enmotamientos de los ecosistemas fluviales desde el Brazomar, Agüera y Asón hasta el Escudo, Saja, Nansa y Deva, mientras afluentes, arroyos, regatos, fuentes, manantiales y llanuras de inundación son objeto de toda clase de procesos de ocupación y degradación con la colaboración económica y técnica de las Confederación Hidrográficas y la Demarcación de Costas.

El decrecimiento debe ser objetivo principal en los programas de inversión pública al margen del empeño en el "crecimiento sostenible"

Y sin olvidar los 300.000 € del derribo del antiguo puente entre Virgen y Villanueva de la Peña –en vez de mantenerlo para estancia o contemplación del propio río, de la ermita o del prodigioso diseño aguas arriba de péndolas y cableados–, sumando los puentes sobre el Ceceja en Riaño y Herrera de Ibio, y pendientes las "mejoras" sobre el Pulero, la demolición del puente de Meca o la ampliación de puentes en Barcenillas, el Rubial, Palombera, Covaldrid, La Punvieja, Bárcena Mayor, la invasión del Parque Saja-Besaya...., o los derribos en las travesías urbanas de Cabezón de la Sal, Carrejo, Mazcuerras y Cos para "facilitar"  la circulación de vehículos, incluyendo proyectos tan disparatados ­como son los "arreglos" y ampliaciones de las conexiones entre Ucieda, Tordias, El Moral y Los Llares con ­sus variantes a Pujayo y Bárcena Mayor, entre los valles del Pas y el Pisueña, el alto Asón y el Miera o entre Tajahierrro, Sejos, Uznayo y Polaciones, amén de los teleféricos y tirolinas previstos por las líneas de cumbres de la cordillera, las sierras intermedias y las alineaciones costeras en torno a Unquera, S. V. de la Barquera, Oyambre, el Monte Corona, Alfoz de Lloredo, Somo-Loredo el cabo de Ajo, las bahías de Santander, Santoña y Oriñón, y los montes de Cerredo y Candina en el extremo oriental que cuentan ya con los estudios pertinentes, la ceguera, el reparto clientelar, y el trabajo febril de las distintas Consejerías del Gobierno de Cantabria y Ayuntamientos.

Todo ello sin el más mínimo sentido de las prioridades o el reparto de los recursos disponibles, la inversión en otros sectores –la sanidad, la educación, la vivienda, las pensiones, la restauración del Patrimonio Natural y Cultural...– o las actuaciones más decididas en la lucha contra el cambio climético, en el uso selectivo de los vehículos a motor y la búsqueda de la descarbonización en la producción y las tecnologías o  en el ahorro y la eficiencia energéticas, la generalización de los carriles-bici, la mejora de servicios, frecuencias e infraestructuras ferroviarias, y las exenciones fiscales en investigaciones y adaptaciones ecológicas considerando que el decrecimiento debe ser objetivo principal en los programas de inversión pública al margen del empeño en el "crecimiento sostenible" y el consumismo indiscriminado al que hay que sumar las disposiciones territoriales y urbanísticas para favorecer la invasión de los suelos rústicos y los impactos ambientales y sobre el paisaje.

Existen, también, nuevos retos que apenas son objeto de la atención que merece su incidencia en la calidad del consumo y la salud humana como son los relativos al apoyo a los transportes públicos, a la recogida selectiva de basuras y al contral de la invasión del  plástico en las cadenas de producción en alimentos y otros sectores sin medidas para combatirlo en programas de educación ambiental específicos en los sistemas escolares o en las normativas obligadas en industrias o cadenas de distribución para acabar con "usar y tirar" o con el olvido y la marginación del principio de las 5 Erres para Reemplazar los productos más contaminantes, Reducir el consumo, Reutilizar, Reciclar,y Recuperar como contribución imprescindible para aliviar la presión sobre los recursos disponibles y limitados que todavía existen sobre esta Tierra cada vez más agotada y machacada por los defensores del crecimiento sin límites en la supuesta mejora o superación de los niveles de vida.

El decrecimiento y el despilfarro del dinero público
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