lunes. 15.08.2022

8 de marzo: porque muchas fueron las que lucharon por nuestro futuro, y nosotras lo haremos por las que vendrán

Según el artículo 2 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, todas las personas tienen los mismos derechos y libertades, sin hacer distinción por cuestión de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Esto también viene recogido en el artículo 14 de la Constitución Española.

Las mujeres de hoy no hemos olvidado lo que es luchar por nuestros derechos

Es indudable la importancia de estos reconocimientos, los cuales no llegaron llovidos del cielo, sino que han sido consecuencia directa de siglos de lucha de mujeres que, en demasiados casos, pagaron con su vida su defensa de la igualdad frente a un sistema patriarcal enrocado en sus injustos privilegios. El machismo como tradición a defender a ultranza.

Las mujeres de hoy no hemos olvidado lo que es luchar por nuestros derechos, porque a pesar de la existencia del derecho a la no discriminación por razón de sexo, la realidad es que queda bastante camino por recorrer, haciendo necesario que nos empoderemos para alcanzar la igualdad real en el día a día, en los diferentes ámbitos de la vida. La lucha aún no ha terminado.

En efecto, este empoderamiento femenino no es fruto de una moda o de un capricho generacional, ya que lleva fraguándose mucho tiempo. Durante siglos ha habido mujeres que se enfrentaban al patriarcado dramáticamente solas, al no existir aún un movimiento organizado. El movimiento feminista se inició a finales del siglo XVIII, aunque las primeras manifestaciones y protestas por los derechos de las mujeres datan de mediados del XIX.

A lo largo del pasado siglo, el movimiento reivindicativo de la mujer comenzó a ganar fuerza, pero ha sido en el siglo XXI cuando el feminismo ha adquirido una mayor capacidad a la hora de influir en la agenda política, logrando que la lucha de las mujeres por conseguir la igualdad real se haya hecho más visible.

El 8M, “Día Internacional de la Mujer”, nos invita a recordar que la igualdad efectiva entre mujeres y hombres aún no está conseguida, y que queda camino por recorrer.

Muchas fueron las que lucharon por nuestro futuro, y nosotras lo haremos por las que vendrán.

El futuro exige que haya igualdad entre mujeres y hombres. Todos y todas debemos tener los mismos derechos, los mismos beneficios y las mismas oportunidades. La ausencia de toda discriminación por razón de género, orientación sexual, etnia o cualquier otra circunstancia, tiene que ser el eje central de nuestra sociedad.

El feminismo no solo afecta a las mujeres. Gracias a las políticas feministas, por ejemplo, los hombres en nuestro país han visto mejorar su vida, ya que ahora pueden disfrutar de 16 semanas de permiso de paternidad y estar presentes desde el principio en el cuidado de sus hijos e hijas. Porque la igualdad tenemos que vivirla desde la cuna.

El feminismo es para todas y todos porque plantea un modelo de vida en el que mujeres y hombres accedan a los mismos derechos en igualdad, y porque propone un modelo de sociedad y de país más sostenible y más conectado con las necesidades cotidianas de las personas, cambiando la vida de manera individual, pero también de manera colectiva.

El feminismo libera al hombre de los roles machistas que se les han venido imponiendo desde pequeños (los niños no lloran, no se emocionan, no empatizan…), porque todas y todos debemos vivir vidas plenas sin estereotipos que nos opriman.

Tenemos que ver el feminismo como una herramienta de transformación del país que nos hace mejores, más iguales y más libres.

En esta legislatura, las políticas públicas impulsadas desde el Ministerio de Igualdad están siendo claves, centrándose en la protección frente a todas las violencias machistas, en la defensa de la libertad sexual y reproductiva, en los derechos LGTBI y en la corresponsabilidad, y dirigiéndose a todas las personas, a toda la sociedad, y eso incluye también a los hombres.

Las reivindicaciones del 8M son una cuestión de Estado, poniendo encima de la mesa una agenda de transformaciones profundas. Son transformaciones en lo político y en lo social, pero también en lo cultural y en lo económico.

La igualdad debe situarse como eje real de todas las políticas: igual salario, igual reparto de las tareas, igual reparto de los permisos…

Es innegable que la lucha no se puede dar únicamente en los despachos o en el marco de grandes acuerdos. En el terreno cotidiano no cuesta encontrarnos con actitudes que son objetivamente machistas. Atrincherarse en una perpetua negación a que exista igualdad real entre ambos sexos resulta, cada día, más anacrónico.

Si alguien, en su ámbito personal, se opone con hechos a que esa igualdad se logre, quizá debería responderse a una sencilla pregunta: ¿por qué?

8 de marzo: porque muchas fueron las que lucharon por nuestro futuro, y nosotras lo...
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