jueves 28/10/21

Los Jueces, Mas, la independencia e imparcialidad

La sociedad da a quienes nos juzgan un estatus de independencia, solvencia económica, privilegios sociales ante los demás ciudadanos. Uno espera que cuando necesita recurrir a la misma pueda ser juzgado con imparcialidad, y validar sus derechos.

Estos días en los que el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya y el CGPJ consideran un "ataque a la independencia judicial" las concentraciones ante el Palau de Justicia, dicen que las protestas pretenden "influir" en la toma de decisiones de los jueces.

La Fiscalía también manifestaba que “estos comportamientos son todavía más censurables cuando provienen de cargos públicos que tienen un deber reforzado de respetar el sistema democrático de división de poderes”. Quizás ahora tengan incluso más razones, cuando el propio Presidente de la Generalitat, Artur Mas, habla sobre el desacato a la posible sentencia.

Estas situaciones hacen reflexionar, no parece la más estética posible ver a consejeros, entre ellos el de Justicia, o la Presidenta del Parlament, altos cargos y más de 400 alcaldes, vara de mando en ristre, protestando ante los jueces. No se lo ponemos nada fácil a los jueces. Ahora bien, uno puede compartir el malestar que pueden tener los representantes de la justicia, pero también hay otros comportamientos que deberían ser denunciados para ser más ecuánimes. Se deberían denunciar ciertas llamadas desde "el poder" a los jueces con la confianza que da el haberles propuesto, y apoyado. No recuerdo al TSJV, ni al CGPJ, denunciando la actitud de los que acompañaban a Camps y sus famosos trajes ante la Justicia, ni a los que acompañaron a García Albiol, ni los representantes políticos que acompañaron a la cárcel a condenados por la justicia...

Siempre hemos escuchado en la facultad de derecho que los jueces hablan por sus sentencias, autos, resoluciones,... pero actualmente uno puede ver algún juez que a través de su blog, web... habla de lo divino y de lo humano, están en su derecho y dentro de su libertad de expresión, eso no sería problema, si no hablarán también de situaciones que posteriormente tienen que juzgar, y sobre todo, tanto defender la separación de poderes para luego dedicarse a hacer de legisladores. En 2014 un total de 33 jueces catalanes que firmaron un manifiesto "proconsulta del derecho a decidir", y que están siendo investigados por el servicio de Inspección del Consejo General del Poder Judicial. Por no hablar de los jueces que pasan por la política y ocupan altos cargos y luego vuelven a sus puestos, que puede ser legal, pero hay veces que tampoco es muy estético, nos podemos acordar de algún juez estrella, que acabó como el rosario...

Cuando un representante político anuncia antes que el propio Fiscal actuaciones de la justicia contra un Presidente de una Comunidad, a uno le viene a la memoria las declaraciones de Alicia Sánchez Camacho, es extraño que no hubiera quejas desde esos estamentos de la justicia por una actuación tan inadecuada, por usar un eufemismo. Es recordada la dimisión del Fiscal General del Estado, Cándido Conde-Púmpido, que en la memoria popular siempre ha quedado como el pago que tuvo que hacer por la actuación de la Fiscalía en Cataluña ante el "simulacro de referéndum". Aquí algunos están en el debate "qué fue antes, el huevo o la gallina", sí la legitimidad la dan los ciudadanos con su voto, o el respeto a la legalidad vigente, como si fueran incompatibles.

Con todo este lío, me venía a la memoria una noticia que leía hace ya un tiempo,  que me dejó perplejo. Hacía referencia a que encarcelaban a 16 jueces por su relación con "la cosa nostra"; más cerca de nosotros recordamos los casos del juez Estevill, miembro del CGPJ, que atemorizó a empresarios y banqueros aprovechando su condición de juez. Javier Gómez de Liaño, que fue condenado a 15 años de inhabilitación en 1999. Baltasar Garzón fue condenado a 11 años de inhabilitación por prevaricación en febrero 2012. El juez Elpidio Silva ha sido condenado a 17,5 años de inhabilitación por delito de prevaricación en octubre 2015...

Es verdad que al final los jueces son hombres sin más, que sufren, padecen y tienen las mismas debilidades que los demás humanos. Por ello, sería tremendamente injusto juzgar a todos por la actuación de unos pocos, pero sí es cierto que en la sociedad hay una sensación de desconfianza ante quienes nos juzgan. Desde aquello que dijo el Rey "padre", "que todos somos iguales ante la ley", recitando el artículo 14 de nuestra Constitución, que puede tener razón desde punto de vista formal, pero todos sabemos que muchas veces tu futuro procesal depende más de los medios y apoyos que tengas para defenderte, que la propia realidad de tus actuaciones.

Todos necesitamos tener instituciones en las que confiar, y decir que la justicia es algo fundamental, el pilar básico en todo estado de derecho, es una obviedad. Por ello, cuando su imagen se nos rompe, se nos cae haciéndose añicos, estamos ante una situación muy preocupante para todos los ciudadanos. Posiblemente, como casi todo en la vida, no haya una sola causa para este descrédito de la justicia, son una mezcla de muchos factores, de intereses, situaciones e incluso presiones. Desde luego, la situación que describimos de presiones políticas, amiguismos y corrupción no ayudan a facilitar el trabajo de los jueces, ni a mejorar su imagen. Si los primeros que dudan de la imparcialidad de los jueces, son los representantes públicos que se les supone una mayor información, cómo no vamos a dudar los demás.

Hay que reconocer que juzgar no es fácil, así ante cualquier procedimiento hay dos partes que por lo general están convencidas de tener el mejor derecho, esto es, la razón. Por lo cual, es muy difícil que las dos queden contentas. Ahora bien, si uno tiene la mala suerte que la parte contraria sea una Administración Pública, entonces le acompaño en el sentimiento. Incluso cuando le dan la razón, puede acabar igual que si le hubieran condenado. Esto nos ha pasado a cientos de familias en Cantabria, donde la justicia ha condenado a las Administraciones Públicas y sin embargo la pena  y el sufrimiento los pagamos ciudadanos inocentes a los que nos quieren derribar nuestras viviendas. Como presidente de la Asociación de Maltratados por la Administración -AMA-, he conocido muchos casos de familias con la vida destrozada,  las cornadas de las Administraciones, y las propias resoluciones judiciales, dejan tanto dolor como las de los "Miuras" y permanecen mucho más tiempo.

Cuando la justicia es injusta, cuando yerra, el perjudicado lo es doblemente, por perder su derecho y por quedar estigmatizado, ya que lo que dicen en una resolución judicial tiene no sólo la presunción de justa, sino la de ser cosa cierta. Es una desprotección terrible, el daño que hacen a los ciudadanos es simplemente atroz. La sociedad da a quienes nos juzgan un estatus de independencia, solvencia económica, privilegios sociales ante los demás ciudadanos. Uno espera que cuando necesita recurrir a la misma pueda ser juzgado con imparcialidad, y validar sus derechos.

Hoy hablar del descrédito del Tribunal Constitucional –TC- por la influencia y presiones que se ejerce sobre el mismo, es "vox populi". La forma de elecciones de este órgano, del Consejo General del Poder Judicial –CGPJ-, de los Tribunales Superiores de Justicia-TSJ-, e incluso sobre las actuaciones de la Fiscalía y la dependencia del Ejecutivo, nuestro modelo no parece encontrar el formato adecuado.

Nuestro sistema judicial tiene muchas imperfecciones, errores, como nuestra sociedad, que debemos poner de manifiesto para intentar mejorarlo. También hay que ir desmitificando a quien realiza esta labor, respetando y acatando las resoluciones judiciales, pero criticando todo aquello que puede ser incorrecto y pidiendo más humildad a quienes nos juzgan, que no están por encima del bien y mal, como muchas veces parece. El corporativismo dicen que sirve para esconder un problema, que luego produce cien.

Los jueces también necesitan la ayuda de la sociedad, y en el tema "Catalán" las posiciones políticas y la justicia se mezclan creando un puzzle difícil de resolver. Pero no nos rasguemos las vestiduras sólo por las actuaciones de los que no piensan como nosotros. El problema social es complejo, el judicial no lo es menos, pero si se pierde la confianza en la justicia cualquier solución será mucho más complicada.

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