viernes 27/5/22

Un naufragio llamado Libertad

Por primera vez en el Partido Popular, aunque fuera para cargarse a Isabel, alguien denuncia un caso de corrupción y este es fulminado.

Era público y notorio que el todavía presidente del Partido Popular, Pablo Casado, no es un lumbreras y que no se ha caracterizado por “ir con las luces largas” durante la conducción de su partido durante estos años al volante. Es más, ha sido una persona poco hábil para gestionar su papel de líder de la oposición no sabiendo aprovechar todas las oportunidades que se le han dado para demostrar que podía llegar a ser una alternativa de gobierno para la nación. Yendo en segunda posición nunca ha mirado hacia adelante recogiendo el guante del Gobierno de España y del principal partido suelo sustenta, el Partido Socialista Obrero Español, o aprovechando las debilidades del Gobierno, para mostrarse fuerte, eficaz y solvente frente al electorado; miraba por el retrovisor preocupándose de la ultraderecha.

Pero bueno, que haya demostrado una inutilidad supina como líder de la oposición no quita que le hayan defenestrado de su partido de manera más cruel y rastrera que se puede ver en política. Desde el principio hemos visto que el poder orgánico que sustentaba Pablo estaba íntimamente ligado al mantenimiento de ciertos lazos de amistad con determinados “barones”. Aunque en el momento de establecer estrategias y limites entre los territorios y la Dirección Nacional se encontró con Isabel Díaz Ayuso, la quintaesencia de todos los populismos, quien gobierna en la Comunidad de Madrid por abrazar sin reservas ni tapujos a los nostálgicos del blanco y negro, algo completamente legítimo pero con elevados costes democráticos para la sociedad.

Teniendo estas mimbres, no hace falta ser muy avispado para darse cuenta de que Pablo Casado no iba a llegar a ser Presidente del Gobierno porque únicamente ha cosechado los apoyos de los suyos y el rechazo de todos los demás. Se ha caracterizado por ser un líder de la oposición irrespetuoso e irresponsable dando la sensación que de la misma forma ha dirigido su partido.

Sólo se le ocurre a él, en un golpe de honradez denunciar y cuestionar a la todo poderosa, sin todavía poder orgánico, Isabel Díaz Ayuso acusando a la administración que ella dirige de dar contratos a dedo a una empresa que pagaba comisiones al hermano de esta. Vamos, que que por primera vez en el Partido Popular, aunque fuera para cargarse a Isabel, alguien denuncia un caso de corrupción y este es fulminado.

Quienes le rindieron sumisión y pleitesía le han traicionado por subirse a la nueva ola del Partido Popular. Pero vamos, que no sé quién quiere estar en la ola de tener a la ultraderecha soplándote el cogote y teniendo que tragar metiéndolos en gobiernos porque no eres capaz de llegar a acuerdos con nadie más. Quien siembra odio, recoge rechazo.

"Por primera vez en el Partido Popular, aunque fuera para cargarse a Isabel, alguien denuncia un caso de corrupción y este es fulminado"

Quienes un día se deshacían en elogios hacia él ahora le dan la espalda, y tienen la desvergüenza de aplaudirle en la que previsiblemente era su última intervención en una sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados. Tres personas fieles y leales que entienden que actuó de forma correcta le han seguido. Desconozco cómo funciona la lealtad en el Partido Popular pero desde fuera y en la vida, la lealtad conlleva siempre y en todo caso respeto pero el escarnio y la humillación a la que han sometido y seguirán haciendo sufrir a Pablo Casado demuestra más de ellos que de el propio Pablo.

Quien tome las riendas del Partido Popular, por muy moderado que sea, tiene dos opciones. La primera de ellas es continuar con la misma estrategia de acoso y derribo al Gobierno, sin propuestas ni voluntad de diálogo o, la segunda coger el volante del partido, poner las luces largas e intentar demostrase a ellos mismos y a los electores que tienen un proyecto y una forma de ver la política diferente de con quiénes se han aliado y les tienen acorralados. 

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